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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Masculinidad y feminidad (apuntes).



LA MASCULINIDAD Y LA FEMINIDAD.



Cambios, funciones y masculinidad.
Históricamente, el hombre ha definido su masculinidad por medio de las diferentes funciones que ha desempeñado para sus familias y para la sociedad (trabajo, provisión económica, gobierno y dirección).
Hoy, los cambios culturales, sociales, creencias, laborales, etc., que han derivado del avance científico, el deterioro de las condiciones socio-económico-políticas, el abandono de los valores fundamentales de la vida humana, etc., han producido una crisis de identidad y de propósito en los hombres. No hay una definición clara de lo que es la hombría, la masculinidad y la paternidad, y tampoco de la feminidad y de la maternidad.
Algunos de estos cambios son, por ejemplo:
El movimiento para la igualdad de la mujer.
La incorporación gradualmente creciente de la mujer al campo educativo, profesional, laboral y gubernamental.
La independencia económica que están obteniendo las mujeres.
Ahora que estas funciones se encuentran en transición y las mujeres también las están ejerciendo:
Los hombres se han quedado sin fundamentos inconfundibles para definir de una manera clara y simple su masculinidad (y también la feminidad).
Todo esa indefinición también se manifiesta en la moda, los peinados, los maquillajes, etc., donde se producen una proliferación de lo unisex.
Frecuentemente los varones ya no se sienten necesitados, indispensables, para las mujeres.
Ante toda esa confusión y situación algunos:
Han reaccionado con ira y con enojo.
Han reafirmado o reforzado su dominio tradicional sobre las mujeres debido a que tienen miedo de perder el control.
Han reaccionado por medio de ser competitivos o por medio de aislarse.
Son dictatoriales o incluso, aún abusivos, con sus familias.
Han tratado de compensar el avance de la igualdad de las mujeres con restricciones muy severas en los estilos de vida y en las libertades con que éstas cuentan.
El impacto de esta confusión en las mujeres, las familias, las iglesias y la sociedad es aterrador:
Mujeres sufriendo la violencia de los hombres enojados.
Niños y niñas siendo víctimas del abuso y del resentimiento.
Deterioro social: delincuencia, pobreza, corrupción, inmoralidad, etc.


La crisis de identidad.
Los hombres tradicionalmente han definido su masculinidad por medio de sus funciones no de su propósito, lo cual en el pasado no ocasionaba ningún problema porque eran congruentes unas con otras. Sin embargo, ahora que algunas de esas funciones han sido asumidas por las mujeres, al no hacer una distinción entre ambas –propósito y funciones—y asimilarlas entre sí, ello ha conllevado una serie de implicaciones, como las siguientes:
Históricamente, los hombres y las mujeres establecieron funciones que no se contraponían las unas con las otras.
Hoy, las funciones que tradicionalmente desarrollaban los hombres y las mujeres no solo han cambiado, sino que se contraponen unas con otras.
Debido a eso, también las relaciones entre hombres y mujeres hoy son diferentes: las mujeres ya no tienen que depender de los hombres para su seguridad y su supervivencia.
Debido a los cambios de funciones y de las relaciones derivadas tradicionales, los hombres (y también las mujeres) han entrado en una crisis de identidad y de propósito.
Si una persona relaciona su identidad con sus funciones, entonces, cuando las funciones cambian, esa persona, ya no encuentra base alguna para definir su masculinidad y/o su feminidad.
Debido al papel fundamental asignado por Dios al hombre, esta crisis de identidad y de propósito está destruyendo (o comenzando a destruir) a las personas, los matrimonios, las familias, las iglesias y la sociedad en general.


El lugar del hombre-varón.
La creación del hombre en primer lugar determina su posición en el matrimonio, la familia, la iglesia y la nación: ser el responsable delante de Dios por ellos.
Implica que la clave para construir infraestructuras sociales fuertes y duraderas (matrimonios, familias, iglesias y naciones) es el hombre.
Y la cuestión de ser hombre es una cuestión de identidad y propósito, más que de funciones.
Cuando los hombres ignoran su verdadera identidad, esto afecta su vocación y su propia realización como hombres, y no solo ello sino que también afecta a la realización y vocación de sus familias y de la sociedad como un conjunto.
Esto se debe a que de la manera como anda el hombre, así también anda la familia, la sociedad y el mundo entero.


La base para la masculinidad (y/o la feminidad).
La identidad de una persona se encuentra en su propósito y no en sus funciones.
La identidad determina el propósito y derivado del propósito, al enfrentarse al ambiente para procurar su cumplimiento, se determinan las funciones.
Si el ambiente cambia, cambian las funciones.
El propósito central de los hombres (y las mujeres) trasciende más allá de la cultura y de las tradiciones.



La fuente de la identidad y el propósito.
El conocimiento de lo que significa ser un verdadero hombre no puede ser adquirido por medio de observar la cultura (con el agravante de que la de hoy está completamente confundida) (Prov 16:25).
El propósito de cualquier cosa solo se puede encontrar en la mente de su Creador y el ser humano en general, y el hombre en particular, no es la excepción.
La identidad del hombre (quién él es) deviene del propósito (aquello para lo que fue creado por Dios) y el propósito refuerza su identidad (Efe 2.10).


Principios sobre el propósito.
Dios es un Dios de propósitos: todo lo que Dios crea tiene un propósito.
El propósito de alguna cosa determina su naturaleza, su diseño y sus características.
Todo lo que Dios planea es intencional, tiene significado y tiene en sí mismo la garantía para tener éxito.
Y el hombre no es la excepción.
Como los hombres nos hemos separado de Dios y tomado nuestros propios caminos (Prov 16:25), no conocemos todos los propósitos de Dios para nosotros.
Cuando queremos descubrir el propósito de alguna cosa, nunca le preguntamos al producto, leemos el manual del fabricante.
Si no conocemos el propósito de nuestra vida solo estamos experimentando con ella (Prov 29:18).
Cuando no se conoce el propósito el abuso es inevitable (Ose 4:6).
Dios colocó nuestro propósito dentro de nosotros mismos; para poder “sacarlo” necesitamos la ayuda de la sabiduría y de la revelación de Dios (Efe 1:17-19).
Encontramos nuestro propósito solo en la mente de nuestro Creador (Jn 15:5).
El propósito de Dios es la clave para nuestra satisfacción y para nuestra completa realización.
Cuando acudimos a Dios El sabe como restaurar el tiempo que perdimos cuando no conocíamos nuestro propósito (Joe 2:25).



El propósito de Dios para el varón.
El propósito del varón fue escogido por Dios, y ello abarca su prioridad, su posición y la tarea.
La prioridad del varón significa que él fue formado primero a fin de ser el fundamento para la familia humana.
La posición del varón significa que él, como autoridad delegada de Dios (Rom 13:1) y responsable frente a El del ejercicio de esa autoridad (1 Ped 4.10), tiene que permanecer continuamente en la presencia de Dios; sin esto no puede funcionar en los propósitos de Dios.
Dios nunca tuvo la intención de remover a Adán del Jardín del Edén.
La intención de Dios era que el Jardín de Su presencia se moviera por toda la tierra.
Dios quería que el varón creciera en su habilidad de dominar por medio de aprender primeramente a gobernar el Jardín del Edén.
La tarea del varón incluye seis propósitos específicos que él tiene que cumplir: visionario, líder, maestro, cultivador, proveedor y protector.
Dios ha diseñado y equipado al varón para que pueda llevar a cabo cada propósito y cada tarea que le ha sido dada.
Darle nombre a algo implica hacerse responsable por ese algo.
Dios le permitió a Adán nombrar a Eva debido a que El quería que el hombre fuera completamente responsable por la mujer.
Es al varón quién ya está viviendo y trabajando en sus propósitos a quién Dios le dice que “no es bueno que el hombre esté solo. Haré una ayuda idónea para él” (Gen 2.18).
La mujer fue sacada del varón y fue hecha de la misma esencia del varón.
La mujer es la compañera que Dios le dio al varón: ella es la idea de Dios para el varón.
La mujer es el complemento perfecto del varón y es igualmente socia con el varón en los propósitos de Dios.
Los varones y las mujeres son de la misma esencia, pero con diferentes diseños, complementarios, para poder cumplir sus propósitos asignados por Dios.
La mujer es la ayuda idónea del varón: todo lo que existe en ella fue diseñado para ayudarlo.
El hombre es esencialmente un dador y la mujer es esencialmente una receptora.
El hombre fue creado para dar amor y la mujer fue creada para recibir amor.
Etc.
Tanto el varón como la mujer tienen dominio (Gen 1:27-28), sin embargo, debido a que tienen propósitos y diseños diferentes, su autoridad se manifiesta y se lleva en formas distintas.
Por el hecho de que una mujer sea mujer, ello no implica que es inferior al varón. Así como el hecho de que un varón sea varón, no implica que sea superior a la mujer.
Sus diferencias no indican superioridad ni inferioridad sino solo diferencias de propósito.


La mujer en el plan de Dios.
La mujer, igual que el varón, es idea de Dios (Gen 1:26-28, Gen 2:18, Gen 2:23-25)
La singularidad de la mujer, al igual que la del varón, es un reflejo de los propósitos de Dios y de Su diseño para ella.
La mujer, al igual que el varón, tiene un espíritu dentro de ella, que es de la misma esencia que el espíritu del varón (el Espíritu de Dios), que la hace un ser espiritual responsable y libre.
Cuando un varón (o alguna otra persona) no trata bien a una mujer (o a un varón), lo que ha hecho es que ha interferido con el Espíritu que está dentro de la mujer (o del varón); como es parte del Espíritu de Dios, Dios le resiste (1 Ped 3:7).
Como la mujer fue tomada del hombre, la mujer necesita estar conectada a su fuente de recursos, pero entendiendo que conectada no es lo mismo que humillada.
Así como Cristo es responsable por la Iglesia, el marido es responsable por la esposa.
La fuente de recursos es responsable por el producto.
La mujer fue hecha para todo lo que el varón tiene.
El varón es la cobertura (servicio y protección) de la mujer.
El esposo debería amar a su esposa como él se ama a sí mismo.
Los propósitos de Dios para con la mujer:
Mejoradora.
Reflectora: así como la Iglesia refleja a Cristo, así la mujer refleja al varón.
Fue hecha para ser objeto del amor del varón.
Fue hecha para reflejar el amor que él le da a ella.
Dadora y sustentadora de vida.
Consejera.



24 Mar 2016