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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Amor y autoridad (apuntes).



AMOR Y AUTORIDAD. Efe 5:21-33.



Uno de los elementos que constituyen la esencia de Dios es la Autoridad de Dios. Ella es absoluta (Rom 13:1), es Dios mismo. El Universo funciona por la Autoridad de Dios (el derecho de Dios de mandar, gobernar, determinar, hacer, etc.).

La relación entre Dios y el ser humano se origina en Dios y es una manifestación de Su Amor, que para ser plena, no puede pasar por alto Su Autoridad, de tal manera que Su amor por nosotros necesita tener de parte de nuestra, como respuesta, el reconocimiento, respeto, honra, de Su autoridad (Jn 14:21, 23).

Todo lo que Dios hace refleja Su autoridad. Para que el Universo funcione correctamente, El desde el principio no solo establece Su autoridad directa (Gen 1:1) sino que establece autoridades delegadas para reflejar Su autoridad en todos los ámbitos de la vida (Gen 1:26-28, Gen 2:15), y el matrimonio no es la excepción.

El estableció al esposo para que sea la autoridad (cabeza) para su esposa y sus hijos (Efe 5:23), y por tal razón no puede existir una relación plena, altamente satisfactoria a largo plazo, entre esposo y esposa a menos que Cristo sea la cabeza de ambos (“someteos unos a otros en el temor de Dios”, Efe 5:21), y que la autoridad funcione correctamente dentro del matrimonio: que Cristo sea la cabeza (señorío) del esposo y el esposo sea la cabeza de la mujer, entendiendo el modelo de cabeza como lo enseña la Escritura (Mar 10:42-45): una actitud de protección y servicio (modelo de la redención) contrario al modelo de la caída (enseñoramiento, Gen 3:16)..

Dos veces en este pasaje la Palabra dice: “mujeres, estén sujetas a sus maridos como al Señor. Ello implica la necesidad de que la mujer exprese respeto a su marido, que es la necesidad básica de él como varón. La sujeción de las mujeres a sus maridos necesita ser el resultado, no de las cualidades o acciones de los maridos hacia sus esposas, sino primariamente el resultado del amor de ellas hacia el Señor y del reconocimiento de que el Señor ha puesto sobre ellos Su autoridad delegada. 1 Jn 4:19 nos enseña una realidad muy importante, que nosotros nos sometemos a Jesús como iglesia porque El nos amó primero. Ello implica que la verdadera sujeción a la autoridad de Dios (y sus autoridades delegadas) es por amor, no por imposición.

En Efe 5:21-33 también tres veces se les dice a los esposos que amen a sus mujeres como parte del ejercicio de la autoridad que El les ha conferido, de la misma manera que El siendo la Autoridad por sobre toda autoridad, nos ama. Pero ese amor, primariamente (no podemos dar lo que no tenemos) deriva de haber sido amados por el Señor. En consecuencia, el verdadero amor de los esposos hacia las esposas no es el resultado de la imposición ni de las cualidades y/o acciones de ellas, sino de ser amadas por Dios así como lo son ellos. El amor hacia las esposas, además de ser el resultado del amor de Dios hacia ellas, es la expresión del reconocimiento de su necesidad básica como mujeres.

Si notamos bien, el que las mujeres se sujeten a sus maridos, y el que los maridos amen a sus mujeres, es el resultado del amor de Cristo por nosotros. Es solo en Cristo (muerte a nosotros mismos) que podemos amar y someternos verdaderamente. No es por cualidades u obras del otro (sería una recompensa o merecimiento) sino por el amor de Cristo expresado hacia cada uno de nosotros, y por la decisión de que Cristo sea el Señor de nuestra vida. Ello implica que aunque el otro no lo merezca o haga algo para que nosotros respondamos, igual respondemos por lo que Cristo ya hizo por nosotros (obediencia por amor).


Cristo el modelo de autoridad (para los varones) y de sujeción (para las mujeres.
Cristo: el modelo de autoridad (para los varones).
La mujer es más frágil o más débil que el varón, delicada, sensible y absorbente, vaso más frágil (1 Ped 3:7), necesita la protección del varón (autoridad).
Cristo: el modelo de sumisión (para las mujeres).
Como Cristo no es menos que Dios pero se sometió al Padre, y también a la autoridades delegadas (Juan el Bautista, Poncio Pilatos y Herodes, el Sumo Sacerdote, etc.).
Una mujer no es menos que su esposo, pero su posición es sujetarse.
La sumisión activa el cielo.
En la esfera espiritual, no hay diferencia entre los varones y las mujeres.
Pero en la física, emocional y espiritual necesita haber una relación adecuada de autoridad y sumisión.


Fundamentos de la autoridad en el matrimonio.
Mat 7.28-29: Jesús fue reconocido por parte del pueblo como una persona que tenía autoridad. Sin embargo, Jesús no tenía ninguna posición terrenal de autoridad. Entonces, ¿cuál era la base de su autoridad?
La calidad, conducta y carácter de Su vida, y Su unidad íntima con el Padre.
Así necesita ser toda autoridad (Mar 10:42-45).
Moisés jamás defendió su posición como profeta de Dios cuando se revelaban en su contra.
La Biblia no tiene ningún pasaje donde Jesús diga: “!Pueblo, escúchame, enderécense y hagan lo que les digo porque yo soy el Hijo de Dios!”
La base para el ejercicio de la autoridad no es la ley sino la gracia (morir en Cristo).
Efe 5:32.
Matrimonio: como la relación de Cristo con la iglesia.
Una relación en la que hay una autoridad y un seguidor.
La mujer siempre está buscando a una autoridad que la proteja y la cuide.
Por eso hay más mujeres en las iglesias.
Se sujetan sin ninguna presión.
1 Ped 3:7
La autoridad no se impone; la sumisión no se obliga.
La autoridad y la sumisión en niveles más allá del básico, se “ganan”.
Es vivir en una relación mutua de servicio, gracia, misericordia y perdón.
Es la misma base de la relación de Cristo con la iglesia (nosotros).
La relación de una persona con su cónyuge es, después de Cristo, la relación más importante en el mundo.
Por lo tanto, hay que ponerle mucho interés, conocimiento, sabiduría, inteligencia, etc.
El objetivo de la relación matrimonial es desarrollar permanentemente una relación fuerte, resistente a los problemas de la vida, resistente a los cambios, resistente a las presiones y a las circunstancias.
Es como la mezcla del hierro con el carbono que da como resultado el acero: el elemento resultante es más fuerte que ambos elementos originales por separado.
Col 3:18-19: No ser ásperos con ellas.
No tratarlas como hombres todo el día y sólo en la noche como mujeres.
Tratarlas como a nuestros mejores clientes.
Honrando, dando honor (nuestras oraciones no tendrán estorbo).
El que siembra honra, cosecha honra.
No se puede honrar a alguien a quien solo se le ven los defectos.
Honrar implica ver solo las cualidades (el amor cubre multitud de faltas).
Gal 6:7-9.
En el matrimonio cosechamos lo que sembramos.
“Si estoy recibiendo batazos es porque no estoy pichando bien”.
La autoridad de Cristo.
Autoridad, en términos de Jesús, equivale a servicio (Mar 10:42-45).
El que quiera hacerse grande será vuestro servidor.
El que quiera ser el primero será siervo de todos.
Porque Cristo no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.
Fil 2:5-8.
Haya en nosotros el mismo sentir que hubo también en Cristo.
Siendo Dios no estimo eso como algo a que aferrarse.
Se despojo a si mismo, tomando forma de siervo.
El ejercicio de la autoridad necesita ser un ejercicio de amor (Efe 5:22-23).
Maridos, amen a sus esposas (vrs. 25, 28, 33).
Col 3:19: ...y no sean ásperos con ellas.
1 Cor 7:33: el casado tiene cuidado....de cómo agradar a su mujer.
1 Ped 3:7: vivir con ellas sabiamente, dándoles honor como a vasos mas frágiles, y como a coherederas de la gracia de la vida.
Mar 10:42-45.
La autoridad que Cristo espera de los hombres en el matrimonio es similar a la autoridad que El ejerce sobre la iglesia.
Una autoridad de servicio, donde las prioridades son que el hombre sirva a la mujer y a sus hijos e hijas, no que sea servido.
Una autoridad que da todo sin obligar a nada, sin esperar nada.
Una autoridad de amor, que se va desarrollando cada día hacia la meta de alcanzar la clase de amor que Dios tiene para con nosotros (1 Cor 13:4-8).
Paciente, bondadoso, no envidioso, no jactancioso, no orgulloso.
Que no se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor.
Que no se deleita en la maldad sino que se regocija en la verdad.
Que todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta, jamás se extingue.
Cuando una mujer encuentra un esposo así, no va a tener ningún problema en entregarse totalmente a él y a la autoridad delegada que ostenta, con todo su corazón. No necesita defenderse de la posibilidad de que le pongan el pie encima.
El ingrediente más importante que los esposos necesitan poner en el matrimonio es el AMOR:
Sin amor nada somos, nada vale, nada sirve (1 Cor 13:1-3).
Efe 5:25, Col 3:18-19: buen trato, no ser ásperos y darles honor (un lugar mas alto que ellos, preferencia).
Amor "sacrificial"; se dio a si mismo por ella.
El amor matrimonial es un ejemplo visible del amor de Dios hacia su pueblo. Es un testimonio y un faro.
El rol del esposo en el hogar:
Profeta, sacerdote, pastor y maestro, gobernante (servidor).
Su familia es su propio rebaño, su primer iglesia.
Honrar a sus esposas.
Quien deshonra a su esposa se deshonra a sí mismo y viceversa.
Como las tratan, así se tratan a si mismos.
Como las miran, así se miran a si mismos.
Del costado de Cristo brotó la Sangre que constituye el precio pagado para que la Iglesia fuera formada.
Del costado de Adán Dios toma una costilla de la que forma a Eva, su mujer.
El mandado de Adán de cuidar y desarrollar toda la creación, implicaba también el cuidar y desarrollar a su esposa y a su familia.
Tener una familia implica, entonces, brindarle el máximo cuidado con la máxima eficiencia que le sea posible.
Al amarse los esposos, están amando a un don de la Gracia de Dios.
Prov 18:22: el hombre que encuentra esposa (no solo mujer, sino esposa) halla algo bueno; ella es una bendición que Dios le envía.
Prov 12:4: gozo y corona del marido es la esposa digna; la que no lo es, mina su fuerza y destruye cuánto él hace.


Maneras practicas de ejercer la autoridad.
Vivir con ellas sabiamente (ello requiere morir a Cristo, ser uno con El, Gal 2:20)..
No tratarlas como a hombres.
Entender que son diferentes.
Ellos inteligencia lógica, ellas inteligencia emocional.
Ellos orientados hacia la planificación, ellas orientadas hacia las relaciones..
Ellos poco detallistas, ellas detallistas.
Ellos enfocados hacia las cosas, ellas hacia las relaciones.
No ser ásperos (son más frágiles).
No ser duros (suaves), groseros (educados), pesados (atentos), violentos (tiernos), mal-encarados (dulces, románticos).
Sanarlas, perdonarlas, consolarlas, alentarlas, fortalecerlas.
Reafirmarlas en amor y fidelidad.
Agradarlas (coherederas) cuando ello sea posible (no por manipulación, no por obligación, por amor).
Respetarlas, apreciarlas.
Enaltecerlas, darles reconocimiento.
Atribuirles dignidad (dignificarlas).
Proveer para todas sus necesidades físicas, emocionales, espirituales
Honrarlas (hijas de Dios).
Recibir sabiduría y consejos santos de ellas.
Entregarse a si mismo por ellas (Filip 2:3-4).
Sacrificar lo propio por lo de ellas.
Estimarlas como superiores a ellos.
No hacer nada por contienda, ni vanagloria (jactancia del propio valor).
No mirando por lo propio, santificándolas, acercándolas a Cristo, apoyándolas a encontrar balance y crecimiento en su relación con Dios, enseñándoles la Palabra y habilidades y capacidades prácticas que necesitan para la vida, interceder por ellas, siendo ejemplo para ellas de vida piadosa y de sumisión a la autoridad.


Observaciones sobre la sumisión.
El estar en una posición de sumisión es como “ser pasajero” en un auto. El pasajero se sentirá seguro y no tendrá ningún problema en dejar que la otra persona conduzca, asumiendo que hay dos cosas que son ciertas:
El conductor debe saber a dónde va. Si el conductor se pierde y el acompañante conoce el camino, ¿qué se sentirá tentado a hacer?
El acompañante se sentirá seguro si el conductor obedece las señales de tráfico. Si el conductor empieza a ir a exceso de velocidad y a pasarse los semáforos en rojo, el acompañante se sentirá muy inseguro.
En muchos casos, y en el matrimonio no es la excepción, la rebelión es el resultado de un liderazgo equivocado, y no sólo de un espíritu de rebelión, aunque ninguna de las dos cosas son aceptables ni constituyen justificación para la rebelión y/o falta de sumisión (Dios puede corregir la situación, para El no hay nada imposible, Luc 1:37).
Los esposos necesitan asegurarse de que saben a dónde van y de obedecer todas las señales que hay en el camino, en vez de demandar que el acompañante (la esposa) sea sumiso.
Aquellos que están en autoridad, y ese es el caso de los esposos, no deberían gobernar sobre los demás basándose en su posición, sino más bien en el ejemplo.
Esa es la autoridad basada en el carácter.
Los esposos deberían esforzarse en ser un ejemplo y una inspiración para sus esposas y sus hijos, de tal manera que los sigan con amor y confianza, de la misma manera que en la iglesia se espera que los miembros sigan a sus líderes por el carácter piadoso y su conocimiento de la Palabra de Dios, no por los dones y los talentos, ni por las posiciones de poder e influencia.


Conclusiones:
Las esposas son como la voluntad de Dios; buena, agradable, perfecta.
Las necesidades de ellas necesitan ser la prioridad de atención por sus esposos.
Ser esposo implica el ejercicio de una forma de autoridad que no es usual en el mundo y para la cual el mundo no enseña: servir.
El ejercicio de la autoridad en el matrimonio (como en cualquier otro ámbito) requiere una unidad vital con Cristo, ser uno con El.









24 Mar 2016