Estudio Bíblico

Inicio > Estudio
Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Servicio y madurez (apuntes).



Servicio y madurez.


El servicio como signo de madurez cristiana.

Jn 12:23-26. “Jesús les respondió diciendo: Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado. De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto. El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará. Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará.”

Para llevar mucho fruto y recibir mucha bendición, el grano de trigo (nosotros) necesita morir (el que quiera ser mi discípulo, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame).
No morir es perder la vida, perder las bendiciones que Dios tiene para nosotros como resultado de alcanzar madurez en El (3 Jn 2).
El que ama su vida (su comodidad, su seguridad, sus planes, etc.), la perderá; aunque sea salvo perderá recompensas eternas; en tanto que el que la pierde (y el servicio es, figuradamente) una forma de perderla, de darla, la recibirá con bendiciones eternas.

Seguir a Jesús, tenerle por Señor y Salvador es servirle.
Si alguno le sirve, le sigue. Si alguno no le sirve, no le sigue.

El servir al Señor de corazón nos garantiza que en la eternidad, donde Él esté, allí estaremos nosotros, además de que el Padre nos honrará (con tesoros, galardones, coronas y/o recompensas eternas.

El servicio, aunque implica la muerte a sí mismo, la renuncia a la propia comodidad, al beneficio e interés personal, a los propios planes y agenda, a la seguridad propia, implica también:
Un mayor nivel de la vida de Dios en nosotros: cuando menguamos, El crece en nosotros (Jn 3:30) y si El crece en nosotros, entonces con El obtenemos un mayor nivel de madurez (la imagen de Cristo formándose en nosotros) y por ende de victoria sobre todas las circunstancias de la vida (mayor es el que está en nosotros que el que está en el mundo) sino un mayor nivel de bendición también (Mat 6:33).


En el servicio nuestro carácter es formado a la semejanza de Cristo.
Fil 2:1-11. “Por tanto, si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable, si alguna misericordia, completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa. Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.”


La vida cristiana sin servicio es una vida insuficiente.

Mar 10:42-45. “Más Jesús, llamándolos, les dijo: Sabéis que los que son tenidos por gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y sus grandes ejercen sobre ellas potestad. Pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos. Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.”
Primero: no seremos servidos, ni nos serviremos de otros.
Segundo: para alcanzar mayor nivel de plenitud y de bendición en Cristo necesitamos ser “grandes” en carácter (como Cristo), y ello implica servir a otros.
Tercero: para alcanzar los primeros lugares, para ser primeros en plenitud y en bendición, necesitamos ser servidores, no de algunos, sino de todos.

El servicio es seguir el ejemplo de vida que Cristo nos dejó para que lo imitáramos.




26 Mar 2016