Estudio Bíblico

Inicio > Estudio
Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

La ética cristiana del trabajo.



La Biblia, como el libro del diseño de Dios para todos los aspectos de la vida del ser humano contiene una serie de principios relacionados con el trabajo que han sido de suma importancia en la vida humana, y cuya aplicación en diversas épocas ha propiciado el cambio de un sistema de trabajo a otro mejor.

En principio, durante el tiempo de Jesús, el sistema económico predominante era el de la esclavitud. Las condiciones de los esclavos realmente eran deplorables. Por la enseñanza de Jesús acerca del amor como el eje de las relaciones del ser humano, primero hacia Dios y después hacia el prójimo, comienzan a surgir los promotores de la abolición de la esclavitud desde el tiempo del imperio romano. Esta lucha llevó al cambio del sistema de la esclavitud al sistema feudal, que en su tiempo, aún cuando no era el sistema perfecto, significó una mejora sustancial en las condiciones de vida de aquellos que antes habían estado sujetos a la esclavitud. Esta lucha, sin embargo, no cesó porque siguieron existiendo focos de esclavitud en diversas partes del mundo, pero en la gran mayoría de casos, los que se levantaron como abolicionistas fueron creyentes en Cristo, hasta lograr el cese de la esclavitud en todo el mundo.

Si bien es cierto la implementación del sistema feudal en la edad media fue una superación del sistema de la esclavitud anterior, todavía no era suficiente. Al abrigo de las iglesias cristianas fueron surgiendo las condiciones necesarias para el siguiente paso en la evolución del sistema económico, que fue el capitalismo, que si bien, no era perfecto, si significó un mejoramiento de las condiciones de vida de todos aquellos que estaban sujetos anteriormente al sistema feudal.

Y después del capitalismo, por la influencia de los mismos principios, aunque con enfoque diferente, surgió el socialismo y el marxismo.

Como nos podemos dar cuenta, analizando la historia, todos estos procesos evolutivos se han vivido fundamentalmente en el mundo occidental, donde los principios judeo-cristianos tuvieron su mayor influencia y expansión.

Es tanta la importancia de los principios bíblicos en el capitalismo, que un renombrado economista de principios del siglo XX, Max Weber escribió un libro denominado la "Ética Protestante" en el cual analiza el hecho de que los países donde más se desarrollo el capitalismo, con sus consiguientes beneficios en la calidad de vida de los ciudadanos, fue en países donde el protestantismo derivado de la reforma tuvo su auge, en tanto que los países donde la religión tradicional era la mayoritaria, esos países se quedaron rezagados en cuanto a su desarrollo económico.

¿A qué se debe que el desarrollo de los sistemas económicos se ha dado fundamentalmente en los países occidentales con una fuerte influencia del cristianismo? Básicamente ello se debe a la ética cristiana, que tiene una característica única (que es una prueba de su carácter divino, no humano) : que después del amor a Dios, como segundo mandamiento, coloca el amor al prójimo, aún por encima del amor a sí mismo. Y ello por otro principio también único en el judeo-cristianismo: el ser humano es hecho a la imagen y semejanza de Dios, y por ello dotado de un valor y una dignidad únicas que hay que proteger y desarrollar.

De ello derivan, entre otros, algunos principios fundamentales en las relaciones de uno con los demás seres humanos:
1) La regla de oro de las relaciones humanas (Mat 7:12): no le hagas a otro lo que no quieres que te hagan a ti, y recíprocamente, haz con los otros como quieras que hagan contigo.
2) El estimar a los demás como superiores a nosotros mismos y ver por lo de ellos tanto como por lo de nosotros (Fil 2: 3-4).
3) El que quiera hacerse grande, el mayor, hágase el menor y sirva a los demás (Mar 10:42-45).

Todos esos principios producen relaciones justas que son el resultado de la consideración del valor de la persona, independientemente de cualquiera de sus características, como un ser creado a la imagen de Dios (aunque esta pueda estar distorsionada temporalmente por el pecado).
 
Al considerar el valor de la persona, inmediatamente nos surgen tres ingredientes colaterales que son imprescindibles de considerar si de verdad queremos establecer relaciones justas con ellas y entre todos. Esos tres ingredientes son:
 
• El amor, que requiere de nosotros una actitud positiva que les diga a los demás: “estoy a tu disposición”.
• La dignidad, que significa. “tú importas”.
• El respeto, que implica el reconocimiento en vez de la crítica.

Por otro lado necesitamos reconocer que a pesar de la influencia de estos principios en el mundo occidental, este mundo aun dista de ser un ejemplo de relaciones justas, que todavía subsisten, en unos lugares más y en otros menos, pero algo en todos, relaciones injustas. Ello es debido a que los principios judeo-cristianos "co-habitan" con la maldad, no solo de los no creyentes, sino con los resabios de la vieja naturaleza de los creyentes, y su aplicación aún es imperfecta.

Para que los principios desarrollen todo su potencial de transformación de las relaciones injustas a justas es necesaria la transformación interior del ser humano mediante el nuevo nacimiento y la renovación de su entendimiento obradas a través de la comunión y sujeción al Espíritu Santo y al conocimiento de la Palabra. En la medida en que la nueva naturaleza se desarrolla en el ser humano que ha reconocido el Señorío de Cristo (creyente), en esa misma medida sus relaciones van a ser transformadas de injustas a justas. El hecho de que cada vez haya más creyentes en proceso de crecimiento, transformación y maduración, en esa misma medida las relaciones prevalecientes en esa área geográfica van a ser transformadas de injustas a justas. Ello implica que la transformación de nuestras sociedades con todas sus "miserias" como pobreza, violencia, injusticia, impunidad, corrupción, ignorancia, enfermedad, etc., pasa por la verdadera evangelización y el verdadero discipulado bíblicos de las personas. En la medida que esas tareas avancen, en esa misma medida va a avanzar la transformación de las relaciones y las condiciones de vida de nuestros países. Recordemos que el Reino de Dios es justicia, paz y gozo, en el Espíritu Santo (Rom 14:17).

Y a manifestar el Reino en todas las áreas de nuestra vida es a lo que fuimos llamados por Dios (Efe 2:10, Mat 13:33, Mat 5:13-16) de tal manera que la creación (personas, relaciones, actividades) sean liberadas del deterioro que han experimentado por el pecado --injusticia-- a la libertad gloriosa de los hijos de Dios --justicia-- (Rom 8.19-21).

28 Mar 2016