Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Espíritu Santo: Transformador.



La transformación interior es su especialidad.
 
En un mundo ávido de posiciones, poder y autoridad, Hch 1:4-8 se ha interpretado de una manera incompleta, en el sentido de favorecer lo que el mundo busca, y dejando de lado el contexto bíblico de este pasaje.

En el reconocimiento del Espíritu Santo este pasaje ha adquirido una posición primordial, y hasta exagerada, con énfasis en la obra externa del Espíritu Santo (predicación y operación de dones) en menoscabo de otros pasajes donde se enfatiza la obra del Espíritu Santo hacia el interior del creyente (producción del fruto del Espíritu, Jn 14:15-18, Jn 14:26-27, Jn 16:7-15, Gal 5:22-23).

El contexto de toda la Palabra de Dios no es satisfacer la búsqueda de posiciones ni el engrandecimiento del ser humano, sino su restauración a la comunión con Dios y a la posición de hijo e hija. Por lo tanto, este pasaje debe entenderse primariamente en este contexto: en el contexto del empoderamiento de cada uno de nosotros por el Espíritu Santo para ser restaurados a la comunión con Dios (sin santidad nadie verá al Señor, Heb 12:14) y a la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta (Rom 12:2), a vivir bajo el Señorío de Cristo y el Reino de Dios (1 Tes 4:3), donde todas las cosas nos serán añadidas (Mat 6:33). Por ello el pasaje está mencionado en el contexto del Reino de Dios, que es justicia, paz y gozo (--Rom 14:17--), antes que dones, señales y milagros.
 
Por otro lado, si estudiamos las Escrituras con detenimiento, la obra que el Espíritu Santo hizo en los discípulos en el día de Pentecostés no fue la de habilitarlos para predicar y hacer señales y milagros, por cuanto que todo ello ya lo habían hecho con anterioridad cuando Cristo estaba con ellos (Luc 9:1-6, Luc 10:17.20), sino transformar su carácter de personas temerosas a personas aguerridas que pudieran llevar adelante la transformación de su carácter para dar testimonio con su vida de la obra redentora de Dios, y además, hicieran las señales que respaldaran ese testimonio. Es dentro de este contexto que necesitamos entender Hch 1:4-8:

• “Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días. Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo? Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.”
 
La transformación interior es posible porque Su proximidad hace que ella se ponga en acción porque Él es el Espíritu Santo, y por ende, la santidad (obediencia, transformación) es su primordial y prioritario “producto” o “resultado”, tal como nos enseña el Libro de los Salmos:

• Sal 51:10-12. “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de delante de ti, y no quites de mí tu santo Espíritu. Vuélveme el gozo de tu salvación, y espíritu noble me sustente.”
 
Fue enviado en última instancia, a ser partícipe de nuestra vida cotidiana, a ser experimentado de manera íntima, para que tuviéramos con Él una relación cercana, profunda y próxima (Jn 14:15-18, Jn 14:26-27, Jn 16:7-15) que nos transformara al propósito y a la voluntad de Dios (1 Tes 4:3) que es nuestra santificación y que tiene como condición previa, nuestra transformación interior.

Cuando Jesús les dijo a sus discípulos que no les dejaría huérfanos sino que enviaría al Consolador para que estuviera con ellos para siempre era otra manera de decirles que sus (nuestras) vidas victoriosas dependerían de su (y nuestra) unión vital con el Espíritu Santo transformándolos interiormente. La vida que Jesús vivió (primero internamente y después públicamente) podemos vivirla día a día cuando recurrimos al poder del Espíritu Santo que mora en nosotros.

07 Abr 2016