Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Espíritu Santo: dos posiciones equivocadas.



Dos posiciones equivocadas con respecto al Espíritu Santo.
 
Para poder alcanzar un conocimiento bíblico del Espíritu Santo, en primer lugar necesitamos reconocer, que el mundo cristiano hay dos posiciones extremas en cuanto al Espíritu Santo, en medio de las cuales se encuentran otras posiciones que tienden en mayor grado hacia uno de esos dos extremos y que en alguna medida pueden haber influido en nuestro entendimiento del Espíritu Santo, y que necesitamos revisar a la luz de la enseñanza bíblica acerca de Él, para crecer no solo en el conocimiento de Él, sino en el aprovechamiento de Su obra en nosotros y principalmente en nuestra relación con Él.
 
Una de esas posiciones extremas es la que corresponde a los que sostienen que la plenitud de la acción y el poder del Espíritu Santo ya no es para este tiempo sino que solo fue para el tiempo de la edificación y expansión inicial de la Iglesia de la mano con los Apóstoles originales y Pablo, obviando lo que Jesús enseñó acerca del Espíritu Santo que habría de morar en todos los que creyeran en Él, que Él no cambia, que somos templos del Espíritu Santo, que nadie llama a Jesús Señor si no es por el Espíritu Santo, que somos transformados de gloria en gloria como por el Espíritu y que Dios sigue siendo y obrando sobrenaturalmente en Su Iglesia porque Él es sobrenatural.
v Jn 7:38-39. “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él (en cualquier época, en cualquier lugar); pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.”
v Mal 3:6. “Porque yo Jehová no cambio;...”
v 1 Cor 12:4-7. “Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo. Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho.”
v 1 Cor 6:19-20. “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.”
v 1 Cor 12:3. “Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo.”
v 2 Cor 3:18. “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.”
 
Dentro del grupo más moderado de esta posición están los que creen que el Espíritu Santo sigue obrando en la Iglesia pero solo en la vida interior de cada creyente, pero los dones (lenguas, interpretación de lenguas, sanidades, palabra de conocimiento, palabra de sabiduría, profecía, fe, milagros y discernimiento de espíritus) ya no están vigentes (a pesar de lo que la Palabra de Dios dice en Mal 3:6 y 1 Cor 12:4-7 que mencionamos anteriormente).
 
Pero por el otro lado están los que enfatizan en el Espíritu Santo como el poder que fluye hacia afuera de los creyentes obviando que el principal rol del Espíritu Santo es hacia la transformación interna de la persona.
v Sal 51:10-12. “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de delante de ti, Y no quites de mí tu santo Espíritu. Vuélveme el gozo de tu salvación, y espíritu noble me sustente.
v 2 Cor 3:18. “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.” (aquí se enfatiza la labor transformadora del Espíritu Santo en el interior de la persona, no en su exterior).
v Jn 7:38-39. “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva (antes de correr hacia afuera, corren dentro, limpiando, cambiando, transformando). Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él (en cualquier época, en cualquier lugar); pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.”
v Jn 14:15-16. “Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador (Ayudador), para que esté con vosotros para siempre:” (Aquí también se enfatiza la labor transformadora del Espíritu Santo en el interior de la persona, no hacia afuera).
 
Probablemente el error de esta posición estriba en el énfasis que se le da en su enseñanza a Hch 1:8: “pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.”
 
Las personas que “abrazan” esta posición asumen en mayor o menor grado que el poder de ser testigos era por la vía de la predicación de la Palabra y por las señales que siguen a la predicación de la Palabra, en lugar de por la transformación que el Espíritu haría en el interior de ellos y que sería manifiesta a todas las demás personas. En Pentecostés lo que sucedió en realidad es que los Apóstoles experimentaron en este derramamiento del Espíritu Santo una transformación interna que los convirtió de personas temerosas que huyeron cuando arrestaron a Jesús y lo crucificaron, en personas valerosas que se levantaron a predicar la Palabra, confrontando a los mismos que antes habían temido, respecto de la muerte de Cristo. Anteriormente a este episodio, y cuando Cristo aún vivía, ellos habían predicado y habían hecho señales tal como nos lo testifican las Escrituras en Luc 9:1-6 y Luc 10:1-12 y 17-20.
 
Nosotros creemos, en primer lugar, que el Espíritu Santo sigue plenamente vigente hoy como en el tiempo de los inicios de la Iglesia porque Dios, Jesús y el Espíritu Santo no cambian (Mal 3:6). Ello implica que el Espíritu Santo sigue haciendo hoy la obra que hizo durante ese tiempo, en primer lugar, de transformar a los creyentes internamente (si se someten al Espíritu Santo y buscan y obedecen Su guianza, 2 Cor 3:18) lo cual incide en que tengan mucho más denuedo en la predicación de la Palabra (Hch 4:13, Hch 4:29, Efe 6:20), y como Dios respalda Su Palabra (Hch 4:30), ello incide también en que se manifieste a través de ellos, la operación de los dones del Espíritu Santo (1 Cor 12.1-11, Efe 4:11, Rom 12:6-8).
 
 

07 Abr 2016