Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

El Espíritu Santo: el



"Conociendo al Casamentero.
 
 
Introducción.
 
En la antigüedad, cuando una familia tenía un hijo o hija soltera, por lo general contrataban a una persona para que hiciera los arreglos para su casamiento con la hija o el hijo de otra familia, según correspondiera. Por esa razón a esta persona le llamaban el casamentero, que no solo se encargaba de arreglar las cuestiones formales de la boda (aceptación mutua de la propuesta, detalles de dote, detalles de ceremonia, etc.) sino que también se encargaba de preparar a los dos futuros cónyuges el uno para el otro. Tenemos en la Palabra de Dios un hermoso ejemplo de ello en el Cap. 24 del Libro de Génesis: el siervo de Abraham que fue enviado por este para encontrarle esposa a su hijo Isaac.
 
Pero antes de iniciar el estudio de este pasaje, necesitamos estudiar Hch 2:17-18, para ponernos en contexto: “Y en los postreros días, dice Dios, Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; Vuestros jóvenes verán visiones, Y vuestros ancianos soñarán sueños; Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán.”
 
Este derramamiento del Espíritu Santo sobre toda carne hay que entenderlo en el contexto de toda la Biblia.
 
En primer lugar, el derramamiento del Espíritu Santo tiene como requisito que la persona reconozca al Señor Jesucristo como Señor y Salvador. Es en ese momento que el Espíritu Santo viene a morar en nosotros. Jn 14:17. “el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.”
 
En segundo lugar, el derramamiento del Espíritu Santo requiere que nosotros lo queramos y lo pidamos. Recibir el Espíritu Santo como resultado de la salvación es automático, pero que el Espíritu Santo se derrame en nosotros es a lo que la Palabra de Dios se refiere cuando dice que si nosotros siendo malos sabemos dar buenas dádivas a nuestros hijos, cuanto más el Padre nos dará el Espíritu Santo si se lo pedimos (Luc 11:13).
 
En tercer lugar, este derramamiento corresponde a una determinada faceta del Espíritu Santo que es el Espíritu profético, el Espíritu para servir en la obra del Señor en los últimos tiempos, que es a su vez un Espíritu de restauración (el Espíritu de Elías, Mal 4:5-6, Mat 17.11).
 
Este pasaje (Hch 2:17-18) implica que todos los hijos e hijas de Dios podemos ser usados por el Espíritu Santo, pero no todos vamos a ser usados por Él. ¿En qué consiste la diferencia? En primer lugar, Deut 30:19-20 nos enseña que Dios nos da la capacidad de decidir. Él no nos va a imponer algo. Debemos quererlo. En segundo lugar, 2 Tim 2:20-21 nos explica la diferencia: “Pero en una casa grande, no solamente hay utensilios de oro y de plata, sino también de madera y de barro; y unos son para usos honrosos, y otros para usos viles. Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra.
 
Como el Espíritu Santo es Santo, Él no va a derramarse (manifestarse más abundantemente) en aquellos que no quieran ser santos, obedientes a Dios, porque la gloria de Dios, que es la manifestación del derramamiento del Espíritu Santo es de tal magnitud que una persona en pecado no la puede soportar. Por ello, en el Antiguo Testamente, cuando el Sumo Sacerdote entraba en el Lugar Santísimo debía santificarse previamente, porque si no lo estaba, al entrar en la presencia de Dios iba a morir (por eso las campanitas en el borde de su vestidura y el lazo en el tobillo, porque si dejaban de sonar las campanas significaba que había muerto delante de la presencia del Señor y como nadie podía entrar al Lugar Santísimo solo él, entonces lo sacaban por medio del lazo amarrado a su tobillo).
 
En primer lugar, necesitamos estar apartados para Dios (ser salvos) y ser transformados constantemente por el Espíritu Santo. Si lo anhelamos como Él nos anhela, vamos a estar cada vez más cerca de Él, y Su proximidad nos va a santificar cada día más, y ello implica ser transformados, pero esa transformación es con nuestro acuerdo, con nuestra voluntad, porque Dios no nos obliga a ello (Fil 1:6, 1 Tes 5:23).
 
Este proceso de transformación es lo que la Palabra llama santificación y es la preparación de la novia para su encuentro con el Señor y esta preparación quién la realiza en nosotros es el Espíritu Santo, por ello es que decimos, en una forma gráfica, que el “Casamentero” es el Espíritu Santo; Él es el que nos prepara para ser la Novia que Cristo está buscando.
 
Una cosa es ser salvos, y otra cosa es ser la novia de Cristo. La Palabra las define claramente como diferentes. Ser salvo significa haber renunciado al pecado, haber renunciado a la potestad de las tinieblas y haber recibido el perdón de pecados. Ser salvo, aunque nos hace parte de la Iglesia no necesariamente nos hace parte de la Novia de Cristo porque la Novia es una Iglesia gloriosa, pura, limpia, santa, sin mancha y sin arruga (Efe 5:26-27). Una es la Iglesia y otra es la Novia. La Novia es aquella parte de la Iglesia que ha entregado totalmente su vida a Cristo y ha estado caminando en la dirección del Espíritu Santo, haciendo morir constantemente las cosas de la carne y estableciendo en su vida las cosas espirituales.

 
El Espíritu Santo: preparar a la novia para Cristo.
Si la Palabra de Dios nos enseña que el Espíritu Santo nos ha sido enviado por el Padre para que esté con nosotros para siempre, para recordarnos todo lo que Cristo dijo, para guiarnos a toda verdad, para empoderarnos para obedecer la Palabra de Dios, para hacer morir las obras de la carne, para hacernos más que vencedores, para que nada nos separe del amor de Dios, para guiarnos a pensar en las cosas del Espíritu y no en las de la carne, para servirle al Señor, etc., entonces, claramente, el Espíritu Santo es el que nos prepara para ser la Novia de Cristo (si es que así lo deseamos y anhelamos): “... Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. (Efe 5:25-27).
 
Es en ese sentido que podemos decir sin ningún lugar a dudas que uno de los roles que el Espíritu Santo realiza en esta era de la Iglesia es equivalente al de un casamentero en la antigüedad: prepara a la Novia para el Novio, preparar a la Iglesia para las bodas del Cordero con Cristo.
 
Hay en la Palabra de Dios un pasaje que describe tanto el trabajo del Espíritu Santo como Casamentero, como también la Novia que Él está buscando para Cristo. Este pasaje es Gen 24, que nos relata el trabajo del criado de Abraham que es enviado por éste para buscar esposa para su hijo Isaac en la tierra de donde procedía Abraham.
 
 
Génesis 24: tipología.
En primer lugar, Abraham es tipo del Padre, que envía a su Siervo (tipo del Espíritu Santo) a buscar Novia para su hijo (Rebeca). De hecho, en la Palabra sabemos que el Espíritu Santo es el que nos conduce a reconocer el Señorío de Cristo (1 Cor 12:3) y Quién nos es enviado del Padre (Jn 14:26) para santificarnos (1 Ped 1:2). Recordemos que el Monte Moriah (Gen 22:2) Abraham estuvo dispuesto a dar a su hijo en sacrificio vivo para Dios, de la misma manera que Dios dio a Su Hijo para ser crucificado y de esa manera nuestros pecados fueran perdonados.
 
En segundo lugar, Isaac es tipo de Cristo, el Hijo, que estuvo dispuesto a ser sacrificio vivo para Dios para el perdón de nuestros pecados en la Cruz, así como Isaac estuvo dispuesto a morir en sacrificio vivo en el Monte Moriah. Cristo, como Isaac (Gen 24:67), va a casarse con la esposa que le escoja el siervo de Su Padre (el Espíritu Santo) en las bodas del Cordero (Apo 19:7-9).
 
El siervo: tipo del Espíritu Santo. En Gen 24:2 la Palabra describe al siervo de Abraham como el más viejo de su casa que era el que gobernaba en todo lo que tenía, y esto nos apunta directamente a la relación del Espíritu Santo con el Padre: el Espíritu Santo ha estado con el Padre desde la Eternidad y hasta la Eternidad (el más viejo de Su casa), y además de ello gobierna sobre todo lo que es del Padre (el Espíritu Santo es enviado por el Padre a la tierra para gobernar, en Su Nombre, sobre todos los que somos Sus hijos e hijas (guiarnos, enseñarnos, establecer el Señorío de Cristo –el Reino de Dios—en nuestros corazones, hacer Su Voluntad en la tierra como en el cielo, etc.).
 
Rebeca, como la Novia de Isaac (el Hijo), guiada por el Siervo (el Espíritu Santo) se casa con Isaac. Y la Novia de Cristo es la Iglesia gloriosa, limpia, pura, santa, sin mancha y sin arruga (Efe 5:26-27). En ese sentido, al igual que Prov 31:10-31, Rebeca refleja las características de la Novia que Cristo va a desposar en las Bodas del Cordero, antes de su Segunda Venida para destruir al anticristo, encadenar al diablo y establecer el Reino Milenial, en el que gobernará junto con Su Esposa (la Iglesia, 2 Tim 2:12, Apo 20.6).
 
 
La Novia que el Espíritu está preparando (Rebeca).
 
El Espíritu Santo busca hijos e hijas de Dios que están sedientos de la Presencia de Dios en su vida. No de una Presencia “normal”, “religiosa”, sino de una Presencia dinámica, viva, activa, motivadora. La Palabra nos dice en Gen 24:13-16 que la condición para saber quién era la mujer escogida por Dios para esposa de Isaac era que debía salir a la fuente en busca de agua, ello implica sedienta, y ese estar sediento implica:
v Sal 42:1. “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, Así clama por ti, oh Dios, el alma mía.”
v Sal 63:1. “Dios, Dios mío eres tú; De madrugada te buscaré; Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela, En tierra seca y árida donde no hay aguas,”
v Jn 4:9-10. “La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí. Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva.”
v Jn 4:14. “mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.”
Ello implica, entonces, estar sediento de Dios, de Cristo, del Espíritu Santo, de Su Palabra, de la comunión con Él, de parecerse a Él, de caminar con Él.
 
Estar sedientos de Dios es tener un corazón abierto, sensible que atraiga más del Espíritu Santo y que anhele caminar con Él de la misma manera que El nos anhela a nosotros.
v "Y llamaron a Rebeca, y le dijeron: ¿Irás tú con este varón? Y ella respondió: Sí, iré." (Gén 24:58).
v “¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios. ¿O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente?” (Sant 4:4-5).
v “Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne; porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.” (Rom 8:12-14).
 
Estar sedientos de Dios nos lleva a hacer cada día un lugar, cada vez más creciente, para el Espíritu Santo en nuestro corazón
v "y dijo: ¿De quién eres hija? Te ruego que me digas: ¿hay en casa de tu padre lugar donde posemos? Y ella respondió: Soy hija de Betuel hijo de Milca, el cual ella dio a luz a Nacor. Y añadió: También hay en nuestra casa paja y mucho forraje, y lugar para posar . (Gén 24:23-25).
v “Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor. No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu, hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.” (Efe 5:18-20).
 
Estar sedientos de Dios implica la disponibilidad para seguir al Espíritu Santo, para hacer la Voluntad de Dios y no la nuestra:
v "El criado le respondió: Quizá la mujer no querrá venir en pos de mí a esta tierra. ¿Volveré, pues, tu hijo a la tierra de donde saliste? Y Abraham le dijo: Guárdate que no vuelvas a mi hijo allá..... Y si la mujer no quisiere venir en pos de ti, serás libre de este mi juramento; solamente que no vuelvas allá a mi hijo." (Gén 24:5-6, 8).
v Mat 7:21. “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.”
 
La disponibilidad de seguir al Espíritu Santo se refleja en la disponibilidad de entregar nuestra vida entera al Señor, renunciando a nuestra propia vida, planes, agenda, etc., tal como lo hizo Rebeca, porque no es lo mismo entregarle a Dios nuestros pecados que entregarle nuestra vida y corazón enteros.
v "Y llamaron a Rebeca, y le dijeron: ¿Irás tú con este varón? Y ella respondió: Sí, iré." (Gén 24:58).
v “Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.” (Jn 3:3-5).
v Así como ver y entrar en el Reino de Dios no es lo mismo, nacer de nuevo y nacer del agua y del Espíritu no es lo mismo. Lo primero se refiere a salvación, lo segundo se refiere a la santificación creciente.
v Fil 3:8. “Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo,”
 
Disponibilidad para seguir al Espíritu Santo es no tener motivos ulteriores o escondidos (el deseo de ser bendecido, obtener ventajas económicas, obtener posiciones, auto-estima, orgullo, etc.), para ello y servir en la obra de Dios por amor de la misma manera que Rebeca sirvió al siervo sin saber que posteriormente iba a recibir bendiciones.
v "Ella respondió: Bebe, señor mío; y se dio prisa a bajar su cántaro sobre su mano, y le dio a beber. Y cuando acabó de darle de beber, dijo: También para tus camellos sacaré agua, hasta que acaben de beber. Y se dio prisa, y vació su cántaro en la pila, y corrió otra vez al pozo para sacar agua, y sacó para todos sus camellos. Y el hombre estaba maravillado de ella, callando, para saber si Jehová había prosperado su viaje, o no." (Gén 24:18-21).
v “Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.” (Mat 20:25-28).
v Dispuesto a darse a otros (darle agua al siervo y a sus camellos). "Sea, pues, que la doncella a quien yo dijere: Baja tu cántaro, te ruego, para que yo beba, y ella respondiere: Bebe, y también daré de beber a tus camellos; que sea ésta la que tú has destinado para tu siervo Isaac; y en esto conoceré que habrás hecho misericordia con mi señor." (Gén 24:14).
 
Y todo ello aunque implique a escoger un camino desconocido para el cual no tenemos todas las respuestas, con la confianza puesta en Dios y en que Él está en control y que Él hará lo mejor para nosotros porque Sus planes son de bien para darnos un futuro y una esperanza (Jer 29.11).
v "Entonces se levantó Rebeca y sus doncellas, y montaron en los camellos, y siguieron al hombre; y el criado tomó a Rebeca, y se fue." (Gén 24:61).
 
 
 
El siervo (El Espíritu Santo): el Casamentero.
 
A través del estudio de las características del siervo de Abraham podemos descubrir lo que el Espíritu Santo quiere hacer en nuestra vida, por un lado, y por otro lado, nos va a permitir conocer más del Espíritu Santo dado que en la mayoría de la cristiandad de hoy es el gran desconocido, por unos porque no creen plenamente en Él y para ellos es solo algo o alguien a quién reciben cuando son salvos y que va a estar allí ayudándoles y guiándoles en algo cuando lo necesiten. Para otros, porque más que una persona que vive en ellos es una fuerza o un poder con el que son equipados para predicar y para hacer milagros, perdiéndose, en ambos casos, de la tremenda riqueza que constituye ser templos del Espíritu Santo, habitación del poder transformador de Dios que en primer lugar quiere obrar en nosotros para conducirnos por el camino del propósito de Dios donde Él ha “sembrado” todas nuestras bendiciones que constituyen la vida plena en Él y conducirnos a los mejores lugares de la Eternidad para estar lo más cerca posible del Novio en las Bodas del Cordero, como la Novia que Él viene a buscar. Comencemos entonces estudiando algunos pasajes de Gen 24 referentes al siervo.
 
Gen 24:2. “Y dijo Abraham a un criado suyo, el más viejo de su casa, que era el que gobernaba en todo lo que tenía: Pon ahora tu mano debajo de mi muslo,”
v El siervo era el “más viejo de su casa”. El Espíritu Santo es Dios, y como Dios, es eterno, desde la eternidad y hasta la eternidad y ha estado con el Padre desde el principio de todas las cosas, y a eso se refiere esa frase.
v El siervo “gobernaba en todo lo que tenía”. El Espíritu de Dios es Dios en la tierra hoy en día. Es el Ejecutivo de Dios en la tierra. Todo lo que Dios hace hoy en la tierra lo hace por medio de Su Espíritu Santo: salvación (1 Cor 12:3), regeneración (Tit 3:5), empoderamiento de Sus hijos e hijas (el Cuerpo) (Hch 1:8, 1 Cor 12:4-7), milagros, sanidades, prodigios, etc. (Mat 12.28). El Padre y el Hijo están sentados en los lugares celestiales, en tanto que el Espíritu Santo es el enviado del Padre para estar en la tierra hoy. Si bien es cierto que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son uno, y el Padre y el Hijo están en el Espíritu Santo, es el Espíritu Santo quien administra y gobierna todas las cosas en la tierra hoy en nombre de la Trinidad completa.
Ø Jn 16:7.   Pero yo os digo la verdad: os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, el Consolador no vendrá a vosotros; pero si me voy, os lo enviaré.
Ø Heb 10:12. “pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios,”
Ø Hch 3:19-21.   Por tanto, arrepentíos y convertíos, para que vuestros pecados sean borrados, a fin de que tiempos de refrigerio vengan de la presencia del Señor, y El envíe a Jesús, el Cristo designado de antemano para vosotros, a quien el cielo debe recibir hasta el día de la restauración de todas las cosas, acerca de lo cual Dios habló por boca de sus santos profetas desde tiempos antiguos.
 
Todo lo que Dios hace hoy en la tierra lo hace por medio de Su Espíritu Santo que capacita y empodera a la Iglesia para guiarla y operar con Su poder a través de ella. Por eso la Iglesia es el Cuerpo de Cristo. Cristo es la cabeza, y como tal, El manda a Su Iglesia por medio del Espíritu Santo. Y la Iglesia es Su Cuerpo, la que obra, empoderada por el Espíritu Santo para hacer lo que Dios ha mandado (Hch 1:8, Mat 28.18-20, Efe 1:17-23).
v Hoy nuestros conceptos están bastante fuera de foco, porque resulta que el Cuerpo le vive pidiendo a la Cabeza que haga lo que el cuerpo quiere. Cuando lo que la Biblia nos enseña es exactamente lo contrario: la Cabeza manda para que el Cuerpo opere, obre.
v Es exactamente lo que Dios le dijo a Moisés frente al Mar Rojo cuando los egipcios estaban por alcanzarlo. Dios le dijo a Moisés que no le pidiera a Él sino que tomara la vara que Él le había dado y le ordenara al mar que se abriera (Exo 14:13-16).
v Rom 8:19-21 nos da otra referencia sobre el mismo tema: nosotros oramos que Dios cambie nuestro entorno, pero la Palabra dice que la creación (el entorno) está esperando la manifestación de los hijos de Dios (nosotros) para ser liberada de la esclavitud a la que fue sometida por causa del pecad.
v Y ese poder en los que primero que va a operar es en nosotros, transformándonos, conformándonos a la imagen de Cristo para ser como El y para hacer como Él.
 
Gen 24:4. "sino que irás a mi tierra y a mi parentela, y tomarás mujer para mi hijo Isaac." (Gén 24:4).
v El siervo de Abraham, al igual que el Espíritu Santo hoy, está buscando a la Novia para el Hijo (los y las creyentes que llenen las condiciones).
v En primer lugar, para ser parte de la Novia, Él no va a buscar a alguien que no sea creyente. Primero tiene que ser creyente, de la parentela del Hijo, de la misma naturaleza que el Hijo, para que no haya yugo desigual (2 Cor 6:14). Y eso es lo que Abraham le instruye al siervo: que no permita que Su Hijo se case ni con una mujer cananea (no creyente) ni con una mujer que no fuera de su parentela, que no tuviera la misma naturaleza divina de El. Por ello, el Espíritu Santo nos regenera de tal forma que tengamos la misma naturaleza divina del Hijo (1 Ped 1:23: somos nacidos de simiente incorruptible por la Palabra de Dios; y, todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder –el Espíritu Santo—para que por ellas lleguemos a ser participantes de la naturaleza divina, 2 Ped 1:4).
v Antes de comenzar a trabajar en nosotros para formarnos como la Novia de Cristo (discipulado), el Espíritu nos conduce a reconocer a Cristo y Su Señorío (1 Cor 12:3), quitándonos el velo que nos cegaba para que no nos resplandeciera la luz del Evangelio (2 Cor 4:4).
v De la misma forma que el siervo fue a buscar a Rebeca a la tierra de la que había salido Abraham, así el Espíritu Santo nos va a buscar al mundo para traernos a Cristo, primero por la Evangelización (conversión) y después por el Discipulado (transformación y regeneración). Y de la misma forma que el siervo fue enviado a un lugar específico a buscar a Rebeca, el Espíritu Santo nos va a buscar en el tiempo establecido por Dios, para salvarnos, de acuerdo a la predestinación y/o escogencia de Dios que nos conoció desde antes de la fundación del mundo (Efe 1.4)
 
Así como el siervo no obliga a Rebeca a seguirlo, así tampoco el Espíritu Santo nos obliga a nosotros a seguirlo. Seguirlo debe ser el resultado de una decisión voluntaria personal.
v “Si la mujer no quiere seguirte, quedarás libre de este mi juramento;” (Gén 24:8).
v Al seguir al Espíritu Santo voluntariamente, Él va a obrar en nosotros para transformarnos y convertirnos en la Novia del Hijo: “Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites. ¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios. ¿O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente? Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros. Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones. Afligíos, y lamentad, y llorad. Vuestra risa se convierta en lloro, y vuestro gozo en tristeza. Humillaos delante del Señor, y él os exaltará. (Sant 4:3-10).
v 1 Cor 2:9-12.    “sino como está escrito: COSAS QUE OJO NO VIO, NI OIDO OYO, NI HAN ENTRADO AL CORAZON DEL HOMBRE, son LAS COSAS QUE DIOS HA PREPARADO PARA LOS QUE LE AMAN (obedecen sus mandamientos). Pero Dios nos las reveló por medio del Espíritu, porque el Espíritu todo lo escudriña, aun las profundidades de Dios. Porque entre los hombres, ¿quién conoce los pensamientos de un hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Asimismo, nadie conoce los pensamientos de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros hemos recibido, no el espíritu del mundo, sino el Espíritu que viene de Dios, para que conozcamos lo que Dios nos ha dado gratuitamente,”
 
Si no queremos caminar en Cristo el Espíritu Santo nos va a dejar, no nos va a forzar, no nos va a desamparar, pero nos va a dejar hasta que llegue otra situación que quebrante nuestra voluntad (Prov 16:25, el hoyo de la desesperación) y nos quebrante y nos rindamos a Él para que Él nos guíe. Ahora bien, hay que tener cuidado porque puede ser, principalmente en este tiempo en que la venida de Cristo está más cercana, que no nos quede el suficiente tiempo para producir todo el fruto que el Espíritu quiere formar en nosotros, y entonces seamos parte de las vírgenes insensatas que no se pudieron ir con el Señor cuando Él vino (Mat 25:1-13). Cuando decidimos caminar con el Espíritu Santo y aceptar voluntariamente Su preparación y transformación en nosotros, vamos a recorrer el camino que nos enseña Sal 23 y lo vamos a hacer gozosamente, sabiendo que El nos está conduciendo a lo mejor de Dios para nuestras vidas ( a que nuestra vida vaya en aumento --Prov 4:18—; al cumplimiento de los planes de bien de Dios para que tengamos un futuro y una esperanza --Jer 29:11--; a las buenas obras que Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas --Efe 2.10--).
v Primero, estaremos en lugares de delicados pastos, junto a aguas de reposo, donde Él nos pastoreará, nos dará descanso y nos guiará por sendas de justicia (Sal 23:1-3).
v Después de esta etapa, vendrán a nuestra vida situaciones problemáticas que el Espíritu Santo usará para llevarnos a otro nivel de nuestra experiencia espiritual. El no nos va a dejar solos caminando por ese valle, Él va a estar con nosotros infundiéndonos aliento (la vara –el poder, la autoridad-- y el cayado –la instrucción y la corrección-- son símbolos del Espíritu Santo) (Sal 23:4).
v Finalmente, llegaremos a un lugar de bendición mejor de aquel en donde comenzó el ciclo de crecimiento: la casa de Jehová, el lugar del banquete de victoria, de la unción, del gozo, de la misericordia (Sal 23:5-6).
v Y de allí, estamos listos para comenzar el siguiente ciclo de crecimiento hacia otro nivel de experiencia espiritual de acuerdo a lo que nos enseña la Palabra de Dios, de que el que comenzó la buena obra en nosotros (Dios por el Espíritu Santo) la perfeccionará continuamente hasta el día de Jesucristo (nuestro encuentro con el Señor, Fil 1:6).
 
Gén 24:10. Entonces el siervo tomó diez camellos de entre los camellos de su señor, y partió con toda clase de bienes de su señor en su mano; y se levantó y fue a Mesopotamia, a la ciudad de Nacor.
v La preparación incluye el conocimiento y obediencia a la Palabra de Dios (el número diez, que corresponde al número de camellos que el siervo tomó para su viaje identifica la ley de Dios –los diez mandamientos--, sus preceptos y sus mandamientos), que el Espíritu Santo nos enseña y nos recuerda para que la obedezcamos, guiándonos para que nos santifiquemos.
Ø Jn 14:15-17. “Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.”
Ø Jn 14:26-27. “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho. La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.”
Ø Jn 16:13-14. “Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber.”
 
La preparación también incluye toda clase de bendiciones que nos el Espíritu Santo nos llega a impartir como consecuencia de la obediencia. Hemos sido bendecidos con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo Jesús (Efe 1:3) y quién imparte esas bendiciones es el Espíritu Santo (nos enseña todo lo que Dios nos ha concedido, 1 Cor 4:12).
v Esa “toda clase de bienes” se refiere a las bendiciones de la obediencia (Deut 28.1-14) incluido el fruto del Espíritu, que es cualidades del carácter (Gal 5:22-23).
v Los regalos que tomó fueron regalos escogidos (de acuerdo con otra traducción), y esos regalos escogidos representan las buenas obras que Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas (Efe 2:10), y el Espíritu Santo que nos ha sido dado para instruirnos, ayudarnos, empoderarnos y guiarnos a realizarlas.
v Los regalos también incluyen los planes de bien que Dios tiene para nosotros para darnos un futuro y una esperanza (Jer 29:11), e igualmente el Espíritu Santo para instruirnos, ayudarnos, empoderarnos y guiarnos a realizarlos.
 
Si notamos bien, en todo el pasaje el siervo nunca habla de sí mismo, solo de Abraham y de Isaac y de la encomienda de Abraham para él; es más, ni siquiera se menciona su nombre en todo el pasaje. Y eso se corresponde exactamente con lo que hace el Espíritu Santo.
v Tomará de lo de Jesús y escudriñará el corazón del Padre y todo ello nos lo hará saber, cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido al corazón del hombre (2 Cor 2:9-12):
v "Y el criado tomó diez camellos de los camellos de su señor, y se fue, tomando toda clase de regalos escogidos de su señor;... (Gén 24:10)
v Jn 16:13 “Pero cuando El, el Espíritu de verdad, venga, os guiará a toda la verdad, porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oiga, y os hará saber lo que habrá de venir.”
v Jn 16:14-15. El me glorificará, porque tomará de lo mío y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que El toma de lo mío y os lo hará saber.
 
Gén 24:22 “...el hombre tomó un anillo de oro que pesaba medio siclo, y dos brazaletes que pesaban diez siclos de oro (y se los dió a Rebeca).”
Gen 24:53. “Y sacó el criado alhajas de plata y alhajas de oro, y vestidos, y dio a Rebeca; también dio cosas preciosas a su hermano y a su madre.”
v Notemos que el criado le dio a Rebeca vestidos. Ello es una alusión a la vestidura de la novia: lino blanco, lino fino, sin arruga, sin mancha (Efe 5:26-27, Apo 21:2). Y eso es precisamente lo que hace el Espíritu Santo en favor de nosotros: empoderarnos, “vestirnos” de poder para que llevemos vidas santas, de obediencia a la Palabra, con fruto del Espíritu Santo (Gal 5:22-23).
v Junto con los vestidos le dio alhajas de plata y alhajas de oro. La plata y el oro nos recuerdan las obras que van a tener recompensa en la eternidad (1 Cor 3:11-15), obras que son las guiadas y dirigidas por el Espíritu Santo, ya que nuestras propias obras, las guiadas por nuestros pensamientos y efectuadas por nuestra voluntad, aún usando los talentos y dones de Dios, delante de Dios son como trapos de inmundicia (Isa 64:6) en contraste con las vestiduras blancas, que son las obras del Espíritu Santo a través de nosotros.
v El anillo es símbolo de autoridad y poder y al ser de oro también es símbolo de realeza. Y nosotros hemos recibido todo el poder y autoridad de Cristo por el Espíritu Santo que nos ha sido dado (Mat 28.18-20, Hch 1:8), así como hemos sido hechos por la regeneración del Espíritu, hijos e hijas de Dios, el Rey de reyes y Señor de señores, y por lo tanto, hijos e hijas del Rey.
v El brazalete (esclava) es símbolo de propiedad, y el Espíritu Santo nos ha sido dado como las arras de la garantía de nuestra redención (2 Cor 1:22, 2 Cor 5:5, Efe 1:4) que nos perfecciona cada día para la obediencia a la Palabra (Fil 1:6, 1 Tes 5:23) que es nuestro adorno delante del Señor (Prov 1:8-9, 1 Ped 3:3-4).
 
Hay dos tipos de obras que nosotros podemos hacer: las que hacemos para la gloria de Dios y las que son para nuestra propia gloria; las que son guiadas por el Espíritu y las que son guiadas por la carne. Estas últimas puede que no sean “malas” en el sentido de violar un mandamiento de Dios, que correspondan a algo bueno que la Palabra de Dios nos dice, pero que al hacerlas no fueron guiadas por el Espíritu Santo ni para la gloria de Dios sino guiadas por nuestro propio ego y para nuestra propia gloria como el caso de Mat 7:21-23. Hicieron cosas que la Palabra de Dios dice que necesitamos hacer, pero no lo hicieron para la gloria de Dios sino para su propia gloria, y la prueba está en que ellos creyeron que por sus obras entrarían en el Reino de los Cielos; entonces las hicieron para obtener una ventaja, no por amor a Dios y a las personas. Y ese es el riesgo de
“usar” (para decirlo de alguna forma porque al Espíritu Santo nunca lo vamos a poder usar) al Espíritu Santo en la forma equivocada, solo recurriendo a Él para hacer milagros o para que respalde nuestros dones o ministerio o servicio, pero no para hacer la voluntad de Dios (el fruto del Espíritu).
v Desde la perspectiva de Dios con respecto a nosotros mismos, el fruto es más importante que el don. El fruto es el que hace que el don sea efectivo delante de Dios. El carácter es el que hace que el don sea efectivo delante de Dios. ¿Porqué? Porque los dones son de Dios y El siempre va a respaldar sus dones haciéndolos operar frente a las necesidades de las personas. Pero el carácter es lo nuestro, es lo que sale de nuestro corazón, y Dios pesa los corazones más que las acciones.
v Judas tenía dones por cuanto fue parte de los doce y de los setenta que fueron a predicar el evangelio del Reino y a sanar enfermos y a liberar demonios, y tuvieron resultados (Luc 9:1-2, Luc 10:17) pero lo que falló en Judas fue el carácter y ¿que pasó? fue hijo de perdición, no entró al Reino de los cielos (Jn 17:12).
v Saúl tenía dones por cuanto fue ungido por Dios para ser rey pero como no desarrolló el carácter de Dios sino que fue movido por sus propios impulsos, motivaciones e intereses (1 Sam 15:30), fue desechado (1 Sam 15:22-23).
 
Los dones son preciosos, maravillosos, pero sin el carácter no nos sirven de nada a la hora de las recompensas, de ser o no ser la Novia de Cristo. Porque los dones no son nuestros sino que son de Dios y El está respaldando sus dones y la misericordia que tiene para con los otros. Con respecto a nosotros Él ve nuestro carácter, nuestro corazón.
v Por ello Pablo le dice a Timoteo que procure presentarse a Dios como obrero aprobado, no solo como obrero que tiene dones, sino como obrero aprobado que usa bien la Palabra de Verdad, y el primer uso de la Palabra no es para predicarla sino para que la vivamos, para que nos transforme, para que nos cambie, para que sea vida en nuestra vida, porque el carácter es antes que los dones en la escala de valor de Dios.
v Hoy, en la mayor parte de la enseñanza del Espíritu Santo se enfatiza lo relacionado con el empoderamiento para el uso de los dones y para el servicio y para el ministerio, pero se hace muy poco énfasis en la obra transformadora del Espíritu para producir el carácter de Cristo en nosotros, el fruto del Espíritu a través de nosotros, en contra del énfasis que la Biblia le da a estos aspectos.
 
En una buena medida, esa énfasis en el poder para hacer en lugar de en el poder para ser transformados, se debe a un insuficiente y superficial entendimiento del pasaje de Hch 1:8: “recibiréis poder”.
v Primero, por el entendimiento del poder como algo hacia afuera, sobre los demás, en lugar de considerar el contexto bíblico de la palabra poder que es primero hacia adentro y después hacia afuera porque no podemos manifestar hacia afuera lo que no tenemos por dentro; no podemos cambiar afuera, en otros, lo que no hemos podido cambiar en nosotros mismos (Mat 10:8, Mat 7:1-5).
v Segundo, por la falta de entendimiento de que lo que cambió en los discípulos cuando recibieron el bautismo del Espíritu Santo no fue que ahora pudieran hacer milagros y sanidades o predicar. Eso ya lo había hecho anteriormente con buenos resultados (Luc 9:1-2, Luc 10:17). Lo que cambió es que después de la crucifixión de Cristo se habían quedado temerosos y cuando vino el Espíritu Santo tuvieron el valor, el coraje, la pasión, el denuedo, para hablar la Palabra, es decir, que cambiaron de temerosos a valerosos (y eso es un cambio del carácter).
v La otra diferencia es que aún no eran guiados por el Espíritu Santo (escogieron al sustituto de Judas por sorteo, no por dirección del Espíritu), y después de Pentecostés fueron guiados por el Espíritu a cada paso que daban (métodos humanos a métodos divinos) y todo ello supuso un cambio en su carácter, y por el cambio en su carácter, se produjeron cambios en su vida pública (pasaron del anonimato al conocimiento público sin temor).
 
El Espíritu Santo si empodera para hacer señales, milagros y predicar la Palabra, pero ello no debe ser enseñado con menoscabo de que el poder del Espíritu Santo es en primer lugar para transformarnos a la imagen de Cristo.
v Las primeras enseñanzas de Jesús sobre el Espíritu Santo no fueron sobre el poder para hacer milagros y predicar, sino sobre que Él nos sería dado para que Él nos guiará, para que Él nos enseñará, para que Él nos consolara, para que Él nos ayudará a ser obedientes.
v La palabra de Dios, al respecto de la unción, que es la del Espíritu Santo, dice que ella rompe yugos, pero los primeros yugos que va a romper son en mí.
 
 
Gen 24:61, 64-66. “Entonces se levantó Rebeca y sus doncellas, y montaron en los camellos, y siguieron al hombre; y el criado tomó a Rebeca, y se fue. ...Rebeca también alzó sus ojos, y vio a Isaac, y descendió del camello; porque había preguntado al criado: ¿Quién es este varón que viene por el campo hacia nosotros? Y el criado había respondido: Éste es mi señor. Ella entonces tomó el velo, y se cubrió. Entonces el criado contó a Isaac todo lo que había hecho.”
v La función del siervo (el Espíritu Santo) fue llevar a la Novia (la Iglesia) a la presencia de Isaac (el Hijo), y prepararla para su encuentro con el Amado. Igual hace hoy el Espíritu Santo con nosotros: prepararnos para el encuentro con nuestro Señor, por medio de:
Ø La Palabra (que el Espíritu nos enseña) hermosea el rostro.
Ø Además, Su presencia en nosotros, nos imparte el fruto del Espíritu (amor, gozo. paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio, Gal 5:22-23), que es el “incorruptible adorno de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios” (1 Ped 3:4).
§ Pro 15:13 “El corazón gozoso alegra el rostro, pero en la tristeza del corazón se quebranta el espíritu.”
§ Núm 6:24-26.    'El SEÑOR te bendiga y te guarde;   el SEÑOR haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia;    el SEÑOR alce sobre ti su rostro, y te dé paz.'"
Ø La sabiduría (enseñanza y acción: obediencia) que nos imparte el Espíritu Santo como maestro y guía es adorno en nuestra cabeza.
§ Ecl 8:1 “... La sabiduría del hombre ilumina su faz y hace que la dureza de su rostro cambie.”
 
v El Espíritu Santo, si se lo permitimos, si nos sometemos a Su Dirección, sin lugar a dudas nos va a guíar al encuentro con el Señor, nuestro Amado.
Ø Gén 24:61 Y se levantó Rebeca con sus doncellas y, montadas en los camellos, siguieron al hombre. El siervo, pues, tomó a Rebeca y partió.
Ø Gén 24:64-65. Rebeca alzó los ojos, y cuando vio a Isaac, bajó del camello,   y dijo al siervo: ¿Quién es ese hombre que camina por el campo a nuestro encuentro? Y el siervo dijo: Es mi señor. Y ella tomó el velo y se cubrió.
Ø El Espíritu Santo siempre nos va a revelar al Padre y al Hijo, no hablará por su propia cuenta, y también nos revelará Sus planes y propósitos para nosotros (Jn 16:13-15, 1 Cor 2:9-12). Y en la medida en que más conocemos al Padre y al Hijo, y Sus planes y propósitos para nosotros, nos damos cuenta de cuán grande Amor el de Dios para nosotros, y por ende, no podemos responder de otra manera que amándole a Él (1 Jn 4.19) con todas nuestras fuerzas (Mat 22:37).
Ø En ese proceso, nuestro amor hacia el Señor va cambiando, tal como el de una Novia por su Amado, como nos lo enseña el Libro de Cantares en las expresiones que la Novia va teniendo para expresar su relación con Su Amado. Vamos transitando el camino de un amor inmaduro (egoísta) hacia un amor maduro, incondicional, centrado solamente en Él, donde nosotros ya no importamos sino solamente importa Él.
§ “Mi amado es para mí” (Cant 1:13).
§ “Mi amado es mío y yo suya” (Cant 2:16).
§ “Yo soy de mi amado y mi amado es mío” (Cant 6:3).
§ “Yo soy de mi amado (Cant 7.10).
Ø Este amor maduro, centrado en Cristo es lo que lleva a Pablo a expresar: “Ya no vivo yo, Cristo vive en mí” (Gal 2:20).
Ø Y todo ello es dirigido por el Espíritu Santo que transforma nuestro corazón gradualmente por el Amor, el Amor que cubre multitud de faltas (1 Ped 4:8, 1 Cor 13:4-8), el Amor que nos guía al arrepentimiento (Rom 2:4).
 
v Nos preserva o guarda para que no regresemos al mundo. "Y Abraham le dijo: Guárdate que no vuelvas a mi hijo allá." (Gén 24:6).
Ø Efe 1:13-14. En El también vosotros, después de escuchar el mensaje de la verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído, fuisteis sellados en El con el Espíritu Santo de la promesa,    que nos es dado como garantía de nuestra herencia, con miras a la redención de la posesión adquirida de Dios , para alabanza de su gloria.
Ø Rom 8:23 Y no sólo ella , sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, aun nosotros mismos gemimos en nuestro interior, aguardando ansiosamente la adopción como hijos, la redención de nuestro cuerpo.
Ø El Espíritu Santo tiene la asignación de parte de Dios de usar todos los medios a Su alcance para evitar que nosotros podamos perder esa salvación tan grande que El nos ha dado y nuestro destino eterno. Para ello, para mantenernos en el camino, usa de muchas formas, algunas de las cuales son.
§ La Espada del Espíritu que es la Palabra de Dios (Efe 6:17), que como espada de dos filos penetra en nuestro interior para discernir los pensamientos y las intenciones del corazón (Heb 4:12) y que nos redarguye, confronta, corrige (2 Tim 3:16-17).
§ Se contrista: se enoja contra el pecado y la maldad en nosotros, haciéndonos sentir incómodos, muy incómodos, dándonos convicción de pecado y guiándonos al arrepentimiento
· Efe 4:30. “Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.”
· 2 Cor 7:11. “Porque he aquí, esto mismo de que hayáis sido contristados según Dios, ¡qué solicitud produjo en vosotros, qué defensa, qué indignación, qué temor, qué ardiente afecto, qué celo, y qué vindicación! En todo os habéis mostrado limpios en el asunto.”
 
v El siervo actuó diligentemente en el cumplimiento de la comisión que Abraham le asignó:
Ø Gén 24:17. ”Entonces el siervo corrió a su encuentro.....”
Ø Gén 24:33. “...No comeré hasta que haya dicho el propósito de mi viaje.”
Ø Gén 24:56. “...No me detengáis, puesto que el SEÑOR ha dado éxito a mi viaje; enviadme para que vaya a mi señor.”
Ø De la misma manera el Espíritu Santo hace Su obra maravillosa de transformación en nosotros de una manera diligente, cada día, paso a paso y buscando siempre el mejor interés de nosotros, con paciencia, con benignidad, con propósito.
§ Fil 1:6. “estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo;”
§ Isa 11:2-3. “Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová. Y le hará entender diligente en el temor de Jehová. No juzgará según la vista de sus ojos, ni argüirá por lo que oigan sus oídos;”
 
 
 
¿Que necesitamos hacer para que todo eso sea realidad en nuestra vida?
 
Básicamente lo que necesitamos es la convicción de entregarle nuestro corazón completo al Señor, sin limitaciones, sin medida, total y completamente, lo que implica:
v Reconocer que Dios es bueno, realmente bueno, que Sus planes para nosotros son mejores que los nuestros, que sus bendiciones no se comparan a las que pueden resultar de nuestros propios esfuerzos. Ante ello, lo siguiente obvio es renunciar a nuestros planes, gustos, preferencias, por los mejores de Él (Prov 16:25 Vrs Jer 29:11). Sin esa renuncia, vamos a estar frecuentemente batallando entre seguir Sus planes y seguir los de nuestra carne, teniendo doble ánimo, y quién así procede no puede esperar nada del Señor.
Ø Sant 1:6-8. “Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor. El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos.”
Ø Sant 4:5-8. “¿O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente? Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros. Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones.”
v Como consecuencia de lo anterior, necesitamos purificar nuestros corazones de todo pecado, confesándolos y pidiendo perdón a Dios por ello, pidiéndole al Espíritu Santo que además de darnos convicción de pecado (Jn 16:8), nos de la sabiduría para hacer morir por Él las obras de la carne (Rom 8:13) y nos comprometamos con la obediencia a las indicaciones de Él con respecto al pecado.
Ø Deut 30:19-20. “A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia; 20amando a Jehová tu Dios, atendiendo a su voz, y siguiéndole a él; porque él es vida para ti, y prolongación de tus días; a fin de que habites sobre la tierra que juró Jehová a tus padres, Abraham, Isaac y Jacob, que les había de dar.”
v Poner nuestros pensamientos en las cosas del Espíritu: la Palabra y la comunión con Él (Rom 8:5-9).
Ø Prov 4:20-27. “Hijo mío, está atento a mis palabras; inclina tu oído a mis razones. No se aparten de tus ojos; guárdalas en medio de tu corazón; porque son vida a los que las hallan, y medicina a todo su cuerpo. Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida. Aparta de ti la perversidad de la boca, y aleja de ti la iniquidad de los labios. Tus ojos miren lo recto, y diríjanse tus párpados hacia lo que tienes delante. Examina la senda de tus pies, y todos tus caminos sean rectos. No te desvíes a la derecha ni a la izquierda; aparta tu pie del mal.”
Ø Sal 1:1-3. “Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará.”
Ø Fil 4:8. “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.”
v Creer lo que la palabra dice del Espíritu y que hará lo que dice que hará: Maestro, Guía, Consolador, Ayudador (el justo vivirá por la fe, Rom 1:16-17, Hab 2:4)
Ø 2 Cro 20:20. “Y cuando se levantaron por la mañana, salieron al desierto de Tecoa. Y mientras ellos salían, Josafat, estando en pie, dijo: Oídme, Judá y moradores de Jerusalén. Creed en Jehová vuestro Dios, y estaréis seguros; creed a sus profetas, y seréis prosperados.”
Ø Isa 30:15. “Porque así dijo Jehová el Señor, el Santo de Israel: En descanso y en reposo seréis salvos; en quietud y en confianza será vuestra fortaleza. Y no quisisteis,”
v Poner en acción Su dirección (desarrollar un corazón obediente); Moisés, por la fe, obedeció (Heb 11:8).
Ø 2 Cor 10:3-6. “Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; 4porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, 5derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo, 6y estando prontos para castigar toda desobediencia, cuando vuestra obediencia sea perfecta.”
Ø Rom 6:16-18. “¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia? Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados; y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia.”
 

07 Abr 2016