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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

El Espíritu Santo: Paloma.



REPRESENTACIONES DEL ESPÍRITU SANTO.
 
 
 
PALOMA.
 
Mat 3:16 Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él.
 
Gen 1:2: “La tierra estaba desordenada y vacía y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas”.
 
Gen 8:8-12. Envió también de sí una paloma, para ver si las aguas se habían retirado de sobre la faz de la tierra. Y no halló la paloma donde sentar la planta de su pie, y volvió a él al arca, porque las aguas estaban aún sobre la faz de toda la tierra. Entonces él extendió su mano, y tomándola, la hizo entrar consigo en el arca. Esperó aún otros siete días, y volvió a enviar la paloma fuera del arca.
Y la paloma volvió a él a la hora de la tarde; y he aquí que traía una hoja de olivo en el pico; y entendió Noé que las aguas se habían retirado de sobre la tierra. Y esperó aún otros siete días, y envió la paloma, la cual no volvió ya más a él.
 
En Gen 1.2, algunas versiones traducen que el Espíritu de Dios “aleteaba” sobre la superficie de las aves (tipo de un ave). La palabra hebrea que se traduce se movía, también se usa en Deut 32:11 para describir un ave que revolotea sobre sus polluelos. Por lo tanto, la imagen del Espíritu de Dios que se movía sobre la faz de las aguas es similar a un pájaro que protege a sus polluelos (véanse Deut 32:11-12; Isa 31:5). En esta descripción el Espíritu de Dios se movía —literalmente, continuaba cubriéndola-- como hace el ave empollando los huevos, preparando todos los elementos que yacían muertos, vacíos, desordenados, en tinieblas, para combinarlos, arreglarlos y prepararlos, adaptándolos para ser una nueva creación. Y eso es exactamente lo que hace el Espíritu Santo en nuestra vida, en primer lugar, cuando nos conduce a reconocer el Señorío de Cristo en nuestras vidas y con ello a la salvación y a la regeneración (nuevo nacimiento), y en segundo lugar, guiándonos a lo largo de nuestra vida como hijos e hijas de Dios para renovar nuestro entendimiento (pensamientos, sentimientos, emociones, decisiones, acciones) y conformarnos a la imagen de Cristo. Así como, por medio de su acción en unidad con el Padre y el Hijo (el Verbo de Dios) convirtieron un mundo vacío, desordenado y en tinieblas en un mundo luminoso y colorido, lleno de vida, así convierte nuestra vida vacía, desordenada y en tinieblas en una vida ordenada, plena y llena de la Luz de Dios.
 
En Gen 8:8-12 podemos observar, en forma de figura a través de los tres viajes de la paloma que Noé envía desde el Arca (y asumiendo que Noé y el arca son figura de la presencia de Dios y la paloma es figura del Espíritu Santo), las tres dispensaciones del Espíritu Santo desde la Creación hasta el tiempo actual de la Iglesia:
v La primera correspondiente al Antiguo Testamento, en la que el Espíritu Santo venía sobre personas por momentos, para capacitarlos o empoderarlos para una determinada acción delegada por Dios (profetizar, guiar al pueblo, etc.). Salía de Dios y regresaba.
v La segunda correspondiente al Ministerio Terrenal de Cristo, cuando vino a Él, estuvo con Él y sobre Él para su ministerio de reconciliación del mundo con Dios (la rama u hoja de olivo en el pico es símbolo de reconciliación) (Mat 3:16, Luc 4:18-19)
v La tercera correspondiente al tiempo de la Iglesia, inaugurado en Hch 1:8, cuando es enviado por el Padre y por el Hijo a morar de manera permanente en cada uno de los hijos e hijas de Dios.
 
La paloma, a lo largo de los siglos y en culturas muy diferentes, por lo general ha tenido siempre un simbolismo o connotación benigna y/o positiva, y relacionada con el mundo espiritual y/o los dioses (candor, sencillez, inocencia, paz, armonía). En el mundo y la sociedad globalizada actual, la paloma blanca con una rama de olivo en su pico, es el símbolo de la paz y la pureza, inmortalizada por Pablo Picasso en su obra “La paloma de la paz” (1).
En la Biblia, como ya lo pudimos observar en las Escrituras mencionadas anteriormente, no es la excepción. La representación del Espíritu Santo como paloma, implica la indicación de características del Espíritu Santo que corresponden a esta ave, algunas de las cuales son: amor, maternidad, paz, inocencia y pureza, benignidad y bondad.
 
 
El Espíritu Santo y el Amor.
Dios es amor (1 Jn 4:8) y como Persona de la Trinidad, el Espíritu Santo tiene Su misma esencia: amor. Ese amor se manifiesta de muchas maneras, como en Sant 4:5: “¿O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente?” De hecho, la Palabra nos enseña que el fruto del Espíritu es amor (Gal 5:22).
Una de las funciones claramente indicadas del Espíritu Santo en la Palabra es la de derramar el amor de Dios en nuestros corazones (Rom 5:5).
Es precisamente el amor que el Espíritu Santo nos tiene (Sant 4:5) que cuando por alguna razón pecamos o fallamos delante de Dios se contrista (Efe 4:30), es decir, se molesta, se enoja (Efe 4:25-32, Sant 4:1-10) y comienza su trabajo de convencernos de pecado (Jn 16:8) para que nos arrepintamos y volvamos a Él para vivir una vida de comunión y de bendición junto a Él.
v Rom 5:5. y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.
v Efe 4:25-32. Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros. Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo. El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad. Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes. Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.(I)
v Sant 4:1-10. ¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites. ¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios. ¿O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente? Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros. Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones. Afligíos, y lamentad, y llorad. Vuestra risa se convierta en lloro, y vuestro gozo en tristeza. Humillaos delante del Señor, y él os exaltará.
 
 
El Espíritu Santo y el carácter Maternal.
Dios, el Creador de todo lo que existe, cuando crea la naturaleza, pone en ella la meta de la reproducción, de la maternidad. Todo debe reproducirse, y una parte muy importante de ella está a cargo de la mujer, en el caso del ser humano, y de las hembras en el caso de los animales (terrestres, marinos y aves) y de la parte femenina de las plantas.
En el caso del ser humano, cuando Dios lo crea a Su imagen y semejanza (Gen 1:26-27), lo crea varón y hembra. Ello implica, que tanto las características que Él determina en el varón como las que determina para la mujer provienen de Él, por lo que podemos decir que en Dios se manifiestan tanto las características varoniles como femeninas. La persona del Padre y la del Hijo hacen hincapié y/o enfatizan en las características varoniles de la deidad (protección, provisión, seguridad, dirección, visión, etc.), entre tanto que la persona del Espíritu Santo hace hincapié y/o enfatiza las características de Dios asignadas a la mujer (generador y sustentador de vida, consolador, maestro e instructor, ayudador, restaurador, cuidador, ternura, afectividad, etc.).
“La paternidad humana expresa una necesidad que se encuentra en Dios Padre. La maternidad humana tiene su expresión en el Espíritu Santo, y la fraternidad, y la más elevada e íntima comunión del esposo y la esposa, se encuentran expresadas en Cristo, el Hijo de Dios, nuestro hermana y nuestro esposo” (2).
En muchas de las alusiones que la Palabra hace del Espíritu Santo, el lenguaje que emplea es claramente una alusión al cuidado de los niños en el hogar, comparando la actitud consoladora del Espíritu Santo con el cuidado de una madre por sus hijos (Isa 66:13). De hecho, cuando el Espíritu Santo viene a nosotros los y las creyentes, una de las cosas que suceden en nuestro interior es una inclinación hacia el cuidado de nuestros hermanos y hermanas que están recién nacidos en la fe con un cuidado maternal tal como lo menciona Pablo en 1 Tes 2:7-8: “Antes fuimos tiernos entre vosotros, omo la nodriza que cuida con ternura a sus propios hijos. Tan grande es nuestro afecto por vosotros, que hubiéramos querido entregaros no sólo el evangelio de Dios, sino también nuestras propias vidas; porque habéis llegado a sernos muy queridos.”
 
v El Espíritu Santo: dador de vida.
Ø Job 33:4. El espíritu de Dios me hizo, y el soplo del Omnipotente me dio vida.
Ø Jn 3:3-6. Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.
Ø Jn 3:8. El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.
 
v El Espíritu Santo: sustentador de vida.
Ø Tit 3:5. nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo,
 
v El Espíritu Santo: consolador.
Ø Jn 14:16. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre:
 
v El Espíritu Santo: maestro e instructor.
Ø Jn 14:26. Más el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.
Ø Jn 15:26. Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí.
Ø Rom 8:14. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.
 
v El Espíritu Santo: ayudador.
Ø Rom 8:26. Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.
 
v El Espíritu Santo: restaurador y cuidador.
Ø Luc 4:18-19. El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres (abatidos); me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor.
 
v El Espíritu Santo: ternura y afectividad.
Ø Sant 4:5: ¿O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente?
Ø Gál 5:22. Mas el fruto del Espíritu es amor,….
Ø Cnt 2:4 Me llevó a la casa del banquete, y su bandera sobre mí fue amor.
Ø Cnt 2:13-14. La higuera ha echado sus higos, y las vides en cierne dieron olor; levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y ven. Paloma mía, que estás en los agujeros de la peña, en lo escondido de escarpados parajes, muéstrame tu rostro, hazme oír tu voz; porque dulce es la voz tuya, y hermoso tu aspecto.
 
 
El Espíritu Santo y la Paz.
La paz, en el contexto bíblico, es el resultado de una relación correcta, dinámica, cercana, entre Dios y el ser humano (Num 6:26, Rom 5:1), y cuyos resultados son tranquilidad, sosiego, amistad, liberación de molestias, orden, etc. La Palabra nos enseña que ella es el resultado de guardar la Palabra y Sus enseñanzas (Isa 48:18). El Señor Jesucristo, la noche antes de su muerte, estando con los discípulos les prometió que Él les daría Su paz a ellos (y a todos sus seguidores en el futuro) al mismo tiempo que les anunciaba que les enviaría otro Consolador, el Espíritu Santo (Jn 14:26-27). El Evangelio es el anuncio de que hay paz con Dios y entre los hombres por medio de Jesús (Hch 10:36) y ofrece una paz que sobrepasa todo entendimiento humano (Fil 4:7) que es fruto del Espíritu Santo (Gal 5:22). Donde quiera que el Espíritu Santo esté y se le dé el control, allí abra y se manifestará evidentemente la paz.
v Gal 5:22. Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,
v Rom 8:6. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz.
v Rom 14:17. porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.
v Rom 15:13. Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo.
v Efe 4:3. solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz;
 
 
El Espíritu Santo y la inocencia y pureza.
La inocencia como la pureza con estados del alma que está limpia de culpa por algún delito, falta o mala acción. Y obviamente, el Espíritu Santo es inocente y puro, y como resultado de Su presencia en nosotros, de Su dirección (aunque muchas veces no seamos conscientes de ella) y porque Él es quién convence de pecado, de justicia y de juicio, nos conduce a arrepentirnos y pedir perdón por nuestros pecados y faltas, de tal manera que nuestra alma vuelva a la inocencia y pureza de los que han sido lavados y limpiados de toda maldad. Y no solo ello, sino que nos empodera para hacer morir las obras de la carne en nosotros para conservar esa inocencia y pureza.
En la enseñanza de Jesús, y con la venida del Espíritu Santo para guiarnos, el significado de inocencia y pureza se eleva a lo moral y espiritual, llegando a ser el estado del corazón de completa devoción a Dios, sin otros intereses, mezcla de motivos, doble ánimo o hipocresía tal como lo expresan Mat 5:8 y Mar 7:14-23. Pureza es equivalente a espíritu de renuncia y de obediencia que sujeta todo pensamiento y acción a Jesucristo (2 Cor 10:4-6), lo cual solo puede ser logrado por la obra del Espíritu Santo en nosotros (Hch 1:8).
Una característica muy significativa de la paloma, en cuanto a estas cualidades del Espíritu Santo principalmente la pureza y/o limpieza, es que su plumaje no puede mancharse cuando tiene contacto con agua sucia o con el fango, porque está protegida por una capa aceitosa que lo impide (3).
v Rom 8:13. porque si vivís conforme a la carne, moriréis; más si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis.
v Col 3:5-15. Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia, en las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando vivíais en ellas. Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca. No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó (el Espíritu Santo) se va renovando hasta el conocimiento pleno, donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos. Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto. Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos.
v 1 Ped 1:13-22. Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado; como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo. Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación; sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros, y mediante el cual creéis en Dios, quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios. Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro;
v 2 Cor 6:6. en pureza, en ciencia, en longanimidad, en bondad, en el Espíritu Santo, en amor sincero,
v Gál 5:25. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu.
 
 
El Espíritu Santo y la benignidad y bondad.
Lo benigno comunica la idea de lo bueno, beneficioso, favorable, correcto, lo que es deseable, conveniente o bello, en cualquier esfera de la vida. Se emplea en sentido moral en contraste con lo malo. En otras palabras, lo bueno. Es en cierta forma una calidad del alma, interior, en contraste con la bondad, que es una cuestión práctica, la inclinación a hacer el bien, un interés activo en el bienestar de otros, que se equivale en cierta forma a condescendencia y/o filantropía.
La benignidad de Dios –paciencia que implica en cierta forma un diferimiento de la acción-- es la que nos lleva al arrepentimiento (Rom 2:4), en tanto que Su bondad se manifestó de manera suprema en la persona y obra de nuestro Señor Jesucristo (Efe 2:7).
Ambas, benignidad y bondad, son fruto del Espíritu Santo.
v 2 Cor 6:6. en pureza, en ciencia, en longanimidad, en bondad, en el Espíritu Santo, en amor sincero,
v Gál 5:22. Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,
v Efe 5:9. (porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad),
v Efe 4:30-32. Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.
 
 
(1) Ver Wilkipedia, artículo relacionado con la paloma bajo el título de “Columbidae”.
(2) “El Poder de lo Alto”, A. B. Simpson, Editorial Clie, página 12, versión electrónica.
“El Poder de lo Alto”, A. B. Simpson, Editorial Clie, página 15, versión electrónic

07 Abr 2016