Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Adoraciòn.



Ninguna persona tiene la capacidad de llevarnos a la presencia de Dios, solo la Sangre de Cristo. Démosle la gloria a Quién le pertenece (Doris Caballeros).

Un músico toca un instrumento. Un adorador toca el corazón de Dios (Jn 4:23-24).

La verdadera adoración es vivir una vida absolutamente enfocada en Dios, en obedecerle, en hacer Su Voluntad en todo, en que todo lo que hagamos sea para agradarlo a Él, en tener un corazón agradecido hacia Él todo el tiempo. Es hacia ella que necesitamos tender todo el tiempo, es crecer en ello lo que necesita ser nuestro enfoque primordial de vida (Jn 4:23-24) aunque a veces fallemos. Dios no ve lo que ven las personas, Dios ve el corazón (1 Sam 16:7).

Aunque la adoración incluye el canto y la música, ni solo ellos son adoración, ni todo lo que cantamos y tocamos lo es.

La adoración es buscar a nuestro Dios y Padre en toda Su gloria, en toda Su esencia. No es buscar sus bendiciones (que vendrán por añadidura) sino buscar Su Persona (Amo 5:4).

Adoración es darle a nuestro Dios y Padre la prioridad en todo lo que hacemos. (Col 3:22-24).

Adoración es enfocarnos en tratar de obedecer a Dios en todo momento y en toda circunstancia (1 Ped 1:13-18).

Adoración es estar agradecido con Dios todo el tiempo y por todas las cosas porque todo obra para bien de los que le amamos (Rom 8:28-29).

Adoración es enfocarnos en tratar de hacer la voluntad de Dios en todo (Mat 7:21).

La adoración es enfocarme en tratar de cambiar el eje de mi vida de lo que quiero a lo que Dios quiere. Es quitar mis ojos de mi y ponerlos en Él en toda circunstancia (Jn 3:30).

La adoración es un proceso gradual de crecimiento de morir a mi mismo para que Él, real, genuina y verdaderamente, viva y se manifieste en mi (Jn 3:30).

No hay servicio más alto o importante que podamos hacer por Dios que adorarle (Jn 4:23-24) en la hermosura de Su Santidad (Sal 29.2).

La más alta o importante ocupación que el ser humano puede tener en su vida es cumplir el deseo y la voluntad de Dios en todo; ello es adoración (Jn 4:23-24).

La meta más alta o importante en la vida de cada ser humano es la de pasar de la adoración ocasional a la adoración permanente, de la adoración intermitente a la permanente (Jn 4:23-24).

La adoración es quitar mi mirada de lo terrenal y temporal y ponerla en lo celestial y eterno, en mi Dios y Padre (Col 3:2).

Adoración es ver lo circunstancial, lo temporal, lo terrenal, a través de los ojos de Dios (Heb 11:1, Heb 11:3, 1 Cor 13:4-8).

Adoración es decirle a Dios, no lo que yo quiero, sino preguntarle a Él lo que Él quiere que yo haga (Hch 9:6).

La cantidad, calidad e intensidad de mi adoración refleja la cantidad, calidad e intensidad de mi relación con mi Padre y mi convicción acerca de mi destino final.

Si la eternidad no es mi perspectiva final para todas las cosas (o la mayoría por lo menos) aún soy terrenal (mayoritariamente). Necesito seguir muriendo a mi mismo constantemente (Jn 3:30, Col 3:2, Mat 16:24).

Ser salvo y ser un adorador no es lo mismo. El salvo ha tenido un encuentro con la gracia y la misericordia de Dios; el adorador ha tenido un encuentro con el Dios de la gracia y la misericordia.

Un adorador ve a Dios en medio de todas las circunstancias de su vida.

La adoración es un encuentro con la majestuosa presencia de nuestro Dios y Padre.

Hoy el interés es más el de adorar a Dios a nuestra manera (emocionalismo) en lugar de la manera como Él quiere que le adoremos (obediencia) (Prov 16:25, Prov 3:5-8).

Los juicios de Dios a Israel y Judá que nos describen los profetas fueron porque su adoración era incorrecta: era ritualmente correcta pero sin la actitud del corazón y de vida adecuada (procurar la obediencia siempre, en todo) (Prov 16:25).

Obediencia es adoración, no asistencia, ni ritualismo, ni forma, ni emoción. "¿Porque me dicen Señor (o dicen que me adoran como Señor) y no me obedecen?" (Luc 6:46, Mat 7:24-27).

La verdadera adoración se refleja en un estilo de vida permanente, 24 horas al día, que trata de agradar a Dios. La verdadera adoración es una vida consagrada al máximo al Señor, que todo lo hace para El, en obediencia a El, en todo tiempo, en todo lugar (Jn 4:23, Col 3:22-24).
 
Música y/o canto puede hacer cualquier persona con un poco de talento, pero adoración solo aquellos cuyo corazón está arrepentido y humillado delante de Dios y le aman y agradecen con todo su corazón. Y fuimos llamados a ser adoradores, no a hacer música ni canciones.
 
La alabanza es el reconocimiento agradecido a Dios por lo que El hace, en tanto que la adoración es el reconocimiento que le damos a El por quién El es, y como resultado de ello, cuando la adoración es genuina, desemboca en una rendición y consagración total a El en todas las áreas de la vida y en todos los instantes.
 
Sin un corazón agradecido no puede haber verdadera alabanza ni verdadera adoración.

Alabar y adorar es nuestro supremo lenguaje de amor a Dios.
 
Hay dos tipos de alabanza y adoración: la que hacemos eventualmente, y la que se convierte en un estilo de vida continuo (Su alabanza estará de continuo en mi boca, en todo tiempo alabaré a Jehová, Sal 34:1, Jn 4:23).
 
Las maravillas de la naturaleza que nos rodean (clima, geografía, flora, fauna, etc.), deberían precipitar nuestra alabanza al Dios Todopoderoso que la diseño e hizo para nosotros, y que además de ello, es nuestro Padre.
 
Nuestro trabajo es alabar a Dios, no a nosotros mismos.
 
El poder de Dios es razón más que suficiente para alabarlo.
 
Nuestro objetivo en la vida: honrar a Jesucristo en todo lo que hacemos. Ello es lo mismo que ser un adorador en Espíritu y en Verdad: en todo tiempo y lugar.
• Exo 19:6: “Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes y gente santa.”
• Jn 4:23: “Pero se acerca la hora, y ha llegado ya, en que los verdaderos adoradores rendirán culto al Padre en Espíritu y en Verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren.”
• Sal 37:4. “Deléitate en Jehová y El te concederá las peticiones de tu corazón.”

23 Jun 2017
Referencia: Adoración.