Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Crítica, juicio.



Así como la mentira es mentira aunque le den el calificativo de “piadosa”, así la crítica es crítica aunque le den el calificativo de “constructiva”. No hay forma en que la crítica construya. Es un dardo de fuego lanzado al centro del corazón para causar, aunque sea de manera inconsciente, daño.
 
Es impresionante observar como aquellos que ayer recibieron una revelación fresca de la Palabra, por la que fueron rechazados, criticados y perseguidos, hoy pretenden convertirse en los “verdugos” de otros que están recibiendo, como ellos en su tiempo, una revelación fresca de la Palabra para este tiempo.
 
Necesitamos permitir que el Espíritu Santo nos convierta en odres nuevos todo el tiempo, nos renueve.
 
Dios no nos ha llamado a ver como edifican los demás y juzgarlos sino que “cada uno mire como sobreedifica” (1 Cor 3.10).
 
Si no me parece lo que hacen los demás o no estoy de acuerdo con lo que dicen, simplemente no lo hago y ya.

Señalar lo que otros hacen equivocadamente (frutos) si lo podemos hacer (por sus frutos los conocerán). Especular sobre los motivos del corazón eso es juzgar, y ello solo le corresponde al Señor.

No hemos sido llamados a ser jueces del corazón y/o los motivos de los demás ni a criticarlos a menos que evidentemente sean enemigos de la Cruz de Cristo. Uno solo es el juez.

En el Cuerpo de Cristo hay muchos que constantemente están juzgando lo que otros hermanos predican y/o hacen porque no están de acuerdo con ello y literalmente “tiran” sus críticas y comentarios al internet con una facilidad que asusta. La Biblia no nos ha llamado a eso. Sant 4:12 dice: “¿Quién eres tú para que juzgues a otro”.
 
La lámpara del cuerpo es el ojo; si lo que nuestros ojos ven es luz, todo nuestro cuerpo estará lleno de luz. Pero si lo que vemos es lo malo, todo nuestro cuerpo estará lleno de lo malo. (Mat 6:22). "Lámpara es a mis pies Tu Palabra, y luz para mi camino". (Sal 119.105).
 
"Pensemos en todo lo verdadero, en todo lo que es digno de respeto, en todo lo recto, en todo lo puro, en todo lo agradable, en todo lo que tiene buena fama. Pensemos en todo lo bueno y que merece alabanza" (Fil 4:8).
 
Es impresionante como los seres humanos perdemos la perspectiva de la realidad en nuestra relación con las demás personas. Cuando vienen los problemas, que son inevitables en las relaciones entre seres humanos, nuestra tendencia es a juzgar eventos, no procesos. A juzgar instantes, momentos, circunstancias, no toda la historia de la relación.
 
Jesús no fue juzgado por sí mismos, sino por los pensamientos del corazón de los fariseos. De haber sido juzgado por sí mismo hubiera sido total y completamente inocente. Pero el corazón de los fariseos, lleno de ceguera, no podía emitir ningún otro veredicto que no fuera un veredicto ciego. Su engañoso corazón los engañó totalmente.
 
Las palabras ni los hechos de Jesús, durante toda su vida, fueron suficientes para vencer la maldad del corazón de los fariseos. El juzgado no fue Jesús, fue la maldad del corazón de los que lo condenaron. Por ello, Jesús no abrió su boca. No era Él el que estaba siendo juzgado, eran ellos. No era Él el que tenía que defenderse, eran ellos.

23 Jun 2017