Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Valor espiritual del trabajo.



El valor espiritual de nuestro trabajo diario.



Introducción.

En la cultura cristiana, por lo general, el trabajo es visto como una actividad secular, sin valor espiritual, resultado de la necesidad de buscar los recursos necesarios para suplir nuestras necesidades básicas, o de obtener más recursos para mejorar nuestro nivel de vida.

Sin embargo, en la Palabra de Dios encontramos que el trabajo, si bien es cierto es una actividad dirigida a proveer los recursos necesarios para suplir nuestras necesidades y mejorar nuestro nivel de vida, es una actividad de carácter espiritual, diseñada por Dios para desarrollar Su imagen en nosotros, y que constituye la voluntad de Dios para todos los hombres y las mujeres (aún los no creyentes), independientemente del tipo de actividad que cada uno realicemos. Y como creyentes, el trabajo se convierte para nosotros en un llamado ministerial, en un llamado misionero, aún cuando lo realicemos en el campo secular.

Nuestro objetivo con este estudio es llegar al entendimiento y valorización del trabajo, en cualquier lugar y en cualquier ámbito, como un ministerio que Dios nos ha asignado, de igual valor al trabajo eclesiástico.


Versículo clave.

Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra. (Gen 1:27-28).


Versículos de apoyo.

Gen 9:1-3; Mat 25:14-20; 2 Tes 3.10; Efe 6:5-8; Col 3:23-24.


Desarrollo del tema.

En Gen 1:1-31, encontramos a Dios creando todas las cosas en el cielo y en la tierra. En esa actividad creativa, lo que Dios está haciendo es trabajando. Y hasta la fecha Dios no ha dejado de trabajar, dirigiendo y administrando el universo que El creó. Jn 5:17 dice: “Y Jesús les respondió: Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo.”

Y como Dios es el mismo ayer, hoy y por los siglos (1 Cor 12:6, Heb 13:8), podemos deducir entonces que El sigue trabajando. La Palabra nos dice que nosotros fuimos hechos a la imagen de Dios (Gen 1:27), de tal manera que parte de la imagen de Dios en nosotros es trabajar. Por eso la Palabra también dice que: “Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma” (2 Tes 3:10).

La forma de pensar dentro de la Iglesia ha separado el trabajo en eclesiástico y secular, caracterizando el trabajo eclesiástico como espiritual y el secular como mundano y no espiritual. Pero esta separación y caracterización en nada corresponde a lo que la Biblia enseña, porque Dios siendo espiritual, cuando desarrolló el trabajo de la Creación, creó todas las cosas naturales, trabajo produciendo cosas naturales, sin dejar de ser espiritual. En consecuencia, el trabajo en lo natural y en las cosas naturales, no necesariamente deja de ser espiritual, principalmente cuando lo realizamos como para Dios: “Siervos, obedeced en todo a vuestros amos terrenales, no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino con corazón sincero, temiendo a Dios. Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís.” (Col 3:22-24).

Por otro lado, Jesús, antes de iniciar lo que podríamos llamar la etapa eclesiástica de Su Ministerio, trabajó como carpintero, no solo bajo las órdenes de su papá terrenal José (Mat 13:55), sino independientemente (Mar 6:3).

Mat 13:55: “¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos, Jacobo, José, Simón y Judas?”

Mar 6:3: “¿No es éste el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros sus hermanas? Y se escandalizaban de él.”

Pedro y Andrés, Juan y Jacobo, antes de ser llamados a seguir al Señor, estaban trabajando en sus empresas de pesca:

“Andando Jesús junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres. Ellos entonces, dejando al instante las redes, le siguieron. Pasando de allí, vio a otros dos hermanos, Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano, en la barca con Zebedeo su padre, que remendaban sus redes; y los llamó. Y ellos, dejando al instante la barca y a su padre, le siguieron.” (Mat 4:18-22).

También Mateo, cuando el Señor lo llamó a seguirlo estaba trabajando como empleado gubernamental recaudando impuestos.

“Pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y se levantó y le siguió.” (Mat 9:9).

Seguramente, siguiendo el principio que nos enseña Jesús en la parábola de los talentos, porque ellos fueron fieles en sus trabajos como carpinteros, pescadores y recaudadores de impuestos, fueron llamados a trabajar en el ministerio eclesiástico.

Mat 25:21: “Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.”

Pablo, cuando predicaba el Evangelio, también trabajaba haciendo tiendas:

“Después de estas cosas, Pablo salió de Atenas y fue a Corinto. Y halló a un judío llamado Aquila, natural del Ponto, recién venido de Italia con Priscila su mujer, por cuanto Claudio había mandado que todos los judíos saliesen de Roma. Fue a ellos, y como era del mismo oficio, se quedó con ellos, y trabajaban juntos, pues el oficio de ellos era hacer tiendas. Y discutía en la sinagoga todos los días de reposo, y persuadía a judíos y a griegos.” (Hch 18.1-4).

Y la Palabra de Dios no nos enseña en ningún lado, que ellos trabajando en esos trabajos, fueran poco espirituales, o Dios no estuviera agradado con ellos.

David, un hombre de quién Dios dice en Hch 13:22: “He hallado a David hijo de Isaí, varón conforme a mi corazón, quien hará todo lo que yo quiero.”, nunca fue un trabajador dentro del templo, más bien, el todo el tiempo trabajó fuera del templo, como rey, sin embargo, Dios no lo critica, ni se siente desagradado de El, más bien, es todo lo contrario.”


Conclusión (reto personal y acción inmediata).

Podemos afirmar, entonces, sin ningún lugar a dudas, y basado en el testimonio de las Escrituras, que el trabajo, cuando se hace de acuerdo a la voluntad de Dios, no importa que hagamos: agricultura, fábricas, almacenes, en la casa, enseñanza, etc., es espiritual.

De tal manera que es necesario que cambiemos nuestra forma de pensar respecto a que lo que hacemos diariamente, nuestro trabajo en la agricultura, en alguna fábrica o almacén, o haciendo cualquier cosa que la Biblia no califique expresamente como pecado, no es un trabajo espiritual, y que solo el trabajo en la iglesia lo es, porque todo trabajo que hagamos, siempre que sea lícito y lo hagamos como para el Señor, es espiritual.

¿Y que vamos a hacer con ello? Pues, si somos consecuentes con la Palabra de Dios, a partir de ahora mismo, necesitamos comenzar a hacer nuestro trabajo no simplemente por hacerlo, sino de la mejor manera posible, haciendo nuestro mayor esfuerzo y con la mejor calidad que nos sea posible, no solo para cumplir con nuestros jefes o patrones, sino principalmente, para que Dios esté agradado con ello y El sea exaltado en todo lo que hacemos.


Oración final.

Padre Santo, en el Nombre de nuestro Señor Jesucristo, venimos delante de ti en este momento para pedirte que tú nos des la sabiduría y el entendimiento necesario para hacer cada día a partir de este momento, nuestro trabajo de la mejor manera posible a nuestro alcance, y haciendo de nuestra parte el mejor esfuerzo para que todo lo que hagamos sea agradable delante de Ti, y exalte tu Nombre.


22 Nov 2008
Referencia: Fundamentos.