Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

El testimonio del discípulo.



EL TESTIMONIO DEL DISCÍPULO (MAT 5:13-16) Y LA SAL.



Objetivos de la enseñanza.
Conocer la importancia que el Señor le da a nuestro testimonio.
Focalizar nuestro testimonio en aquellas áreas y cosas que para Dios son más relevantes.
Mejorar nuestra responsabilidad con respecto a nuestro testimonio para que este sea más efectivo para Dios.


La necesidad del testimonio.
Jesús nos estableció a todos los que creemos en Su Nombre para ser testigos de El en medio de un mundo incrédulo (Hch 1:8, Mat 28.18-20, Mar 16:15-18).
Nuestro testimonio es un arma efectiva para que las personas conozcan de Cristo y a Cristo (Mat 5:16).
De hecho, por nuestro testimonio, y por la unidad y el amor entre nosotros, conocerán que somos discípulos de El (Jn 13:35).


Testimonio e influencia.
El carácter cristiano se pone de manifiesto por medio de nuestro testimonio.
Nuestro testimonio es la fuente para influir en otros, en por lo menos dos sentidos: que sus vidas sean mejores de lo que podrían ser si nosotros no estuviéramos presentes (2 Tes 2:7), y que puedan ver una opción diferente para sus vidas en las nuestras (Jer 15.19).
Jesús establece la influencia de nuestro testimonio en otros con cuatro figuras: sal, luz, una ciudad sobre una colina y levadura.
Con estas figuras Jesús se refiere no a una actividad sino a una influencia.
Por ello es que el discípulo no se aparta de la sociedad, para poder influir en ella (Jn 17:14-18), aunque si hay una separación espiritual, por cuanto se diferencia de ella tanto en sus principios como en la práctica.


La sal.
La función de la sal es triple: preserva a los alimentos de la descomposición, les mejora el sabor, y los transforma.
El discípulo es sal en medio de un mundo que está corrompido por el pecado.
Cuando Jesús usa la figura de la sal para referirse al discípulo está enseñando que nuestra vida y nuestro testimonio como discípulos tienen una influencia preservante, una influencia diferenciadora y una influencia transformadora.


El discipulo como preservante.
Aunque cuando no seamos muy notorios, nuestra presencia evita el deterioro y la corrupción a nuestro alrededor, le restringe posibilidades de multiplicación, porque no nos aliamos con ella, por un lado, y porque por el otro lado, las personas ya no se sienten, en nuestra presencia, en total libertad de actuar corruptamente.
Así como la sal es enemiga de la corrupción y destruye los gérmenes y lucha contra las bacterias peligrosas, impartiendo salud a todo lo que toca, el discípulo es enemigo del pecado, lo estorba, se opone a él, y le imparte un carácter ético y moral a todo lo que hace.


El discipulo como diferenciador.
La sal es saborizante, y por ello, enemiga de lo insípido y le da a los alimentos un sabor diferenciado al que tendrían si no estuviera presente.
El discípulo que anda en íntima relación con su Señor no tendrá una personalidad pálida ni insípida. Como manifestará el fruto del Espíritu que es amor, gozo, paz, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio (Gal 5:22-23) inevitablemente absorberá y mostrará en creciente medida esas características distintivas de Su Señor dándole un tinte distinto a la vida a su alrededor.
La presencia de esas cualidades en su vida le dará a la vida a su alrededor un “sabor” diferente que el que le da la corrupción a la vida de los que no conocen a Cristo.


El discipulo como agente transformador de dios.
Por otro lado, la sal también tiene un efecto transformador al mezclarse con los alimentos
Dios nos enseño a orar para que el Reino de los Cielos se estableciera en la tierra y aquí se hiciera Su voluntad como en el cielo (Mat 6:10). La forma como ese Reino es establecido en la tierra es a través de la influencia transformadora de los discípulos.
De la misma manera que la sal transforma los alimentos, el creyente, en su permanencia en el mundo, y mezclándose con él, ejerce una influencia transformadora en el ambiente a su alrededor.
Muchas personas conocerán a Cristo por medio de su testimonio. Su estilo de vida les llamará a adoptarlo también.
Y al multiplicarse ese estilo de vida en otras personas a su alrededor, la vida en ese ambiente va a ir siendo transformada para asemejarse cada vez más al ideal de la vida del Reino (Rom 8:19-21, Col 1:15-20).
Por lo tanto el discípulo, al tener un efecto multiplicador, también tendrá un efecto transformador por añadidura.


La sal en el salero.
Al usar esta figura Jesús tácitamente condena el falso concepto de la separación del discípulo del mundo, porque la sal solo puede cumplir su función si tiene un contacto directo con los alimentos para sazonarlos y preservarlos.
Igualmente, el discípulo solo puede influir en el mundo y con los no cristianos, que es el propósito de Dios (Jer 15.19, Rom 8.19-21, Col 1:15-20) si tiene un contacto significativo con ellos (la sal en el salero no sirve de nada, aunque la iglesia hoy, en una buena parte, tiene mentalidad de salero).


La perdida de sabor de la sal (Mat 5:13).
El hecho de que la sal puede perder su sabor debe hacernos reflexionar.
El discípulo puede perder su influencia para Cristo en el mundo cuando permite que la impureza y los principios del mundo se infiltren en su vida espiritual, perdiendo poder para evitar que los que están a su alrededor sean arrastrados a la corrupción.
Es posible que retenga su blancura y brillantez pero le falte el efecto preservante.


Preguntas para autoevaluación.
¿Cuál es la importancia de nuestro testimonio?
¿Cuáles son las figuras que Dios utiliza para definir la importancia de nuestro testimonio?
¿Qué significa que somos la sal del mundo?
¿Qué significa la sal en el salero?
¿Cuáles son las tres funciones de la sal y cuál es su significado en relación con nuestro testimonio?
¿Qué significa que los discípulos seamos los agentes de la transformación de Dios?
¿Cómo está operando mi testimonio en mi casa y mi trabajo?
¿Qué áreas necesito mejorar para que mi testimonio en casa sea más efectivo?
¿Qué áreas necesito mejorar para que mi testimonio en el trabajo sea más efectivo?



23 Dic 2008
Referencia: Enseñanza 11.