Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

El carácter del discípulo (8): la pureza (2).



EL CARÁCTER DEL DISCÍPULO (8).
(La búsqueda de la excelencia).


LA PUREZA (2).



Objetivos de la enseñanza.
Desarrollar más ampliamente el concepto bíblico de pureza.
Conocer la verdad acerca de la pureza desde la perspectiva de Dios y renovar nuestra mente al respecto.
Incorporar la pureza a nuestro estilo de vida.


Ausencia de pecado.
Dios odia el pecado y no puede relacionarse íntimamente con seres impuros sin comprometer Su carácter porque todo lo que Dios hace está en perfecta armonía con Su santidad (Sal 145:17).
Por cuanto Dios es puro y santo, El requiere de nosotros que seamos como El (Rom 8:29, 1 Ped 1:13-16) porque sin santidad nadie lo verá (Heb 12:14)..
La pureza en nuestras vidas es posible, entre otros muchos motivos, por los siguientes:
UNO. Ya fuimos liberados de la esclavitud del pecado (Rom 6:18).
DOS. Ya fuimos habilitados por dios para conocer la verdad que nos hace libres (Jn 8:31-32).
TRES. No vamos a ser tentados más de lo que podamos resistir y junto con la tentación Dios nos va a dar la salida, para que salgamos de ella (1 Cor 10:13).
CUATRO. El mismo Espíritu que opero en Cristo opera en nosotros (Efe 1:19-20) por medio del cual, aunque fue tentado en todo según nuestra semejanza, no pecó (Heb 4.15).
CINCO. Jesús vino a deshacer las obras del diablo, incluido el pecado (1 Jn 3:8), y Jesús vive en nosotros (Gal 2.20).
SEIS. Dios no pide nada de nosotros para lo cual El no nos haya equipado antes. Y El pide de nosotros que seamos santos en toda nuestra manera de vivir (1 Ped 1.14-16)
El pecado paraliza todo el servicio del discípulo para Dios porque mengua su confianza en El, debilita sus motivaciones para hacer la voluntad de Dios y le roba el poder de Dios, afectando su eficiencia y la libertad del Espíritu.


Por que, a pesar de lo anterior, aún pecamos.
El pecado tiene cabida en nuestra vida por la acción del diablo sobre nuestros pensamientos a través de sus dardos de fuego (tentación) (Efe 6:16). El pecado se concreta en nuestras vidas a través del pensamiento (Sant 1:12-15). El proceso es el siguiente:
Primero, el diablo, utilizando los estímulos del mundo exterior a través de nuestros sentidos y con la complicidad de nuestra carne, envía o provoca una tentación en nuestra mente.
Segundo, esa tentación, por nuestras propias pasiones carnales (concupiscencias), es recibida en nuestro pensamiento y en lugar de rechazarla, la consideramos (atraídos).
Tercero, una vez que la consideramos, comenzamos a cavilar en nuestro pensamiento sobre las conveniencias y las inconveniencias de ellas, haciendo la carne todo lo posible porque nos convenzamos e inclinemos hacia las conveniencias (seducidos).
Cuarto. Una vez convencidos, planeamos como llevar a la práctica la tentación, para convertirla en pecado (concebimos)
Quinto. Realizamos el pecado (damos a luz).
Sexto. Inmediatamente después de realizado, viene al acusador a acusarnos, condenarnos, culpabilizarnos y hundirnos en la acusación, la culpa y la condenación, robándonos, destruyéndonos y matándonos en nuestra paz interior para con Dios.




La medicina curativa.
Confesar voluntariamente nuestros pecados y aceptar el perdón y la limpieza de Dios (1 Jn 1:9).
La pureza es imposible sin recibir la limpieza y el perdón de Dios por medio de la confesión. Después de ello debemos apartarnos del pecado (Prov 28:13), que es la señal del verdadero arrepentimiento.
Sin ello no hemos alcanzado el arrepentimiento sino solo el remordimiento.
El verdadero arrepentimiento nos lleva a hacer todo lo que esté a nuestro alcance para evitar la impureza (1 Cor 10:13), y por ello, alcanzar la victoria.


La medicina preventiva.
La Biblia habla de dos cosas para fortalecer nuestra voluntad para conservarnos puros y darnos el poder para andar en santidad.
Primero: conformar nuestra mente a la mente de Dios (Fil 2:5, Rom 12:2, Fil 4:8) porque nuestros pensamientos son, como ya lo vimos anteriormente, los que determinan en la mayoría de las veces nuestra conducta (Prov 23:7).
Si nosotros llenamos nuestra mente de basura, nuestras acciones reflejaran eso mismo. Pero si las llenamos de la Palabra de Dios caminaremos en santidad y pureza (Sal 1:1-3) porque toda la Palabra de Dios es pura (Prov 30:15).
Segundo: necesitamos tener modelos de santidad, de creyentes maduros, que alienten nuestra búsqueda de santidad.
Por ello necesitamos estar integrados al Cuerpo de Cristo local, para obtener no solo el ejemplo, sino la protección, cuidado y responsabilidad que solamente el Cuerpo de Cristo provee.
Necesitamos tener un discipulador ante el cual rindamos cuentas de nuestros actos, y por lo mismo, ello será una valla protectora contra el pecado, sabiendo que si pecamos tendremos que dar cuentas de ello ante él (o mentir, lo cual agrava nuestro pecado y por lo tanto, nuestras consecuencias, Sal 32:1-5).


Preguntas para autoevaluación.
¿Por qué necesitamos ser santos, sin pecado?
¿Cuáles son los motivos o razones por las cuales podemos ser santos?
¿Cuáles son los efectos del pecado en un discípulo?
¿Por qué, a pesar de ser libres del pecado, aún pecamos?
¿En qué consiste la medicina curativa para el pecado?
¿En qué consiste la medicina preventiva para el pecado?
¿Por qué necesitamos modelos de santidad?
¿Cuál es nuestra ventaja cuando tenemos a quién rendirle cuentas de nuestra vida?
¿Qué pasa si mentimos en lugar de rendir cuentas honestamente?


23 Dic 2008
Referencia: Enseñanza 24.