Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

La Cosmovisión Cristiana.



LA COSMOVISIÓN CRISTIANA BÍBLICA (01).

ASPECTOS GENERALES.




Cosmovisión.
Una cosmovisión es una forma de ver el cosmos, la vida, la propia existencia. La manera en que entendemos e interpretamos el mundo en el cual vivimos, los anteojos por medio de los cuales vemos y entendemos nuestro mundo, y obviamente, que condiciona nuestra respuesta a las circunstancias y situaciones de la vida.
Incluye las presuposiciones (paradigmas) de cómo y para que funcionan el mundo, las cosas y nosotros.
Todos, aunque no seamos totalmente concientes de ella tenemos una (Prov 23:7).
Como es nuestra cosmovisión será nuestra respuesta a las circunstancias de la vida.
La perspectiva desde la cual vamos a enfrentar los complejos problemas del mundo moderno en general y de la vida (circunstancias) que nos tocan vivir específicamente.


La cosmovisión occidental.
Dos causas separadas de las cosas: lo espiritual y lo material.
Lo espiritual (el mundo de la religión)
Lo material (el mundo de la ciencia, del trabajo, de los negocios, de la política, del arte, de la cultura, del desarrollo, etc.)
Ella determina una serie de dicotomías con las que luchamos todo el tiempo, no solo en el mundo
no cristiano sino también en el mundo cristiano (nuestra concepción de lo que implica el cristianismo, la iglesia, la misión como creyentes, etc.) algunas de las cuales son:
a) Mundo espiritual vrs. mundo natural.
b) Fe, revelación y creencias, vrs. razón, observación y conocimiento.
c) Religión vrs. ciencia.
d) Valores vrs. hechos.
e) Iglesia vrs. estado y organizaciones sociales.
f) Trabajo espiritual vrs. trabajo secular.
g) Testimonio eclesiástico vrs. testimonio secular.

Mundo espiritual vrs. mundo natural.
El mundo espiritual es un lugar interior, privado.
El mundo natural es un lugar público, exterior.

Fe, revelación y creencias vrs. razón, observación y conocimiento.
El ámbito de la revelación es el mundo espiritual, en el cual conocemos creyendo.
El mundo de la razón es el natural, en el que conocemos mediante la observación científica (escuchar, ver, sentir, oír, tocar).

Religión vrs. ciencia.
La religión provee las explicaciones del mundo espiritual.
La ciencia provee las explicaciones del mundo real.

Valores vrs. hechos.
Los valores son un asunto privado de elección personal que no tienen relevancia en el ámbito público.
En el mundo natural, donde se hace política, economía, arte, ciencia, educación, tecnología, cultura, etc., reinan los hechos.

Iglesia vrs. Estado y Organizaciones Sociales.
Se relega a la iglesia al mundo espiritual y el estado y las organizaciones sociales se responsabilizan por lo que sucede en la vida diaria.
Se circunscribe a la iglesia a la evangelización, mientras que las tareas del trabajo, los negocios, la educación, la cultura, el desarrollo, etc., (cuando las hay) se realizan a través de una organización para-eclesiástica, la mayor de las veces, externa.
Está limitada a la enseñanza teórica y aplicaciones inmediatas del amor a Dios y el amor al prójimo, en tanto que la acción social (la restauración de las relaciones económicas, sociales y políticas entre las personas), que debería ser una forma práctica de extensión de este mandato, se le asigna al estado y a las organizaciones sociales y de desarrollo para que la realicen con criterios científicos, la mayor parte de las veces, sin sustento espiritual.
La tarea redentora de Cristo se circunscribe solo al ámbito de lo espiritual, personal y privado.
El mundo queda, aparentemente, abandonado, en el mejor de los casos, a la influencia del humanismo sin Cristo, y en el peor, bajo la influencia del poder del diablo (satanización de lo “secular”).
Con demasiada frecuencia reducimos la obra transformadora de Dios a realidades espirituales y dejamos que la ciencia y la tecnología se ocupen de los asuntos terrenales.
De ello derivan por lo menos tres resultados:
Uno. Damos por sentado que la ubicación de la causa y efecto de las cosas que suceden en el mundo terrenal están en el mundo material.
Dos. El resultado es un cristianismo escapista, esquizofrénico, evasionista que se abstrae de las realidades del mundo terrenal.
Tres. Una separación y diferenciación entre la vida cotidiana y la vida espiritual (no son lo mismo) = divorcio entre fe y vida.

Consecuencias:
El desarrollo y todo lo “secular” es independiente de la evangelización y la religión.
Dejamos de lado un aspecto igualmente central que enlaza ambos aspectos: el cambio cultural, es
decir, la renovación de los patrones de conducta individuales y sociales que reproducen los patrones pecaminosos carnales (entre ellos, la pobreza que debe implicar una transformación individual y una transformación social).
Limitamos el alcance del pecado y el evangelio solo a lo individual, lo que implica nuestra incomprensión del alcance del pecado en el mundo natural de la economía, la política, la cultura, la educación, la ciencia, la tecnología, el arte, etc., rechazando que la labor redentora y salvífica de Dios se extienda a este mundo confuso y pecaminoso (Rom 8:19-21).
El gobierno de Dios se extiende tanto a lo espiritual como a lo material y lo natural (Sal 24:1).
La labor redentora de Cristo es necesaria dondequiera que haya penetrado el pecado (Luc 19.10, Mat 28:18-20).
En consecuencia, debemos redefinir nuestra comprensión de la salvación para que sea más inclusiva e integral sin que pierda su significado en cuanto a la restauración de nuestra relación con Dios.
Para nuestra labor espiritual recurrimos a la iglesia y a la Biblia, pero para las labores “seculares” en general nos volvemos a la ciencia.
No vemos la oración y el ayuno, la guerra espiritual (por ejemplo) como herramientas para nuestras labores, y menos aún, para la transformación humana y social o para trabajar por la justicia.

Conclusiones.
El hecho de ser creyente no implica que automáticamente tenga una cosmovisión cristiana de la vida (Rom 12:2, Efe 4:22-24).
Para que nuestro cristianismo sea eficiente y efectivo en un mundo caído, y para alinearnos a lo que Dios está haciendo en él, necesitamos ajustar nuestra cosmovisión (como vemos el mundo) a la perspectiva de Dios (desarrollar una cosmovisión auténticamente cristiana, solo La Biblia sin contaminación del pensamiento del mundo).
Para ello, en principio, debemos romper con el paradigma de que existen un mundo secular y un mundo eclesiástico o espiritual sin conexión alguna, y retomar la perspectiva bíblica de la unidad de lo espiritual y lo natural (Heb 11:3), y el señorío y soberanía de Dios sobre todo lo que es y existe (Jn 3:16, Rom 8:19-21, Efe 1:9-10, Col 1:15-20, Rom 11:36).
No debemos limitar la acción de Dios y de nuestro cristianismo a lo individual, privado, personal, y
familiar, sino extenderla hacia los campos de negocio, trabajo, social, político, educacional, científico, cultural, gobierno, desarrollo, económico, financiero, etc.







LA COSMOVISIÓN CRISTIANA BÍBLICA (02).

LA COSMOVISIÓN CRISTIANA. ASPECTOS FUNDAMENTALES.



La cosmovisión cristiana.
Es una cosmovisión integradora:
Heb 11:3: el mundo natural fue hecho por la Palabra; lo que se ve es hecho de lo que no se ve.
Jn 1: Jesús sustenta todas las cosas con la Palabra de Su Poder.
En consecuencia:
* La causa última de las cosas es espiritual.
* El efecto último de las cosas está en el mundo natural.
* Debe haber una integración de fe y vida; realidad cotidiana y vida espiritual.
Como toda cosmovisión, es un acto de fe porque ninguno de nosotros, en la presente generación,
estuvo presente en el momento en que se inició todo.
Ni la misma ciencia puede probar con total exactitud sus hallazgos. Lo que ayer fué reconocido por la ciencia como una verdad absoluta, hoy la misma ciencia se encarga de demostrar que estaba equivocado. En última instancia, la explicación científica es una especulación.
En el caso de la cosmovisión cristiana, necesariamente tiene que comenzar con Dios.
Nuestra perspectiva se deriva de un acto de revelación por parte de Dios en la Biblia.
Es por revelación que aprendemos a ver el mundo de cierta forma.
Esta revelación la aceptamos en un acto de fe sobre la base de la autoridad de Dios (Num 23:19) y la obra de su Espíritu (1 Cor 2:14)


Tres hechos importantes relacionados con la Cosmovisión Bíblica.
La encarnación.
La redención.
El Reino de Dios.


La encarnación.
Es la mejor evidencia para saber cuán en serio toma Dios al mundo material.
Ofrece un modelo altamente educativo de cómo debemos estar dispuestos a ejercer nuestra práctica en el mundo natural y social:
Dios, en Cristo, se hizo concreto y real.
Alimento hambrientos, sanó enfermos, resucitó muertos.
Condenó relaciones injustas: sociales, económicas, políticas, religiosas.
Llamó al arrepentimiento: individual, social, económica, política, religioso.
Se vació (despojó) a sí mismo de sus prerrogativas y privilegios (Fil 2:7-11).
Su propósito fue invitarnos (demandarnos) a que reorientemos nuestras vidas y proveernos de los medios para hacerlo.
Afirmar que la misión de la iglesia y los creyentes es solamente acerca de las cosas espirituales es ignorar la encarnación.


La redención.
Reorienta la trayectoria del relato humano después de la caída.
Tuvo lugar en el mundo concreto en un momento particular, mediante la muerte de un verdadero, real y concreto ser humano.
La redención, además de espiritual, es material.
Los nuevos cielos vienen a la tierra.
La gloria de todas las naciones entrará en la ciudad en el día final.
Dios está trabajando para redimir y restaurar toda la creación (Rom 8:19-21) a través de la Iglesia.
Puesto que Dios está trabajando en el mundo llevando a cabo los propósitos de redención en el ámbito espiritual, en lo físico y en lo social, entonces:
El desarrollo social transformador es parte de la labor redentora de Dios en el mundo.
Somos agentes de Dios en la redención, sin importar cuán imperfectos e insatisfactorios seamos en esa función.
Cuando trabajamos en el mundo natural y social estamos trabajando como los pies y las manos de Dios.


El Reino de Dios.
El gobierno de Dios es justicia, paz y gozo, individual, personal y social.
Relaciones justas con Dios, consigo mismo, con los demás y con la creación.
Es al mismo tiempo radical y conservador.
Radical: nada ni nadie está más allá de sus demandas.
Conservador: reúne todas las cosas que son buenas y las lleva a su fin, limpia lo malo y va más allá de todo cuanto se pueda pensar o imaginar.

Rechaza la limitación del Evangelio a solamente el individuo: incluye y abarca a las instituciones sociales.
Las personas las crean.
Las instituciones moldean a las personas.
El alcance del pecado, y por ende, el del Evangelio, incluye tanto lo personal como lo social.
Evadir que el Evangelio debe impactar las instituciones y los sistemas sociales es dejar el orden social en manos del malvado.

El Evangelio (las buenas noticias del Reino) es un mensaje no solo de salvación personal sino también el de un mundo transformado hasta en sus estructuras más básicas (Rom 8:19-21).
Necesitamos, como Iglesia, trabajar por la redención de las personas, sus sistemas sociales y el medio que sustenta sus vidas.
Toda comprensión cristiana de lo social y lo natural debe tener en cuenta a la persona de Jesús, y poner las afirmaciones y promesas del Reino en el centro al definir cuál es el futuro mejor (humano) por el que trabajamos y al elegir los medios para llegar allí.

Desde la caída, cuando el ser humano se alienó de Dios, de sí mismo, de los demás y de la tierra misma, Dios no ha dejado de trabajar para volver todas las cosas al orden original:
Las personas: restaurarlos a la posición de hijos de Dios.
Los sistemas sociales: restaurarlos para que estén fundamentados en relaciones justas y pacíficas.
La creación entera: restaurar la relación de las personas con ella para establecer entre ambos unas relaciones y mayordomía productiva.

Jesús:
Luc 19.10: vino a rescatar todo lo que se había perdido.
Col 2:15: despojó al diablo y a sus huestes de los derechos adquiridos en la caída.
Col 1:19-20: es el punto de partida (visible) de la restauración de todas las cosas con Cristo como su cabeza (Efe 1:10).
El Evangelio es, entre otras cosas, la noticia de que los modelos distorsionados de poder han sido rotos; la recepción del Evangelio es abrazar y aceptar modelos de relaciones sociales transformadas radicalmente.

El final del relato bíblico, en cierto sentido, es el fin de la historia en la versión que conocemos ahora.
Jesús vendrá nuevamente en poder y gloria.
Se realiza el juicio final, el único trascendental y verdadero juicio que concluye con la destrucción eterna del malvado, sus ejércitos y de todos aquellos cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida.
Terminan los cielos y la tierra como los conocemos ahora.
Desde el cielo descienden en la forma de la Nueva Jerusalén, un nuevo cielo y una nueva tierra.
Una vez más, la morada de Dios es con los seres humanos (Apo 21:3).
Como ya no hay más injusticia, tampoco habrá llantos, muerte, lágrimas, dolor, hambre, sequías, etc. (Apo 7.18, 21:4).
Todo es renovado: la gente, la ciudad, los sistemas sociales, la creación.
Ya no hay iglesia porque ya no hay necesidad de ella: Dios y el Cordero viven entre las personas. Se ha completado la misión de la Iglesia como la fuerza que construye el Reino (Apo 21:22).
El Reino de Dios es el UNICO reino al final de los tiempos.
Todas las naciones caminan a la luz de la gloria de Dios.
El honor y la gloria de las naciones, todas sus contribuciones artísticas, culturales, políticas, científicas y espirituales (transformadas y sin constituir una tentación que alejen de la gloria de Dios) son traídas a la ciudad (Apo 21:24, 26).
La Nueva Jerusalén es una ciudad de vida (Apo 22:1-3).
La tierra misma es redimida y produce de nuevo los frutos y la sani-dad que los humanos y las naciones necesitan.
Nuestra verdadera vocación está una vez más al alcance nuestro, ya que “sus siervos lo adorarán” (Apo 22:3).

El Reino hoy:
Una realidad en construcción.
Su total implementación y perfección se lograrán hasta la 2ª. venida de Cristo (nosotros no somos los autores del Reino, solo los o-laboradores y sus embajadores).
La Iglesia y los creyentes.
Las señales del Reino: construirlo en nosotros y en nuestras relaciones.
§ Con Dios.
§ Con nosotros mismos.
§ Con nuestras familias, organizaciones y comunidades.
§ Con los otros.
§ Con toda la Creación (trabajo).


Elementos fundamentales para una cosmovisión verdaderamente bíblica.
Una doctrina más completa de Dios.
Una doctrina más completa de la imagen de Dios en el ser humano.
Una doctrina más completa del ser humano.
Una doctrina más completa de Cristo.
Una doctrina más completa de la salvación.
Una doctrina más completa de la redención.
Una doctrina más completa de la iglesia.






LA COSMOVISIÓN CRISTIANA BIBLICA (03).

LAS DOCTRINAS FUNDAMENTALES DE LA COSMOVISIÓN CRISTIANA (1).



La Creación: una doctrina más completa de Dios.
Una cosmovisión cristiana necesariamente tiene que comenzar con Dios y la Creación, donde todo comienza para nosotros.


Dios es el creador de todo lo que es y existe (Gen 1).
No hay nada en el universo, en los cielos y en la tierra, en el mundo espiritual y en el mundo natural, que no sea creado por Dios (Heb 11:3, Rom 11:36, Hch 17:24, Hch 17:26, Col 1:15-17).
Dios está interesado en toda la humanidad y en la vida humana en todas sus facetas y complejidades y en todo lo que la rodea y con lo que se relaciona, la creación entera.
Aún los frutos de la actividad creativa o inventiva del ser humano corresponden a una obra de Dios a través de él, porque ese ser humano es imagen de Dios (cualidades y actividades, Gen 1:16-28) los talentos y las habilidades (Sal 139:13-16), el querer y el hacer (Fil 2:13), es Dios quién ha preparado las buenas obras para que las hagamos (Efe 2:10).
Por lo tanto es Dios quién establece el resultado de la creatividad y/o inventiva en cada persona que desarrolla esa actividad.


El es el Dios de la naturaleza además de ser el Dios de la religión, de lo secular además de lo
sagrado.
Gen 1, Heb 11:3, Rom 11:36, Hech 17:24, Hch 17:26, Col 1:15-17: todo es sagrado porque todo le pertenece, nada es secular por cuanto nada le es ajeno.
Dios creó el universo material, lo sustenta y lo declaró bueno (Gen 1:31, 1 Tim 4:4).
A menudo nuestro Dios es demasiado pequeño porque es demasiado religioso. Nos parece que sólo le interesa la religión, los edificios religiosos (templos y capillas), las actividades religiosas (la adoración y la liturgia) y los libros religiosos (la Biblia y libros devocionales).
Por cierto, esto le interesa pero sólo si se relaciona con toda la vida (por ello confrontó tan directamente a los fariseos, porque habían aislado lo religioso, al Dios vivo, de la vida).
Según los profetas del A.T. y las enseñanzas de Jesús, Dios cuestiona la "religión" si ésta se reduce a cultos religiosos divorciados de la vida real, del servicio en amor y de la obediencia moral del corazón (Sant 1:27).


Es el Dios de la creación además de ser el Dios del pacto.
La Biblia comienza con las naciones, no con el pueblo de Israel; con Adán, no con Abraham, con la creación, no con el pacto.
Cuando Dios escogió al pueblo de Israel no perdió su interés en las naciones (igual, cuando escogió la Iglesia tampoco perdió su interés en las naciones, de hecho, envió la Iglesia a las naciones).
Dan 4:32, Dan 2:21; El gobierna sobre las naciones y el destino de ellas está bajo el control de Dios. Si bien satanás es llamado "príncipe de este mundo" y es su usurpador de facto, Dios sigue siendo el gobernante último de todo lo que ha creado (Sal 33:13-15).
Gen 12:2-3: Dios ha prometido que al bendecir a Abraham y a su descendencia, bendecirá a todas las familias de la tierra, y que un día restaurará aquello que la caída ha arruinado y restituirá la perfección a todo lo que ha creado.


Es el Dios de la justicia además de ser el Dios de la justificación (Exo 34:6, Sal 146:7-9).
La demanda de promover la justicia de Dios, si bien se dirige especialmente a su pueblo, se extiende a todas las naciones. La compasión y la justicia social importaban no sólo en Israel sino también en las demás naciones (Amós 1 y 2, Nahum).
Varios de los libros proféticos incluyen secciones de profecías sobre o contra las naciones.
Que Dios es Dios de justicia y desea que la justicia reine en todas las naciones y comunidades es especialmente evidente en el libro de Nahum.
Dios odia la injusticia y la opresión en todas partes y ama y promueve la justicia en todas partes.
De hecho, dondequiera que haya justicia en este mundo caído es por la obra de su gracia. Todos los seres humanos lo sabemos porque todos tenemos un sentido innato de la justicia porque la ley moral de Dios está escrita en el corazón de cada persona (Rom 2:14-15).


Conclusión.
Así es el Dios vivo de la Biblia: Su interés lo abarca todo, no sólo lo sagrado sino lo secular, no sólo la religión, sino la naturaleza, no sólo el pueblo del pacto sino todos los pueblos, no sólo la justificación tino también la justicia, no solo Su Evangelio sino también Su ley.
De manera que no debemos limitar sus intereses. Es más, los nuestros deberían ser tan amplios como los suyos.




LA COSMOVISIÓN CRISTIANA BIBLICA (04).

LAS DOCTRINAS FUNDAMENTALES DE LA COSMOVISIÓN CRISTIANA (2).



Una doctrina más completa de la imagen de Dios (Gen 1:26-27).
Se puede entender en forma estática, como una serie de cualidades que compartimos con Dios, referidas al carácter.
También se puede entender en forma dinámica, como una serie de actividades que son características del ser humano.
Desde este punto de vista dinámico, tenemos que buscar la imagen de Dios no solo en las cualidades que Dios le dio al ser humano sino en la actividad y misión que Dios le ordenó realizar (Gen 2:15).
Dios puso al hombre en el jardín para que lo cultivara. De ello deriva la cultura. Se puede decir que toda ocupación humana puede participar de alguna manera en este cultivar.
La intención del Creador para con su criatura está en el trabajo y en todo lo que una persona es capaz de realizar.
La cultura es el resultado del cultivo o el desarrollo de todo lo que el ser humano toca. El ser humano interactúa con el mundo y lo cambia, lo transforma, lo cultiva, y así aparece la cultura.
También Dios puso al hombre en el jardín para que lo guardara, preservara, cuidara. El cultivar, para que sea conforme a la imagen de Dios, no debe poner en peligro la integridad de la creación.
Cuando Dios le dice al ser humano que sojuzgue y señoree sobre la tierra, no es un permiso para que la explote y oprima destruyendo el ecosistema.
La imagen de Dios sólo se hace presente en aquellas actividades culturales que desarrollen el potencial de la creación en una forma que resalte su belleza y vitalidad.
Todo lo anterior implica que las acciones de cultivar y guardar necesitan la normativa ética que viene de Dios mediante su revelación natural y especial.
Como criatura de Dios, el ser humano no es autónomo, no es ley para sí mismo, sino que debe ejercer su mandato cultural bajo la dirección de Dios- El papel del ser humano es uno de mayordomo bajo Dios, no de tirano absoluto (Mat 25:14-30, Luc 12:41-48).
Finalmente, también se puede entender como una imagen de Dios comunitaria.
Por sí sola, la primera pareja no hubiera podido cumplir con el mandato de cultivar y guardar, sojuzgando y señoreando sobre la tierra. Para lograrlo se requería que se multiplicara.
La primera parte de la bendición (Gen 1:28) que Dios les imparte a la primera pareja humana es ser fecundos, multiplicarse y llenar la tierra. Las palabras que confieren la bendición (como con todas las palabras que Dios pronuncia en Gen 1), son capaces de crear lo que piden. De allí deviene la formación de comunidades, sociedades y naciones (como el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son uno y tres).
De ello deviene que para la existencia de la cultura debe existir la comunidad, o lo que es lo mismo, la cultura es una bendición y una tarea y un producto comunitario.

Conclusiones.
La imagen de Dios no es un producto individualista ni estático. Ocurre en la tarea de la comunidad humana. La imagen de Dios se deja ver en el producto de un trabajo mancomunado.
La imagen de Dios también se expresa en el carácter de la actividad cultural: no solo la acción de cultivar y guardar (Gen 2:15) sino la forma en que llevamos a cabo esa misión y sus resultados.
Nuestra misión como seres humanos es que nuestra sociedad sea la representación de la imagen de Dios. Los seres humanos nos agrupamos formando familias, comunidades, tradiciones y culturas, y es en ellas donde debemos esperar que la imagen de Dios se vea.
La imagen de Dios debe, por tanto, reflejarse en la educación, la investigación científica, el matrimonio, la familia, el arte, la industria, la política, el gobierno, etc. Debemos cultivar este mundo y al hacerlo debemos imprimirle la imagen que nos fue dada.
Esta tarea es una tarea dada por Dios desde la creación misma del ser humano en el Edén y nunca, ni en la caída, ni en el diluvio, ni en ningún otro momento de la historia humana, fué abolida.





LA COSMOVISIÓN CRISTIANA BIBLICA (05).

LAS DOCTRINAS FUNDAMENTALES DE LA COSMOVISIÓN CRISTIANA (3).



Una doctrina más completa del ser humano.
Cuanto más alto sea el valor que demos al ser humano, mayor será nuestro deseo de servirle.
Los seres humanos son seres con semejanza divina, creados a imagen de Dios que poseen capacidades únicas.
La imagen divina, por efecto de la caída, se ha desfigurado, pero a pesar de toda apariencia contraria, no se ha borrado por completo (Gen 9:6, Sant 3:9).
Esa es la razón de su valor único y lo que inspira el servicio cristiano.

Estas criaturas humanas de semejanza divina no son solo almas (para que sólo nos ocupemos de su salvación eterna), ni sólo cuerpos (para que sólo atendamos a sus necesidades de alimentación, vestido, vivienda y salud) ni tan sólo seres sociales (para que nos limitemos a asistirlos en sus problemas comunitarios). Comprende todos los aspectos.
Desde la perspectiva bíblica el ser humano puede definirse como espíritu, alma y cuerpo (1 Tes 5:23) en comunidad (Gen 2:18) pues así nos ha creado Dios.
De modo que si verdaderamente amamos a nuestro prójimo en obediencia a Dios y a Su Palabra (Mat 22:36-40, Jn 14:23), desearemos servirle por el valor que tiene y nos ocuparemos de su bienestar integral: espiritual, emocional, físico y social.
Y de nuestro deseo de servirle surgirán proyectos de evangelización, asistencia y desarrollo.
Las personas importan: cada hombre, mujer y niño tiene un valor intrínseco e inalienable como ser humano. Una vez que comprendamos esto, emprenderemos la tarea de liberar a las personas de todo aquello que las deshumanice y consideraremos un privilegio servirles y hacer todo lo posible por humanizar la vida humana (Luc 4:18-19, Mat 25:31-46, Prov 31:4-9).

Motivados por el amor a los seres humanos necesitados, los primeros cristianos fueron por todas
partes predicando la Palabra de Dios, porque no hay nada que tenga un efecto tan humanizante como el evangelio.
Luego fundaron escuelas, hospitales y refugios para los marginados de la sociedad.
Más tarde participaron activamente en la abolición del tráfico y en la emancipación de los esclavos.
Después participaron en el mejoramiento de las condiciones de los trabajadores y de los presos, protegiendo a los niños de la explotación comercial en occidente y de la prostitución ritual en los templos de oriente, etc.


LA COSMOVISIÓN CRISTIANA BIBLICA (06).

LAS DOCTRINAS FUNDAMENTALES DE LA COSMOVISIÓN CRISTIANA (4).


Una doctrina más completa de Cristo.
Necesitamos recobrar la imagen auténtica de Jesús: el Cristo histórico y bíblico.
Necesitamos verlo en su integridad paradójica: con sus sufrimientos y su gloria; como Siervo y Señor; en su Encarnación y en su Reinado cósmico.
Jesús no solo es nuestro Salvador, es el Señor del Reino; su obra no solo fué la Salvación, fué la Redención para el restablecimiento de la plenitud Reino.

Jesús fué enviado por el Padre para:
Bendecir la vida de quienes estábamos perdidos, en necesidad, en opresión (Luc 4:18-19).
Para servir (no para ser servido) y para dar su vida por muchos (Mat 20:28, Luc 10:45).
Para rescatar toda Su creación de la corrupción a la que estaba sujeta por causa del pecado (Jn 3:16), regresándola a Su plan original (Luc 19:10) --> establecer el gobierno, el reino de Dios sobre ella.
De la misma manera debemos hacerlo nosotros, sus seguidores, si es que verdaderamente somos sus seguidores (Jn 20:21).
Como herederos de Abraham --> bendecidos para bendecir (Gen 12.1-3).

Si la misión cristiana ha de tener la misión de Cristo por modelo, seguramente implicará que necesitamos y debemos entrar en el mundo de los demás tal como lo hizo Cristo:
En la evangelización ingresamos en el mundo de sus pensamientos, sus sentimientos, sus decisiones, en el mundo de su tragedia y su desorientación, con el fin de llevarlos a Cristo allí donde se encuentre.
En la acción social, ingresamos en el mundo de sus necesidades físicas, que tal vez nunca hayamos conocido ni sentido antes, con la disposición de renunciar a la comodidad y seguridad para entregarnos a nosotros mismos en servicio a ellos.
La misión requiere una identificación con las personas en su situación real: Jesús tuvo compasión de los seres humanos necesitados, ya fuesen enfermos o desamparados, hambrientos, atormentados o indefensos. En consecuencia, nosotros también debemos tener compasión de ellos.

El Jesús en el que nosotros creemos no fué un Jesús ocupado de sí mismo y de sus deseos, no fué un Jesús para quién Dios debía girar alrededor de El.
Jesús vivió ocupado de los demás y de sus necesidades.
Jesús giró alrededor del plan del Padre y vino a hacer la voluntad del Padre, no la suya propia.






LA COSMOVISIÓN CRISTIANA BIBLICA (07).

LAS DOCTRINAS FUNDAMENTALES DE LA COSMOVISIÓN CRISTIANA (5).



Una doctrina más completa de la salvación.
En la Iglesia Cristiana de hoy existe una tendencia constante a trivializar la naturaleza de la salvación, como si no significará más que:
* Una auto-transformación o
* El perdón de nuestros pecados o
* Un pasaporte personal al paraíso o
* Una experiencia mística privada sin consecuencias sociales ni morales.

Es una necesidad imperiosa rescatar la salvación de estas caricaturas y recuperar la doctrina en toda su integridad bíblica.
La salvación es una transformación radical en tres fases, que comienza ahora, continúa a lo largo de toda la vida en la tierra y llegará a su perfección cuando Cristo venga.


No podemos ni debemos separar la salvación del Reino de Dios.
En la Biblia son prácticamente sinónimos, dos maneras de describir la misma obra de Dios (Isa 52:7).
Allí donde Dios reina, salva. Mar 10:24-26 evidencia que entrar en el Reino, para Jesús y sus discípulos, equivalía a ser salvos.
Una vez que se ha establecido esta identificación, la salvación adquiere un alcance más amplio: el Reino de Dios es el gobierno dinámico de Dios que:
* Irrumpe en la historia humana a través de Jesús.
* Enfrenta, combate y vence el mal, donde quiera que este se encuentre.
* Trae bienestar integral a nivel personal y comunitario, y
* Toma posesión de su pueblo con plena bendición y plena demanda.
La Iglesia está llamada a ser la comunidad del Reino, un modelo de lo que es una comunidad humana gobernada por Dios, y una alternativa desafiante para la sociedad no cristiana.
La consumación, el perfeccionamiento del Reino apunta al momento cuando nuestros cuerpos, nuestra sociedad y el universo serán renovados, y el pecado, el dolor, la banalidad, la enfermedad y la muerta serán erradicados.
La salvación es un concepto amplísimo (que va mucho, pero mucho más allá de "mi"). No tenemos derecho a reducirlo.


No podemos ni debemos separar a Jesús el Salvador de Jesús el Señor.
Rom 10:8-10: las afirmaciones "Jesús es Señor" y "Jesús es Salvador" son intercambiables. No puede haber salvación sin señorío, ni señorío sin salvación.
Y su señorío supera ampliamente los límites del área religiosa de nuestras vidas: incluye toda nuestra experiencia de vida, pública y privada, en el hogar y en el trabajo, como miembros de una iglesia y como ciudadanos con deberes cívicos, las responsabilidades evangelísticas y las sociales.
No podemos ni debemos separar la fe del amor.
Si bien la justificación es por fe solamente, la fe no puede permanece sola.
Si es fe viva y auténtica, inevitablemente resultará en buenas obras, de lo contrario, es espuria (Sant 2.17-18)
Jesús enseñó esto cuando describió el juicio final con la imagen de las ovejas y los cabritos. Nuestras buenas obras de amor hacia sus hermanos y hermanas más pequeños, dijo Jesús, revelarían y serían la base para juzgar nuestra actitud hacia El (Mat 25:31-46)(1 Jn 3:17, Tit 2:14, Efe 2:10, Gal 5:6, 5:13).
Esta es la secuencia: fe, amor, servicio. La fe verdadera se traduce en amor y el amor verdadero se traduce en servicio. Debemos tener mucho cuidado de no enaltecer la fe y el conocimiento a expensas del amor (1 Cor 13:1-3). La fe que salva y el amor que sirve van de la mano; si uno falta, el otro también; ninguno de los dos existe solo.



LA COSMOVISIÓN CRISTIANA BIBLICA (08).

LAS DOCTRINAS FUNDAMENTALES DE LA COSMOVISIÓN CRISTIANA (6).




Una doctrina más completa de la redención.
La obra redentora presupone una relación entre Dios y el ser humano anterior a la salvación y a la iglesia.
Dios primero crea el universo y al ser humano, después Dios le entrega al ser humano su mandato cultural, pero este cae y se pierde.
Pero en su estado de perdición el ser humano sigue sujeto a Dios en el sentido de que la humanidad sigue atada al ordenamiento estampado por la imagen de Dios (Gen 1:26-27) y su bendición (Gen 1:28).
La humanidad no puede más que seguir siendo fecunda, multiplicándose y sojuzgando la tierra.
El ser humano sigue cultivando el huerto, sigue obedeciendo a impulsos creados en él por Dios.
Pero toda esta actividad se desarrolla en rebeldía contra Dios, y está destinada a la frustración y el descalabro, porque no se puede gozar de la bendición de Dios fuera de la comunión con El.
El pecado humano no hace que la actividad cultural sea mala ni convierte a la creación en algo malo. Lo malo está en la forma en que el hombre degrada y mal orienta la creación y el mandato que ha recibido.
Por eso, Pablo nos llama a reorientar nuestras actividades haciéndolo todo para la gloria de Dios (1 Cor 10:31, Col 3:23).


Dicotomía no bíblica.
El acercarse a la Biblia con un punto de vista del mundo (que separa o aísla lo espiritual de lo natural, que niega lo sobrenatural si no lo puede demostrar, que es racionalista e intelectual, no revelacional) se produce una mutilación de las doctrinas bíblicas tal como están establecidas en la misma Biblia (recordemos que el diablo es un tergiversador y falsificador de la Palabra de Dios como lo demuestran la tentación a Eva, la tentación de Jesús en el desierto, etc.).
Derivado de ello es, entre otras cosas, la falsa dicotomía que inventa una distinción entre lo secular y lo religioso (la separación de la espiritual y lo natural llevado al plano de la iglesia y de las actividades de los cristianos).
Lo secular apunta a áreas de la vida que no están bajo la soberanía de Dios, o que son malas o sospechosas, o que dichas áreas son neutrales o no religiosas. El objetivo de ello es trastornar nuestra visión (cosmovisión) de la vida y de toda la creación.
La dicotomía evangélica cree que solo aquello que se conecta directamente con la iglesia es espiritual y agradable al Señor.
El relato de la creación nos demuestra que Dios se relacionó con el ser humano mucho antes de que apareciera la iglesia (lo supuesto secular es anterior a lo supuesto religioso) y el mandato cultural (trabajo secular) es anterior a ella (el supuesto mandato religioso).
El mandato cultural es una orden que el ser humano debe obedecer como un impulso natural que recibió al ser creado de manera que cuando un ser humano se entrega a la labor educativa, al arte, los negocios, la política, etc., está sirviendo a Dios y respondiendo a su vocación.
Es Dios quien pone al ser humano en este mundo con la tarea de señorear sobre él, con la tarea de cultivarlo y cuidarlo. Por tanto, para que una actividad sea un servicio a Dios no necesita estar bajo la dirección y coordinación de la iglesia.
Derivado de la cosmovisión bíblica, hay que ser enfáticos en decir que la actividad cultural responde al mandato de Dios (repostería, electrónica, jardinería, deporte, arte, salud, educación, industria, política, gobierno, etc.,). Todos los tipos y especializaciones de trabajos son actividades que en sí mismas son un servicio a Dios, porque en todas esas empresas el ser humano responde a la vocación de Dios de cultivar y cuidar del huerto, de sojuzgar y señorear sobre la tierra.
La tierra es la creación entera, la obra colectiva, el lugar donde debemos terminar la labor cultural (la visión y el propósito de Dios).
El huerto es el lugar donde Dios nos ha puesto específicamente a cada uno, la obra individual, donde comenzamos la labor cultural (nuestro centro de entrenamiento).
En cuanto a los cristianos, nuestra fe debería reorientar y llevarnos a desarrollar nuestras profesiones a fin de cumplir con dicha vocación de una forma que glorifique (exalte, honre, enaltezca) a Dios. El hecho de hacerlo es en sí un servicio a Dios.
Nuestra fe nos debería capacitar para hacer un aporte a la sociedad de tal manera que mediante nuestras profesiones (servicio a Dios) también trajéramos justicia y bienestar a un mundo caído.


Conclusiones.
La dicotomía entre lo secular y lo sagrado ha suscitado una mundanalidad y corrupción abismales en el campo laboral, en los estudios, en el gobierno, etc.,
El creyente vive dos vidas bajo dos juegos de reglas diferentes: una en la iglesia y otra fuera de ella, o bien no le importa la corrupción e injusticia que ve fuera de la iglesia porque se refugia en un pseudo mundo espiritual.
Cada uno, en el lugar que Dios lo ha llamado a cultivar y cuidar el huerto, debe de servir a Dios.
Convertir al mundo a Cristo no significa convertirlos a todos en religiosos alienados de la sociedad, y ser cristiano no quiere decir evadirme de los problemas de la sociedad para refugiarme en un supuesto mundo espiritual.
Parte de lo que es ser cristiano va por el camino de preguntarnos como cultivar nuestras vocaciones, como desarrollar nuestras capacidades, como hacer un aporte cristiano a la sociedad, como desarrollar una perspectiva cristiana de justicia y amor dentro de la vocación en la que nos ha tocado servir al Señor.
Es la fe la que debe impulsarnos a esto, es la doctrina cristiana (la Palabra de Dios no adulterada), el Evangelio, lo que debe guiar e inspirar nuestro cultivo del huerto: ver y vivir la vida en la sociedad para la gloria de Dios.
La redención trae como consecuencia la restauración de la relación de los individuos con Dios, pero esto produce ondas horizontales de choque en la sociedad por las cuales nos beneficiamos todos; estos beneficios son en términos de una reforma de la sociedad de acuerdo con la ley de Dios.






LA COSMOVISIÓN CRISTIANA BIBLICA (09).

LAS DOCTRINAS FUNDAMENTALES DE LA COSMOVISIÓN CRISTIANA (7).



Una doctrina más completa de la Iglesia.
Hoy, muchos consideran (la mayor parte de las veces, inconscientemente), que la Iglesia es una especie de club en el que el interés común de sus miembros resulta ser Dios, pagan una suscripción (los diezmos y las ofrendas) y disfrutan de los privilegios que corresponden a los miembros.
Para Dios, sin embargo, la Iglesia es la única sociedad corporativa que existe en el mundo para beneficio de aquellos que no son miembros de la misma.
Necesitamos, urgentemente, recuperar la "doble identidad" de la Iglesia. Por un lado, es un pueblo "santo" llamado a salir del mundo para pertenecer a Dios. Pero por otro lado, es un pueblo "en el mundo", pues es enviado de vuelta al mundo para testificar y servir.
En su ya larga historia, la Iglesia rara vez ha mantenido su doble identidad. A veces, por acentuar su santidad ha caído en el error de retirarse y aislarse del mundo, y otras veces, por acentuar su estar en el mundo se ha conformado a las normas y valores del mundo hasta contaminarse con ellos.
No obstante, si no preserva ambos aspectos de su identidad, no puede llevar a cabo la misión.
La misión surge de la doctrina bíblica de la relación de la Iglesia con la sociedad. Una eclesiología desequilibrada lleva a una misión igualmente desequilibrada.
Mat 5:13-16, Mat 13:33, 1 Ped 2:11-17: nuestra actitud hacia el mundo no puede ser de plena identificación y defensa (como si no existiera ningún mal en él) ni tampoco de completa negación (como si no existiera nada bueno en él) sino que debe ser una combinación de ambas, y asimismo ha de ser especialmente desafiante, reconociendo su potencialidad como mundo de Dios y buscando que la vida del mundo se adecue cada vez más a su señorío.


Aplicación práctica.
Todo cristiano está llamado a ser testigo y siervo. Jesús testificó y asimismo dijo "yo estoy entre vosotros como el que sirve", de manera que servicio y testimonio son inseparables.
*La metáfora de la Iglesia como cuerpo refuerza esta enseñanza. Así como cada miembro del cuerpo humano tiene una función distinta, cada miembro del cuerpo de Cristo también tiene un ministerio distinto.
A su vez, cualquiera que sea nuestro llamado especial, lo dejaremos a un lado en situaciones de urgencia. El sacerdote y el levita de la parábola del buen samaritano no habrían podido justificar su vergonzosa actitud al pasar al lado del hombre que había sido asaltado y golpeado, diciendo que su llamado era a trabajar en el templo.
Si somos llamados a un ministerio predominantemente social, aún tenemos la obligación de testificar.
Si somos llamados a un ministerio predominantemente evangelístico, no debemos pensar por eso que no nos corresponde ninguna responsabilidad social.
La Iglesia local ampliará su alcance y se volverá cada vez más polifacética y efectiva si aprovecha plenamente los diversos dones y llamados de todos sus miembros.
Necesita estimular a las personas que comparten una misma inquietud a que se unan para formar grupos de "intereses especiales" o de "reflexión y acción". Unos tendrán objetivos evangelísticos y otros se ocuparán de problemas sociales y ambos se complementan entre sí.
Necesita darles ocasionalmente la oportunidad de informar a la congregación sobre sus respectivos ministerios. Con ello se reafirmará la naturaleza representativa de los mismos y podrán recibir de su comunidad de origen un valioso apoyo que puede consistir en consejería, estímulo, oración, sostén económico, etc.
Ningún cristiano puede ni debe participar en ministerios de toda clase, pero cada iglesia local (al menos las medianas en adelante) puede y debe comprometerse en la mayor variedad de ministerios posibles por medio de grupos, que permiten a la iglesia diversificar en gran medida su esfera de acción.
La Iglesia necesita salir al mundo creado por Dios y habitado por seres hechos a su imagen, el mundo al que vino Cristo y al cual nos envía, pues allí es donde debemos estar, el ámbito en el que hemos de vivir y amar, testificar y servir, sufrir y morir por Cristo.

02 Ene 2009
Referencia: Fundamentos.