Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Algunas cosas que construyen el carácter.



Guardar el corazón (Prov 4:23, Prov 23:19, Mar 7:21-22).

Guardarlo, poner un centinela, vigilarlo cuidadosamente, protegerlo, prestarle atención, mantenerlo limpio, quitar los escombros.
El corazón (nuestra persona interior) es el lugar donde:
• Nace la esperanza.
• Se toman las decisiones.
• Toma fuerza el compromiso.
• Se guarda la verdad.
• Se forma el carácter.
Un corazón descuidado invita al desastre.
Un corazón bien guardado significa supervivencia.



Dar con placer.

2 Sam 24:24: igual que el ministerio que no cuesta nada ni logra nada, la ofrenda que no cuesta nada tampoco logra nada en el Reino de los Cielos.
Dar de lo que nos sobra es lo mismo que hacen los fariseos hipócritas.
El verdadero dar no comienza sino cuando damos de nuestra necesidad.
Reflexionemos sobre lo que Dios nos ha dado.
Recordemos sus promesas en cuanto a la generosidad.
Examinemos nuestro corazón.
Confiemos en que el Señor honra la generosidad constantemente.



Oración e intercesión.

En la oración es la profundidad y no la duración es lo importante.
La cosa que nos dará el gozo más profundo es estar solos y tranquilos en la presencia de Dios, conscientes de su presencia, con el corazón abierto para adorarle, aunque frecuentemente es la cosa que menos queremos hacer.
En la oración, el oír y el escuchar son importantes. Oír es la habilidad de discriminar vibraciones sonoras transmitidas al cerebro. Escuchar es darle sentido a lo oído.

Intercesión es cuando oramos por alguien, intercedemos, eso significa que nos involucramos mentalmente en su mundo al hacer contacto deliberadamente con Dios en nombre de él. No hay participación más significativa en la vida de otro que la de la oración constante y prevaleciente por él.



Honrar.

La Biblia en 1 Cor 12, nos llama la atención hacia los miembros del cuerpo que aparentemente son menos visibles o importantes en el funcionamiento cotidiano del cuerpo, y nos invita a reconsiderar nuestra percepción de ellos: Dios les ha dado mayor honor a las partes menores.
La enseñanza de este pasaje es una invitación a reconocer a las personas por lo que son, enfatizando en sus cualidades más que en sus defectos, estimándolas como superiores a nosotros mismos (Fil 2:3).
Honrar, al igual que amar, es elevar a la otra persona por sobre nosotros mismos, y Dios nos invita a hacerlo siempre, con todos aquellos que hacen lo bueno.



Compromiso sabio (Fil 2:3-4).

Sin compromiso es imposible solucionar los desacuerdos. Las negociaciones se paralizan, el matrimonio y las relaciones entre padres e hijos fracasan. Las congregaciones que no usan el compromiso en temas importantes que tienen dos puntos de vista se dividen. Las naciones con ideologías diferentes que se niegan a escuchar a las otras y rechazan el compromiso llegan a la guerra. Los vecinos que rechazan el compromiso hacen juicio.
Es mucho más fácil (y seguro) no ceder pero terminamos siempre cerrados y estando solos, rodeados por unos pocos no pensantes.
Para resolver todas esas situaciones, para superar las diferencias, para ir adelante y desarrollarlas, para comenzar, se requiere el compromiso que es el único que puede mantener y fortalecer las relaciones cuando pasan por problemas.



Contentamiento (Luc 3:14, 2 Cor 12:10, 1 Tim 6:8, Heb 13:5, Fil 4:11).

Hemos sido programados para competir, lograr incrementar, luchar o preocuparnos mientras trepamos la “escalera del éxito” (que muy pocos se animan a definir).
Hemos adorado ante el altar de la promoción y sido esclavos de la opinión pública toda la vida.
Creemos que llegar a la cumbre vale cualquier sacrificio.
No hemos aprendido para nada el contentamiento, y menos lo hemos entendido.
Contentamiento no es igual a conformismo: es estar contento con lo que tengo ahora, sin avaricia, sin codicia, con un deseo natural de superación para la gloria de Dios (no para la mía) pero sin afán.
Cuando Jesús habló acerca de las cosas que ahogan la verdad de la Palabra de Dios en nuestra vida, entre otras, mencionó tres cosas específicas: la ansiedad, el dinero, la disconformidad (Mar 4:19).



Amor a la verdad.

En una época de muchísimo énfasis en las emociones, especialmente en círculos religiosos, ya es hora de volver a algunos datos.
No el tipo de datos usados por la gente para sentarse a discutir sobre trivialidades teológicas y minucias bíblicas que nadie puede usar y ni siquiera necesita saber, sino datos que dan confianza y tranquilidad, verdades sólidas, fundamentales, esenciales que nos dan valor cuando amenazan las tormentas (y vaya que estamos amenazados).
Necesitamos saber lo que creemos y por que lo creemos.
Hace falta una armazón sólida de verdad.
Es hora de decir la verdad en relación con nuestras raíces doctrinales.
Asir los datos bíblicos esenciales es como manejar el timón de un barco con mano firme mientras el viento arremolina el agua alrededor de sí.


Dedicación a la excelencia.
Excelencia es dar de sí mismo con poco interés por el reconocimiento, el beneficio personal y la recompensa monetaria (Luc 5:4-11, dejándolo todo). Todo significa todo, el oficio de toda la vida, el entorno conocido, las propias metas, sus redes, barcas, negocio, todo.
Las Escrituras están repletas de exhortaciones para ir más allá, dar lo requerido por el deber, para una dedicación de la vida que se nutra del desafío de hacer un trabajo de calidad. Tenemos una filosofía de vida que ninguna cantidad de dinero puede comprar, una causa por la cual luchar, un propósito definido en la vida. Ella debiera ser nuestra vida, negocio, religión, pasatiempo, novia, esposa, amante, pan y carne. Su ascendencia sobre nosotros tendría que crecer, no disminuír, a medida que pasa el tiempo.
La dedicación a la excelencia no solo es singular sino contagiosa.
Por algún motivo nos hemos estado transformando en el área de nuestra motivación: para entregarnos a algo solo lo hacemos, generalmente cuando tenemos la respuesta a preguntas tales como ¿Qué gano yo con esto? ¿Como puedo obtener lo máximo por lo mínimo?
Como resultado, nuestra norma se ha convertido en el interés personal y la mediocridad y nuestra meta en mantener el promedio, y cuyas consecuencias son la pérdida de dedicación, la naturaleza perezosa, el mínimo de esfuerzo.





23 Ene 2009