Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Algunas cosas que destruyen el carácter cristianao (1).



Erosión del carácter.

Aunque no podamos ver que ocurre ni oír las advertencias, la erosión puede estar llevándose a cabo en nuestras mismas narices: solo porque sea silenciosa no significa que no sea devastadora.
Muy sigilosamente los gérmenes morales y éticos invisibles pueden invadir nuestro corazón, llevando consigo las etapas iniciales de una enfermedad terminal: la destrucción de nuestro corazón, y por ende, de nuestro carácter cristiano. Un descuido aquí, un acomodo allá, un deliberado pasar por alto, un debilitamiento, un hábito, y ninguno muy grande, poco a poco van arruinando el carácter (Prov 4:23, Cant 2:15, Ecle 10:1).
Hay muchas cosas que pueden erosionar el carácter por lo que debemos estar al tanto de ellas; no podemos ni debemos ignorar las maquinaciones del diablo (2 Cor 2:11).



Promedio y mediocridad.

Ser un perdedor para el mundo no significa que realmente lo seamos.
De los perdedores para el mundo Dios saca sus vasos de honra, los ganadores en la carrera hacia la vida eterna: Israel atemorizado contra. Filistea brutal; el pequeño David contra Goliat; el largamente esperado Mesías nació en un humilde establo, hijo de un pobre carpintero.

El miedo a arriesgar, el miedo a perder, son las formas que el diablo quiere usar para meternos en el tren de la mediocridad.
Es fácil ser una persona promedio: las filas de los mediocres están llenas de pensadores del status quo y de obreros predecibles.
Es raro encontrar alguien que viva de una manera diferente, que levante su vista por encima de lo esperado, que desarrolle en sí las cualidades que hacen a la excelencia.
El cristianismo no es para perdedores, derrotados, conformistas, mediocres, miedosos (Luc 4:18). El reino de los cielos solo los valientes, esforzados, violentos, guerreros, combativos, lo arrebatan (Mat 11:12)



Tentaciones.

Las tentaciones de este mundo y este tiempo (1 Jn 5:19, Efe 6:16): fortuna, fama, poder, placer. Si nos seducen, nos llevan al pecado.
Fortuna es el deseo de poseer, amontonar, aparentar riqueza (dinero, bienes materiales, etc.); deseo arraigado de impresionar a otros; lisa y llanamente: CODICIA (Exo 10.17, Prov 1:9)
Fama es el deseo de ser popular, querido, conocido; de hacerse un nombre. Implica una oculta agenda egocéntrica (Prov 16:25).
Poder es el deseo de controlar, regir, manipular o maniobrar hábilmente la vida de otros (asumir el mando y que hagan las cosas a su manera); estar en una posición de autoridad para mantener a raya a los demás (poca tolerancia hacia aquellos que piensan por sí mismos y expresan su parecer). Es ejercida por líderes enfermos y seguidores enfermos que no se reproducen y rara vez llegan a recuperarse y surge del deseo de querer operar como Dios en la vida de las demás personas.
Placer es el deseo de estar satisfecho sensualmente a cualquier precio.





Descuidados con nuestras palabras.

Cuidar lo que decimos, cuando lo decimos y como lo decimos. La ofensa y el bálsamo pueden venir de la misma garganta (Sant 3;1-12, Prov 18:21).
Para que nuestras palabras sean bendición para nosotros y para otros, solo lo bueno puede salir de ella (Fil 4:8-9).



Presión de grupo.

Encontrarse en medio de muchos que hacen y piensan la misma cosa en lugar de pensar claramente pesando lo bueno y lo malo de los hechos y pasando la responsabilidad moral al grupo o a alguna de sus partes.
Saúl encubrió su falla moral delante de Dios refugiándose en el grupo (1 Sam 15:9, 1 Sam 15:21).
Es una especie de auto-amnesia emocional, un entumecimiento colectivo (Jonestown, Watergate, el Holocausto, la Inquisición, la Crucifixión).
Las burlas y los gritos de la mayoría tienen el poder de intimidar la integridad.
Lo horrible se convierte en lo normal; a lo bueno llaman malo y a lo malo bueno (Rom 1, Isa 5:20)-
A Daniel lo llevaron al foso de los leones y a los amigos de Daniel al horno ardiente por no seguir la presión de grupo. Por el contrarió, los diez espías y el pueblo de Israel cedieron a la presión de grupo antes de entrar a la tierra prometida.



La tiranía de lo urgente.

Nos roba la posibilidad de estar a solas con Dios (Sal 143).
Antes de entrar en Su obra necesitamos encontrarnos con El en Su Palabra, en oración, en adoración.
El secreto de conocer a Dios requiere estar quietos (Sal 46:10), lo que en hebreo significa dejar de luchar, soltarse, relajarse.
La falta de tiempo para estar a solas con Dios marca el inició de la desintegración espiritual.
Es en la soledad que Dios entrega sus mejores pensamientos y la mente debe estar quieta y callada para recibirlos.



Doble ánimo.

Sant 1:8, Sant 4:8.
Inconstancia en todos sus caminos, tambaleante, contradictorio
Dice una cosa y hace otra, hoy dice una cosa y mañana dice lo contrario, hoy hace una cosa y mañana hace la contraria.
Alguien que piensa que algo es bueno, pero por quedar bien con los demás, que se opondrían, no lo dice y hace lo que los demás quieren.
Es una enfermedad cuyas víctimas quedan paralizadas por la duda, temerosas, hipócritas, llenas de palabras técnicas pero faltas de acción confiada  mucha charla pero poca garra.



Curiosidad.

Es llegar a una nueva área impulsados a investigar por una naturaleza inquisitiva. Es una actitud presente en una mente sana y a veces ingeniosa. Es la chispa que impulsa a los buscadores de la verdad, rehusando pasar sin una investigación a fondo. Lleva al descubrimiento a través de la búsqueda. Desafía el status quo.
El primer paso no es ni malo ni perjudicial. El problema viene después cuando no se siente satisfecha con su primer encuentro y sus primeros descubrimientos sino que sondea más a fondo, mira más a fondo, se mete más a fondo, hasta que la novedad de la situación adquiere una nueva dimensión, la dimensión del peligro.
Nos entrometemos en los asuntos ajenos, porque la curiosidad por naturaleza es intrusa. Esconde las consecuencias condenables, disfraza los pesares.
Es el artículo más imprescindible para mantener ocupado y efectivo el mundo de lo oculto.
Ella sola es motivo suficiente para los triunfos en cartelera de películas que enfatizan la violencia sádica y los encuentros demoníacos.
Empieza con Eva y nos da una gran lección: si puede poner la carnada correcta en el anzuelo, como para provocar la suficiente curiosidad, es solo cuestión de tiempo.






23 Ene 2009