Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Algunas cosas que destruyen el carácter cristiano (2).



Rigidez.

Rara vez es motivada por el amor. Restringe la creatividad y así impide el progreso.
Amenazada por el riesgo y por la posibilidad del fracaso, le corta las alas al futuro y después critica por no volar.
Es la marca del legalismo: el linchamiento de toda idea nueva, pensamiento freso o programa innovador. Sentencia los sueños a la muerte, y sin sueños la vida se hace aburrida, tediosa.
Causa daño en las relaciones, cierra puertas a las oportunidades y estanca el crecimiento espiritual.
Los ultra-lo-que-sea son personas conservadoras ciento por ciento y testarudas en extremo; no están abiertas a discutir temas cruciales y aún menos, a oír las ideas de otros. Para ellas, la tolerancia es equivalente a contaminación y se niegan a pensar más allá de los límites de ciertas reglas auto-impuestas.
En lugar de los valores fuertes y necesarios que nos dan propósito y raíces hay un débil tradicionalismo que no deja lugar al pensamiento ni al cuestionamiento.
Los valores son la fe viviente de aquellos que han muerto; el tradicionalismo es la fe muerta de aquellos que todavía viven.
El tradicionalismo es el peor tipo de esclavitud, porque se hace todo bajo la apariencia del cristianismo.



Candados mentales y fortalezas.

2 Cor 10:3-6, Mat 23:1-39: las fortalezas representan una mente cerrada, tradicionalismo, religiosidad, inflexibilidad. Sofocan la creatividad y aplasta la objetividad. Nos convertimos en robots, pensando lo esperando, haciendo lo predecible, perdiendo el gozo del descubrimiento.
La mayor parte de nosotros tenemos ciertas actitudes que toman nuestros pensamientos y los encierran en la prisión del status quo bajo los solemnes guardas llamados temor, culpa, condenación, perfeccionismo y tradicionalismo.

Diez candados mentales que nos aprisionan:
• La respuesta correcta.
• Eso nunca lo hemos hecho así, siempre lo hemos hecho así.
• Sigue las reglas.
• Más vale lo viejo conocido que lo nuevo por conocer.
• No se puede, no tenemos, no sabemos.
• Errar es malo.
• El buen humor es frivolidad.
• Ese no es mi campo.
• No seas tonto.
• No soy creativo.
Por culpa de ellos nuestros pensamientos y nuestras esperanzas pueden llegar a estar tan determinados por lo predecible que ya ni vemos más allá de esas murallas. De hecho, no solo resistimos las innovaciones, sino que nos ofendemos con cualquiera que las sugiera. Nuestras mentalidades encadenadas nos impiden tomar del maná más fresco e innovador de otros. Un ejemplo: los fariseos (todos tenemos algo de fariseos dentro de nosotros).



Juicio y disciplina.

Deut 32:35, Rom 12:17-19, Heb 10:30, 1 Cor 5:11, 1 Ped 4:17.
El tradicionalismo, las mentes cerradas, la religiosidad representan aislamiento, en dos dimensiones:
Una. Para mantener su status evita que la verdad penetre usando la acusación, culpa, condenación, aislándose para evitar los contactos (“prevención”: evitar no es cobardía).
Dos. Evita salirse de los límites. Cuando se vulneran sus reglas surgen la acusación, condenación, culpa, el señalamiento, el rechazo que desembocan también en el aislamiento (“curación”: castigo).
El aislamiento solo es aceptable en el creyente cuando es una de las consecuencias de adoptar un estilo de vida no bíblico, pecaminoso, francamente rebelde a la verdad de las Escrituras que conoce: debiéramos, por amor, rehusarnos a mitigar la soledad del cristiano carnal hasta que haya arrepentimiento, sano temor del Señor, respeto por su Santo Nombre y caminar obediente, determinación renovada para cumplir.



Culpa, condenación.

Rom 8.1, 2 Cor 7:9-11, Rom 8:33-34, Apo 12.10.
Tres tipos, una buena y dos malas.
La buena: resultado de la confrontación del Espíritu Santo, cuando llevamos adelante un estilo de vida pecaminoso  nos convence de pecado, justicia y juicio. Es para arrepentimiento. Es temporal. Nos trae de regreso a Cristo.
La mala: resultado del legalismo, la tradición, la religiosidad y obra del diablo. Busca mantenernos allí (no que nos arrepintamos, que sea temporal, que nos lleve de regreso a Cristo). Busca ser permanente para degradarnos, convencernos que no somos y nunca seremos dignos, robarnos nuestra dignidad e identidad en Cristo. Nos aleja de Cristo y nos impide alcanzar el carácter cristiano maduro.
La activista es un falso sentimiento de culpa. Produce sentimientos de inmerecimiento de lo que tenemos, por lo que nos hace sentir que tenemos que pagarlo y meternos en un frenesí de la actividad. También es el resultado de descubrimientos personales dolorosos que no podemos manejar en la quietud con Dios produciéndonos culpa y condenación y la consiguiente huída hacia un frenesí de actividad. En ambos casos nos impide relacionarnos íntimamente con Cristo y también impide formar Su Carácter en nosotros, por lo que es un obstáculo al carácter cristiano maduro.
La renovación y la restauración no son lujos, son esenciales. Nos llevan a los delicados pastos y aguas de reposo (Sal 23:2). No hay absolutamente nada de envidiable ni de espiritual en el infarto, o una crisis nerviosa, ni es necesariamente señal de una vida productiva un horario repleto. La producción constante sin la restauración agota los recursos y disminuye la calidad del producto.



Falta de perdón, resentimiento, amargura: atados al pasado (Heb 12:14-16).

No existe nada que carcoma más, que constriña más, que el negarse a perdonar.
La gente que realmente entrega su corazón es aquella que perdona fácilmente a los que la ofenden.


Falta de sinceridad.

Ninguna cantidad de devoción ni de determinación ni de entrega sacrificante puede convertir las acciones equivocadas en acciones correctas. El gritar más fuerte no convierte un argumento débil en uno fuerte. El manejar más aprisa no ayuda en nada cuando se está perdido. El agregar más firmas no hace que un diploma falsificado sea más respetable. De la misma manera, tampoco puede justificar el pecado.
El valor de la sinceridad, la verdadera sinceridad, depende de lo que defiende y representa.



Deshonestidad.

Desde la distancia todos somos gente bonita, bien vestidos, linda sonrisa, amistosos, cultos, controlados, en paz, pero que cuadro tan distinto se revela cuando alguien se acerca.
La deshonestidad no empieza por la mano así como la avaricia no comienza por el ojo; es una enfermedad interna que revela una seria falla de carácter.
Cristo no ofrece una técnica para reedificar nuestra vida: El nos ofrece su vida, su honestidad, su integridad, no un montón de regalos y de cosas que hará o no hará, nos ofrece el poder suficiente para contrarrestar nuestra inclinación por la deshonestidad. El la llama una nueva naturaleza, pura y no contaminada.



Negligencia.

Ose 4:6, Mat 22.29, Mar 12:24, Mar 12:27.
Ser cristiano no es ninguna garantía contra la negligencia. Los principios bíblicos pueden ser ignorados.










23 Ene 2009