Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Las dos dimensiones del avivamiento.



LAS DOS DIMENSIONES DEL AVIVAMIENTO.


El avivamiento: dos dimensiones.
La dimensión individual: salvación y recuperación del primer amor.
La dimensión social: la transformación social.
En cada lugar donde la Biblia nos cuenta de un avivamiento también nos informa de un cambio social, de una transformación en las estructuras sociales en un sentido amplio (Nehemías, Jesús, la iglesia “primitiva” en Jerusalén, etc.).
La gran empresa de la Iglesia es la reforma del mundo (Mat 28:18-20) y originalmente la Iglesia de Cristo se organizó para ser un cuerpo de reformadores (Mat 5:13-16, Mat 13:33).

En sus orígenes y a lo largo de la mayor parte de su historia, el cristianismo no se concentró exclusivamente en la predicación, ni limitó su compromiso con la sociedad a la ayuda y asistencia social a través de la fundación de escuelas, hospitales y asilos.
También impulsó el desarrollo y la actividad socio-política.
Promovió nuevas técnicas de producción, nuevos cultivos y nuevas formas de trabajar la tierra.
Transmitió valores relacionados con la libertad, la dignidad de las personas, el gobierno y la autoridad como servicio.
Etc.



Las dos dimensiones del evangelio.
Amar a Dios y amar al prójimo.
Por mucho tiempo hemos atendido la primera (la dimensión vertical) y hemos relegado a acciones aisladas la segunda.
El prójimo es toda personas concreta que se encuentra a nuestro alrededor y alcance en el trabajo, la educación, las artes, la economía, etc., y no nos hemos relacionado con ellos en esos campos más que superficialmente, en lo básico.
Si no llegan a la iglesia, no nos relacionamos con ellos.

Jesús, recorría los lugares, enseñando, predicando (Mat 4:23, 9:35), haciendo bienes y sanando (Hch 10:38). El iba hacia ellos, no esperaba que ellos vinieran hacia El.
Así como predicó también se ocupó de proveerles panes y peces para comer, sanidad, etc.
Se relacionó con los publicanos y los pecadores en los lugares donde estos estaban (comió con ellos), los visitó en sus lugares de trabajo (Mateo, Juan y Jacobo, Pedro y Andrés, etc.).
Dios, además de las responsabilidades evangelísticas (Mar 16:15-18) también nos ha dado responsabilidades sociales (Mat 25:31-46, 2 Cro 7:14), que el diablo también se encargó de distorsionar en algún momento, haciendo recaer el énfasis, en ciertos sectores de la iglesia, sobre estas responsabilidades descuidando las otras.

Dios nos desafía todo el tiempo a vivir nuestra fe en el mundo concreto del trabajo, los negocios, la política, la educación, las artes, etc., no a alejarnos de ellas (Jn 17:15-17).
Nuestro llamado como cristianos es a vivir en el mundo, insertados en el mundo, conforme a la Palabra, y aplicándola a los problemas cotidianos en todas las áreas y actividades de la vida.

Dos trampas igualmente diabólicas.
Uno. La fidelidad religiosa a Dios, la “mistificación” de la vida cristiana, que nos aleja del mundo (escapismo, versión modernizada de los monjes).
Dos. Degradar la verdad bíblica en el intento de hacerla aceptable al mundo (conformarse al mundo.
Nuestro llamado: mantener nuestra fidelidad radical a Dios y a su Palabra, en medio del mundo (avivamiento), sin hacernos al mundo y siendo pertinentes a las situaciones del mundo moderno (transformación).



30 Ene 2009