Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Encarnación y redención.



LA COSMOVISIÓN CRISTIANA BÍBLICA (06).

LA ENCARNACIÓN Y LA REDENCIÓN.



Fundamento Bíblico.

Gen 3:15. Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.

Gen 3:21. Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió.

Jn 3:16-21. Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios.

Luc 19:10. Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.



El diseño del plan de Dios.
Al caer el ser humano en el pecado, y difundirse las consecuencias de éste en todo lo creado, y aún en lo que iba a ser manifestado posteriormente en el mundo natural y el mundo social, Dios no iba a dejar a Su creación en un estado de corrupción.
En el mismo momento que se dio la caída de Adán, Dios manifestó un plan de redención para todas las consecuencias del pecado, incluido el estado de corrupción de la Creación entera, de tal manera que todas las cosas pudieran ser restauradas legalmente a un estado de perfección (Gen 3:15, Gen 3:21).
Gen 3:15 constituye el anuncio de la derrota futura del diablo a manos de un ser humano, por cuanto legalmente, solo un ser humano, derrotando al diablo, podía recuperar lo que otro ser humano le había entregado al diablo al derrotarlo éste en el Jardín del Edén.
Gen 3:21 anuncia que esa derrota será por medio de un sacrificio de sangre para cubrir la “desnudez” del ser humano.
Gen 4:4 prefigura que ese sacrificio debía ser de un primogénito y lo mejor (perfecto, sin mancha, sin defecto). Por eso Jesús fue el primogénito de la familia humana de José y María, y sin una naturaleza pecadora (por ello debía nacer de una virgen, porque el pecado se transmite por el hombre (Rom 5:12).
A partir de ello, a lo largo del Antiguo Testamento, y a través de la historia de Israel y la profecía se van manifestando dos cosas: todos los detalles del plan establecido por Dios para la redención de la humanidad y de toda la creación, y los detalles del plan de reconciliación de todas las cosas con Dios a través de la Iglesia, posterior a la redención.
El plan de redención tiene su expresión más reveladora en Isa 53:1-12, y el plan de reconciliación en Isa 60:1-Isa 62:12



El plan de redención: la solución a la cuestión del pecado.
En el proceso de la redención primero había que solucionar el problema del pecado y después el problema de la autoridad. Para la solución del problema del pecado:
UNO. Dios envía a Su Hijo al mundo (Jn 3:16).
DOS. Despojado de su gloria (la naturaleza divina), y asumiendo una naturaleza humana plena (Efe 2:5-8).
TRES. Solo que sin pecado (Heb 4:15) por cuanto nació de una virgen y el pecado se transmite a través de Adán –el hombre- (Rom 5:12).
CUATRO. Para pagar el precio del pecado (Isa 53:6) puesto que la paga del pecado es muerte (Rom 6:23) y sin derramamiento de sangre no hay remisión de pecados (Heb 9:22).



El plan de reconciliación: la solución a la cuestión de la autoridad sobre la creación.
Cuando Dios crea al hombre lo crea, entre otras cosas, para delegarle el señorío (la autoridad) sobre toda la creación terrenal (Gen 1:26).
Cuando el ser humano obedece al diablo, en la caída, esa autoridad delegada y el señorío que le había sido confiado, por cuanto se somete al diablo obedeciéndole, es trasladado legalmente del hombre al diablo (Rom 6:16), asumiendo éste la posición de príncipe de este mundo (Jn 12:31, Jn 14:30, Jn 16:11, Efe 2:2). Por esa razón, cuando el diablo tienta a Jesús en el desierto (Mat 4:8-9) le presenta todas las naciones de la tierra y la gloria de ellas y se las ofrece a Jesús si El lo adoraba (se sometía a su señorío). Jesús no le rebate lo de las naciones y la gloria de ellas, sino solo lo de adorar al diablo (Mat 4.10) porque solo ello era contrario a la verdad bíblica y escritural.
Para recuperar ese señorío y esa autoridad delegada, el diablo debía ser derrotado por uno igual al que él había vencido (Dios, debido a su santidad y legalidad, no podía intervenir directamente para retirar esa autoridad porque El la había delegado legalmente al hombre, y el diablo la había obtenido legalmente del ser humano, y hacerlo de otro modo hubiera violado la santidad de Dios).
La profecía bíblica nos enseña mucho acerca de este proceso legal de recuperación de la autoridad y el señorío.

El Sal 2:7-12 hace el anuncio profético de la recuperación de la autoridad por parte del Hijo, y su delegación posterior en reyes que deberán ejercerla de acuerdo al Señorío del Hijo.
La recuperación de la autoridad por parte del Hijo (Apo 2:7-9): “Yo publicaré el decreto; Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú; Yo te engendré hoy. Pídeme, y te daré por herencia las naciones, y como posesión tuya los confines de la tierra. Los quebrantarás con vara de hierro; como vasija de alfarero los desmenuzarás.”
La delegación de la autoridad del Hijo a reyes (Apo 2:10-12): “Ahora, pues, oh reyes, sed prudentes; admitid amonestación, jueces de la tierra. Servid a Jehová con temor, y alegraos con temblor. Honrad al Hijo, para que no se enoje, y perezcáis en el camino; pues se inflama de pronto su ira. Bienaventurados todos los que en él confían.”
Esos reyes que recibirían la autoridad delegada del Hijo serían todos los creyentes en Cristo como Señor y Salvador (Rom 10:8-10), que los limpiaría y los lavaría de sus pecados y los haría reyes y sacerdotes para Dios (Apo 1.5-6) investidos de una nueva naturaleza (la naturaleza divina, 2 Cor 5:17, 2 Ped 1:4), una nueva autoridad (en el cielo y en la tierra (Mat 16:17-19, Mat 28.18-19) y un nuevo poder (Hch 1:8)

Cuando Jesús se hace hombre, y antes de iniciar su ministerio, en el desierto después de su bautismo, el diablo, en un intento de retener su señorío, tienta a Jesús ofreciéndole por otros medios lo que ya le había sido ofrecido por el Padre: los reinos de la tierra, tentación que Jesús rechaza (Mat 4:8-10).
Cuando Jesús muere en la Cruz, no solo anuló el acta de los decretos que había contra nosotros sino que despojó a los principados y autoridades (les quitó toda la autoridad que el diablo les había delegado) triunfando sobre ellos en la cruz (Col 2:13-15).
Como resultado el Padre, en la resurrección, le entrega toda la autoridad a Jesús en el cielo y en la tierra (Mat 28:18) en cumplimiento a la promesa de Sal 2:7-9, pero más abundantemente: la promesa era todas las naciones, pero Dios le da toda la autoridad no solo en la tierra sino también en el cielo, exaltándole hasta lo sumo y otorgándole un Nombre que es sobre todo Nombre y para que delante de El se doble toda rodilla en los cielos, en la tierra y debajo de la tierra (Fil 2:9-11).
Como el objetivo de Dios con el plan de la redención era rescatar el plan original que se había perdido por la caída (Luc 19.10), Jesús, antes de ascender al cielo, delega esa autoridad en la Iglesia (Mat 28.18-20), la nueva humanidad, para discipular a las naciones (personas, relaciones, actividades, sistemas y estructuras, naturaleza, etc.), --no solo a las personas-- para traerlas de vuelta bajo el Señorío de Cristo, reconciliarlas con El y con el plan original de Dios para ellas, toda vez que El, en la cruz, había pagado el precio para ello también (Col 1.15-20). De tal manera que los y las creyentes somos los ministros (servidores) de Dios para que suceda esa reconciliación (2 Cor 5:17-20).
Hoy, todas esas personas y cosas (educación, finanzas, negocios, economía, política, gobierno, arte, etc.), en nuestras naciones y en todas las demás naciones de la tierra, están esperando la manifestación de los hijos de Dios (los creyentes, la iglesia) para ser redimidas de la corrupción (pecado, injusticia) a la que fueron sometidas por causa del pecado, y experimentar la libertad gloriosa de los hijos de Dios (Rom 8.19-21)



La manifestación y ejecución del plan de redención de Dios.
Y ese plan se manifestó en el tiempo preciso (Mar 1:15, Gal 4:4) con la venida de Cristo a la tierra (Jn 3:16-17) para redimir el mundo (las personas, las relaciones, las actividades y la creación misma) y rescatar el plan de Dios que se había perdido en la caída (Luc 19.10).
Habiendo vencido al diablo en la Cruz del Calvario (Col 2:15), lo despojó de la autoridad que había estado usurpando desde la caída, y se la entregó de nuevo a la humanidad, pero no a toda la humanidad, sino a una humanidad nueva, la Iglesia (2 Cor 5:17), armada con el poder de la Espada (la Palabra) y del Espíritu Santo para resistir y vencer al diablo y a los demonios (Sant 4:7, Luc 10:19) para traer todas las cosas a la reconciliación con Cristo (2 Cor 5.18-20, Rom 8:19-21) en el mayor grado de lo posible y hasta que Cristo venga por Su Iglesia.



La encarnación.
Es la mejor evidencia para saber cuán en serio toma Dios al mundo material (Jn 3.16, Apo 21.1-3).
Ofrece un modelo altamente educativo de cómo debemos estar dispuestos a ejercer nuestra práctica en el mundo natural y social (Mar 10:42-45, Jn 13:15, Jn 20:21).
Dios, en Cristo, se hizo concreto y real (Fil 2:1-8)
Alimento hambrientos (Mat 14:13-21, Mat 15:32-39), sanó enfermos (Mat 21:14), resucitó muertos (Jn 12:17).
Condenó relaciones injustas (Mat 5:1-12): sociales (Mat 5:27-32), económicas (Mat 20.1-15), políticas (Mar 10:42), religiosas (Jn 21:12-13).
Llamó al arrepentimiento: individual, social, económica, política, religioso (Mat 5:1-7:29)
Se vació (despojó) a sí mismo de sus prerrogativas y privilegios (Fil 2:7-11).
Su propósito fue invitarnos (demandarnos) a que reorientemos nuestras vidas (Mat 4.17, Mar 1:15) y proveernos de los medios para hacerlo.
Afirmar que la misión de la iglesia y los creyentes es solamente acerca de las cosas espirituales es ignorar la encarnación (Luc 10:25-37).



La redención.
Reorienta la trayectoria del relato humano después de la caída.
Tuvo lugar en el mundo concreto en un momento particular, mediante la muerte de un verdadero, real y concreto ser humano.
La redención, además de espiritual, es material (Jn 3:16, Col 1:15-20, Rom 8.19-21).
Los nuevos cielos vienen a la tierra (Apo 21.1-3).
La gloria de todas las naciones entrará en la ciudad en el día final (Apo 21:24-27).
Dios está trabajando para redimir y restaurar toda la creación (Rom 8:19-21) a través de la Iglesia (Col 1:15-20)
Puesto que Dios está trabajando en el mundo llevando a cabo los propósitos de redención en el ámbito espiritual, en lo físico y en lo social, entonces, el desarrollo social transformador es parte de la labor redentora de Dios en el mundo (Mat 5:13-16, Mat 13:33).
Somos agentes de Dios en la redención, sin importar cuán imperfectos e insatisfactorios seamos en esa función. Cuando trabajamos en el mundo natural y social estamos trabajando como los pies y las manos de Dios (Mat 25:31-46).


BIBLIOGRAFÍA.

“La Fe Cristiana frente a los desafíos contemporáneos”.
John R. W. Stott.
Libros Desafío. CRC Publications. Primera reimpresión, 1999.
















18 Abr 2009
Referencia: Tema No. 06.