Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Arrepentimiento.



ENSEÑANZA No. 34.

ARREPENTIMIENTO.



Objetivos de la enseñanza.
Mejorar nuestro entendimiento acerca del arrepentimiento y practicarlo constantemente en nuestra vida para que seamos transformados a la imagen de Cristo.
Mejorar nuestro entendimiento y convicción de que debido al valor tan alto de nuestra salvación, necesitamos vivir de una manera digna y consecuente con la fe que Cristo tiene en nosotros.


Lo que no es el arrepentimiento.
No es remordimiento. El remordimiento es solo un sentimiento de culpa pero sin cambio de vida. Es una acusación de sí mismo que nos deja igual.
No es tristeza por haber sido descubierto nuestro pecado, ni por las consecuencias que estamos enfrentando por él, y no cambiar. El verdadero arrepentimiento implica no solo tristeza, sino también cambio.


La importancia del arrepentimiento.
La Biblia nos enseña que Dios lo requiere de nosotros (Mat 3.2, Mat 4:17, Mat 6:12, Hch 2:38, Hch 20:21) para establecer una buena relación con nosotros (Hch 17.30, Amo 3:3, Isa 59.2).
Sin verdadero arrepentimiento no hay salvación (Luc 13:5).
Dios exige arrepentimiento para establecer una buena relación con nosotros.


Definición.
Alejarse del pecado y volverse hacia Dios.
Cambio de mente, sentimientos y voluntad (como el hijo pródigo, Luc 15:11-24).
UNO. De mente respecto a nuestro punto de vista acerca de la maldad del pecado (injuria contra Dios, culpa contra el orden moral, corrupción de nuestro ser y condición miserable) y de la santidad de Dios.
DOS. De sentimientos que implica un pesar o pena interior de haber ofendido el carácter santo de Dios y que incluye también la esperanza de perdón y el amor de Dios.
TRES. De voluntad que implica una media vuelta respecto al pecado, dándole la espalda, y un caminar hacia Dios.
Lamentar, cambiar de idea o de pensamiento con respecto al mal, volverse, retornar.
Sentir dolor por el mal hecho, y volverse de él.
Volverse a colocar bajo la dependencia de Dios, a la que nos debemos por nuestro carácter de criatura y por el compromiso del pacto.
No es simplemente lamentar o cambiar de pensamiento sino hacer un vuelco completo, producir una completa y total alteración de la motivación básica y la dirección de la vida del individuo:
Es un volverse de manera radical, como un vuelco y un retorno completos, como el del hijo pródigo (Luc 15.11–24), dando la espalda a los valores y al estilo de vida anteriores (Mar 10:17-22, Luc 19:8, Rom 12:2), con carácter incondicional, reconociendo que no tenemos absolutamente ningún derecho ante Dios y entregándonos sin excusas o intentos de justificación, a la completa misericordia de Dios (Luc 18:13), de tal manera que lleguemos a ser como un niño (Mat 18.3) que reconoce su propia inmadurez y su incapacidad de vivir alejado de Dios, y acepta una total dependencia de él.}
No es sólo un acto pasajero, sino una forma de vida que debe perdurar hasta la muerte.


18 Abr 2009