Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

La oración (2).



ENSEÑANZA No. 46.

LA ORACIÓN (2).



Objetivos de la enseñanza.
Mejorar nuestro entendimiento y práctica de la oración como uno de los medios para relacionarnos, crecer y madurar en Dios, no solamente para pedir de Dios sino para conocerle.
Mejorar nuestra valoración de la práctica de la oración y de los conocimientos necesarios para desarrollarnos y perfeccionarnos en ella.


La oración en el Antiguo Testamento.
Es importante reconocer los elementos de la oración en el Antiguo Testamento y en cada uno de sus períodos, porque cada uno incorpora nuevos elementos que se agregan a los anteriores, que en el Nuevo Testamento no solo se conservan, sino que le agregan algunos contenidos adicionales. En el Antiguo Testamento se encuentran alrededor de 85 oraciones, además de alrededor de 65 salmos completos y catorce partes en otros salmos que pueden llamarse “oraciones”.

La oración en el período patriarcal. Consistía en invocar el nombre del Señor (Gen 4:26, 12:8) es decir, usar el nombre sagrado en comunicaciones con Dios que tenían un carácter directo y familiar (Gen 15:2-21, Gen 24:12-14). También se relacionaba con el sacrificio (Gen 13:4, Gen 28:20-22), lo que sugiere la unión de la voluntad del que ora con la de Dios, y el abandono y la sumisión del yo a Dios (voto, Gen 28.20-22).

La oración en el período anterior al exilio. Se destaca por la intercesión, es decir, la oración ya no solo por el que ora, sino por otros (Exo 32:11-13, Exo 33:12-16, Num 11:11-15, Deut 9:18.21), poniéndose en la posición de mediadores entre Dios y los otros, manteniendo Dios Su libertad para ejecutar Su voluntad. La relación personal entre esos mediadores y Dios es lo que sirve de soporte a esas oraciones. En otras oraciones (Deut 26:1-15) lo que destaca es la acción de gracias, la promesa de obediencia, y la súplica. La oración debe haber sido indispensable en el ministerio de los profetas. Por el libro de Jeremías sabemos que la oración era tanto la condición esencial como la realidad de la experiencia y el ministerio del profeta, que a menudo se trataba de un ejercicio de un espíritu conmocionado (Jer 18:19-23) como de un compañerismo con Dios (Jer 10:23-25). En los Salmos se encuentra una combinación entre modelos formales y espontaneidad en la oración. Junto a las oraciones para el culto (Sal 24.7–10; Sal 100; Sal 150), hay plegarias personales en busca de perdón (Sal 51), comunión (Sal 63), protección (Sal 57), curación (Sal 6), venganza y/o defensa (Sal 109), y alabanza (Sal 103).

La oración en el período del exilio. En este período surgen las sinagogas y el ritual, que no desplaza a la oración con las características de los anteriores períodos. A través de la oración buscaban Su presencia personal (Sal 100.2; Sal 63) y recibían su bendición en función de esa presencia (Sal 80.3, 7, 19).

La oración en el período posterior al exilio. Aunque se insistía en el culto y la ley, y en el ritual y el sacrificio, sus oraciones son instructivas (Esd 9.6–15; Neh 1.5–11; 9.5–38). Con respecto a la postura no existían reglas concretas (Sal 28.2; 1 Rey 18.42; Lam 3.41; Dn 9.3) ni tampoco en lo concerniente a las horas para la oración, que resultaba efectiva en cualquier momento.
Al ser la oración lo que es, resultaría manifiestamente imposible sistematizarla completamente. En el Antiguo Testamento aunque encontramos algunos modelos de oración ellos no constituían una reglamentación obligatoria que regía su contenido o el ritual correspondiente. La oración mecánica, la oración obligada por prescripciones coercitivas, no apareció hasta fines del período intertestamentario, como aclaran perfectamente los evangelios (no bíblicas).



18 Abr 2009