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Noticia. Ateo más influyente reconoce la existencia de Dios.



Considerado hasta 2004 el filósofo ateo más férreo e influyente del mundo, Antony Flew acepta ahora la existencia de Dios.


(NoticiaCristiana.com) Considerado hasta 2004 el filósofo ateo más férreo e influyente del mundo, Antony Flew acepta ahora la existencia de Dios. En su libro “Hay un Dios: Como el ateo más notorio del mundo cambia de parecer”, Flew explica el porqué de ese cambio: recientes investigaciones científicas sobre el origen de la vida y el ADN revelan la existencia de una “inteligencia creadora”, asegura.

Durante más de cinco décadas, este filósofo inglés fue uno de los más vehementes ateos del mundo. Escribió libros y, con audiencias multitudinarias, debatió con conocidos pensadores creyentes, entre otros con el célebre apologista cristiano C. S. Lewis.

Sin embargo, en el que celebró en la Universidad de Nueva York en 2004, los asistentes quedaron sorprendidos cuando Flew anunció que para entonces ya aceptaba la existencia de Dios y que se sentía especialmente impresionado por el testimonio del cristianismo.

En su libro, cuyo título original es “There is a God. How the world’s most notorious atheist changes his mind” (Nueva York: Harper One, 2007), Flew no sólo desarrolla sus propios argumentos sobre la existencia de Dios, sino que argumenta frente a los puntos de vista de importantes científicos y filósofos acerca de la cuestión de Dios.

Su investigación le llevó a examinar, entre otros, los trabajos críticos de David Hume “El principio de causalidad” y los argumentos de importantes científicos como Richard Dawkins, Paul Davies y Stephen Hawking. Otro de los pensamientos sobre Dios que tomó como referencia fue el de Albert Einstein, ya que, lejos de lo que afirman ateos como Dawkins, Einstein fue claramente creyente.


“Inteligencia creadora” - ¿Qué llevó a Flew a cambiar tan radicalmente su concepto de Dios? Él explica que la razón principal nace de las recientes investigaciones científicas sobre el origen de la vida; unas investigaciones que muestran la existencia de una “inteligencia creadora”.

Tal como expuso en el simposio celebrado en 2004, su cambio de postura fue debido “casi enteramente a las investigaciones sobre el ADN”: “Lo que creo que el ADN ha demostrado, debido a la increíble complejidad de los mecanismos que son necesarios para generar vida, es que tiene que haber participado una inteligencia superior en el funcionamiento unitario de elementos extraordinariamente diferentes entre sí”, asegura.

“Es la enorme complejidad del gran número de elementos que participan en este proceso y la enorme sutileza de los modos que hacen posible que trabajen juntos. Esa gran complejidad de los mecanismos que se dan en el origen de la vida es lo que me llevó a pensar en la participación de una inteligencia”, añade Flew.

En cuanto a la teoría de Richard Dawkins de que el llamado ‘gen egoísta’ es el responsable de la vida humana, Flew la califica de “ejercicio supremo de mixtificación popular”. “Los genes, por supuesto, ni pueden ser egoístas ni no egoístas, de igual modo que cualquier otra entidad no consciente no puede ni entrar en competencia con otra ni hacer elecciones”.

“Ahora creo que el universo fue fundado por una Inteligencia infinita y que las intrincadas leyes del universo ponen de manifiesto lo que los científicos han llamado la Mente de Dios. Creo que la vida y la reproducción se originaron en una fuente divina”, dice.


“Tres dimensiones que apuntan a Dios” - “¿Por qué sostengo esto, después de haber defendido el ateísmo durante más de medio siglo? La sencilla respuesta es que esa es la imagen del mundo, tal como yo la veo, que emerge de la ciencia moderna. La ciencia destaca tres dimensiones de la naturaleza que apuntan a Dios”. “La primera es el hecho de que la naturaleza obedece leyes. La segunda, la existencia de la vida, organizada de manera inteligente y dotada de propósito. La tercera es la mera existencia de la naturaleza. Pero en este recorrido no me ha guiado solamente la ciencia. También me ayudó el estudio renovado de los argumentos filosóficos clásicos”, señala.

“Mi salida del ateísmo no fue provocada por ningún fenómeno nuevo ni por un argumento particular. En realidad, en las dos últimas décadas, todo el marco de mi pensamiento se ha trastocado. Esto fue consecuencia de mi permanente valoración de las pruebas de la naturaleza. Cuando finalmente reconocí la existencia de Dios no fue por un cambio de paradigma, porque mi paradigma permanece”, concluye.


“Este es mi libro” - A raíz de la publicación del libro, llovieron las críticas por parte de sus colegas por el cambio realizado, entre ellas la de Mark Oppenheimer en un artículo titulado El cambio de un ateo. Oppenheimer caracteriza a Flew como un viejo hombre senil que es manipulado y explotado por los cristianos evangélicos para sus propios propósitos. Además, le acusa de haber firmado un libro que nunca escribió. Sin embargo, Flew, de 86 años de edad, responde de forma concluyente: “Mi nombre está en el libro y representa exactamente mis opiniones. No permitiré que se publique un libro con mi nombre con el cual no estoy cien por ciento de acuerdo”.

“Necesité que alguien lo escribiera porque tengo 84 años –dijo entonces-. Ese fue el papel de Roy Varghese. La idea que alguien me manipuló porque soy viejo es exactamente incorrecta. Puedo ser viejo, pero es difícil que alguien me manipule. Este es mi libro y representa mi pensamiento”, sentenció.




COMENTARIOS.

Este es un maravilloso e impactante testimonio de la verdad de Dios manifestada en Rom 1:20: “Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.”

Cuando la Ciencia se orienta a encontrar la verdad objetiva de las cosas, no “la verdad” que el científico quisiere (sus propios prejuicios), no puede llegar a otra conclusión que aquella a la que llegó el Sr. Flew: la existencia de Dios, porque como lo dice Pablo en la cita que mencionamos anteriormente, y el Salmista en el Sal 19.1: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos.”

Como nos enseña el Espíritu Santo a través de Pablo en 1 Tim 6:20, hay dos tipos de ciencia: la ciencia objetiva, que no se basa en teorías subjetivas y prejuiciosas de los científicos como los humanistas seculares que están empecinados en demostrar (inútilmente por cierto, porque objetivamente no tienen pruebas, sino solo teorías no demostrables) y la verdadera ciencia, que sin prejuicios en su búsqueda, por caminos diferentes a los de la revelación bíblica, llega a demostrar lo mismo que la Biblia enseña: la existencia de Dios y Su poder creador de todo lo que es y existe, incluído el ser humano.

1 Tim 6:20 Oh Timoteo, guarda lo que se te ha encomendado, evitando las profanas pláticas sobre cosas vanas, y los argumentos de la falsamente llamada ciencia,

Los creyentes en Cristo, no podemos rechazar la ciencia en general por el hecho de que algunos científicos hayan hecho mal uso de ello, así como no debe ser rechazado el Evangelio de Cristo porque algunos malos cristianos hayan hecho mal uso de él.

La misma Palabra nos enseña que hay dos tipos de ciencia: la ciencia del bien y la ciencia del mal (Gen 2:9), y que la ciencia del bien viene de Dios (el Espíritu Santo, entre otras cosas, también es Espíritu de Ciencia, de Inteligencia, de Entendimiento; Exo 31:3, Isa 11.2). La ciencia del bien tiene su manifestación primera en el relato de la Creación cuando Dios le dice a Adán que le ponga nombre a todos los animales: ello implicaba un proceso de observación, acopio de información y su ordenamiento, y análisis de parte de Adán para agrupar a los animales por familias, especies y géneros, para nombrarlos de acuerdo a su función y propósito:

Gen 2:19-20. Jehová Dios formó, pues, de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y las trajo a Adán para que viese cómo las había de llamar; y todo lo que Adán llamó a los animales vivientes, ese es su nombre. Y puso Adán nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo ganado del campo; mas para Adán no se halló ayuda idónea para él.

Y esa capacidad de Adán fue el resultado de haber sido hecho a imagen y semejanza de Dios (Gen 1:16-27). Ello implica dos cosas:
• La capacidad científica humana es una capacidad que tiene su origen en Dios, y es el resultado de que somos hechos a Su imagen y semejanza.
• El primer científico fue Adán.

El Espíritu Santo nos enseña también a través de Pablo en 1 Tim 4:4: “Porque todo lo que Dios creó es bueno, y nada es de desecharse, si se toma con acción de gracias.” Y ello se refiere, entre otras cosas, a la ciencia del bien.

Una definición sencilla de la ciencia del bien es: aquella que sin prejuicios reconoce (no niega) la existencia de Dios, ni la creación de los cielos y la tierra y el ser humano por parte de El (Gen 1:1-31), y a partir de allí, investiga objetivamente como funcionan las cosas que Dios creó.













04 Jun 2009