Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Doctrina del pacto o unidad de la Biblia.



LA COSMOVISIÓN CRISTIANA BÍBLICA (19).

DOCTRINA DEL PACTO.
(La unidad de la Biblia).



Introducción.
Un muchacho que nunca antes había asistido a la iglesia asistió una vez a una serie de servicios donde se predicó un mensaje acerca del juicio de Dios contra Datán y Abirán.
A la siguiente semana su amigo lo invitó para asistir a los servicios otra vez, pero él se rehusó, declarando su temor a un Dios irrazonable y enojado quien destruía a Sus enemigos con tal violencia y de modo tan terminante.
En un esfuerzo por persuadirle su amigo replicó, "Oh no, has entendido mal. Eso fue en el Antiguo Testamento. ¡Ahora Dios se ha vuelto un Cristiano!"
Aún cuando la historia pueda ser apócrifa, necesitamos tomarla en serio porque, en lo que se refiere a la forma de pensamiento del muchacho que no era creyente representa el pensamiento de demasiados no creyentes que apenas tienen algún conocimiento de historias bíblicas y para quienes es incomprensible que un Dios de amor pueda actuar de esa manera en relación con grupos de personas y/o naciones; y en el caso del muchacho creyente, representa la forma de pensar de muchos cristianos evangélicos, incluso incorporados en puestos de servicio, autoridad y ministerio, que abrazan una discontinuidad similar entre el Nuevo y el Antiguo Testamento, producto de una corriente de pensamiento teológico modernista denominada “dispensacionalismo”
La predicación del evangelio es puesta en riesgo si fallamos en interpretar toda la Biblia en términos del principio unificador de Dios y oponemos el Nuevo Testamento contra el Antiguo.



La importancia de la doctrina del pacto.
La doctrina del pacto está entretejida en, y constituye la estructura de toda la Escritura y es un fundamento muy importante para entender y aplicar la cosmovisión bíblica en todas las áreas de nuestra vida, para vivir en la plenitud del propósito de Dios para nosotros (mat 6:33). De hecho, la Escritura misma, en sus dos partes primordiales, se definen como el Antiguo Pacto (o Antiguo Testamento) y el Nuevo Pacto (o Nuevo Testamento). La palabra pacto se encuentra mencionada 253 veces en el Antiguo Testamento y 29 veces en el Nuevo Testamento.
Una cuidadosa lectura de la Biblia revela la estructura subyacente muy claramente. Si observamos un tapiz a la ligera no seríamos conscientes de la estructura de apoyo a través de la cual los hilos son tejidos por el artista para retratar la imagen, pero esa estructura de soporte provee el marco necesario para todo el cuadro. Si quitáramos esa estructura, todo lo que nos quedaría es un enredo de coloridos hilos que no tendrían relación aparente los unos con los otros. Lo mismo sucede con la Biblia. Cuando descuidamos o rechazamos la “'estructura de soporte” del pacto, en mayor o menor medida, no seremos capaces de entender y aplicar apropiadamente la Palabra de Dios.



La estructura del pacto.
Los pactos normalmente incluyen un prólogo histórico, las condiciones del pacto, bendiciones prometidas a los guardadores del pacto y amenazas a ser ejecutadas en el incumplimiento de esas condiciones, y una vez establecido el pacto, se reafirma con sangre. Estos elementos básicos se hallan en el Nuevo Testamento lo mismo que en el Antiguo.





El pacto del Nuevo Testamento.

El Nuevo Testamento debe ser entendido a la luz de su estructura de pacto.
Jesús, de acuerdo a la profecía de Zacarías, padre de Juan el Bautista, inspirada por el Espíritu Santo, vino en cumplimiento del pacto de Dios con Israel (Luc 1:67-72)
La sangre derramada por Cristo en la Cruz, según sus propias palabras, es la sangre del Nuevo Pacto (Mat 26:28, Mar 14:24, Luc 22.20). Pablo, en su enseñanza sobre la Santa Cena, en 1 Cor 11.25, reafirma las palabras de Jesús, y en Heb 8:6 lo ratifica diciendo que Cristo es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas.
Además, en Gal 3:15 manifiesta algo importante: ese pacto no puede ser invalidado, ni se le puede añadir (y obviamente, tampoco recortar).
Asimismo, Pablo en 2 Cor 3:6, nos califica a nosotros los creyentes, como los ministros de un Nuevo Pacto,
Donde se hace más evidente la calidad de pacto del Nuevo Testamento es en el Libro de Hebreos, principalmente en los pasajes 9:15-17, Heb 10:26-29, 12:24-25, 13:20-21.

La estructura del Nuevo Pacto.
Los Evangelios proveen el prólogo histórico que presenta la obra salvadora de Cristo como el terreno lleno de gracia de las demandas de Dios en el pacto.
Las epístolas demuestran la estructura pactal cuando establecen doctrina antes de abordar las demandas que fluyen de la obra de Cristo. Un buen ejemplo de esto es Rom 12:1-2, donde Pablo resume los primeros 11 capítulos de Romanos como las misericordias de Dios, y luego apela a los creyentes para presentar sus cuerpos como sacrificios vivientes para Dios.
Las condiciones del pacto se encuentran en las amonestaciones, exhortaciones, instrucciones, mandamientos, dados a los creyentes, que han de gobernar la manera en que piensan y actúan.
Las bendiciones son ofrecidas en las promesas de Cristo para esta vida y para la porvenir.
Las amenazas son publicadas en el juicio inminente sobre el incrédulo Israel y sobre aquellos que imitan a Israel en su incredulidad, (Mat 23:37-38, Rom 11:17-22), y claramente también en Heb 10:26-29, 12:24-25, Heb 13:20-21:

Obediencia y gracia.
El sujetar el cumplimiento de las promesas del pacto a la obediencia a las condiciones y demandas del pacto, de ninguna manera viola ni invalida la Gracia: cualquier don de vida sobre la condición de la obediencia a la Palabra debe ser visto como un acto de la gracia soberana de Dios, que no solo nos habilita para dicha obediencia (Heb 13:20-21), sino que nos otorga el don a pesar de nuestra vieja vida pecaminosa, y aún de nuestros pecados actuales eventuales, que nos hacían, y hacen, solo merecedores de la muerte. Aún cuando en nuestras vidas se diera la perfecta obediencia, todavía deberíamos ser vistos como siervos poco provechosos, habiendo hecho solamente lo que se esperaba de nosotros (Luc 17:7-10).

Fracaso en el entendimiento del pacto.
El fracaso en creer las demandas y amenazas del pacto ha producido la "creencia barata" que se extiende hoy por la iglesia: la presentación moderna del Evangelio retrata a Cristo como a un vendedor indefenso, en lugar del Rey de reyes y Señor de señores, demandando Sus derechos reales de los hombres rebeldes y definiendo Su salvación en términos de obediencia a las estipulaciones del pacto. Como consecuencia, en amplios sectores de la cristiandad se está viviendo un "cristianismo acomodado" y el "antinomianismo" (corriente teológica que sostiene que, puesto que Jesucristo cumplió perfectamente –activa y pasivamente—con la exigencias de la Ley en nuestro lugar, los creyentes quedamos libres de la obligación de cumplirla), que han dañado tanto a las iglesias establecidas como a las misiones. Decir que el nuevo pacto no conoce condiciones, es robarle al evangelio su carácter obligatorio, negar la Biblia misma y engañar al pueblo.

Dispensacionalismo y teología del Pacto.
El moderno pensamiento dispensacional, mira la Biblia en términos de discontinuidad en lugar de unidad. Debido a su doctrina de la relación entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, el dispensacionalismo puede ser "un avivamiento de antiguas herejías".
Marción (el primero que en la Iglesia de los primeros siglos expuso este pensamiento), fue visto por sus contemporáneos como el enemigo más peligroso de la doctrina Cristiana.
Creía que, "Jesús reveló a un nuevo Dios, quien era totalmente diferente del Dios del Antiguo Testamento. Este último era 'terrenal' y severo, un Dios vengativo. Pero el Dios del Nuevo Testamento envió a Jesús en un cuerpo fantasmal para revelar su amor".
Hizo absoluta la distinción entre ley y evangelio y la extendió a la relación entre el todo del Antiguo y del Nuevo Testamento.
Después de Marción, influenciado por un avivamiento del pensamiento gnóstico, Ptolomeo hizo la dicotomía entre Jesús y Moisés más aceptable al introducir un modelo evolucionista del desarrollo de la Escritura.
Posteriormente, los Anabaptistas abrazaron una aproximación similar a la Escritura.
En “La Institución de la Religión Cristiana”, Calvino, en referencia a los Anabaptistas dice: "quienes consideran al pueblo de Israel en el tiempo del Antiguo Testamento como nada más que una horda de canallas, engordados por el Señor, sin esperanza de inmortalidad celestial". A esto Calvino responde: "El pacto hecho con nuestros antepasados no difiere en ninguna manera de aquel con nosotros, ni en sustancia, ni en contenido; tanto así, que los dos son totalmente idénticos".
No ha de haber una dicotomía radical entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Toda la Biblia es el evangelio pactal de Dios y debe ser interpretada como tal. Con una interpretación tal, pasajes de la Biblia que parecen ser difíciles u oscuros se abren de par en par, y la majestad del evangelio es vista con nueva claridad y nuevo entendimiento.



Conclusión.

El propósito de Dios para el ser humano en la Creación, y con Israel, en relación con el propósito de la Iglesia, no deben ser entendidos como diferentes, resultado de diferentes dispensaciones, sino más bien como una continuidad, en la cual se incorporan los elementos manifiestos del propósito de Dios anteriores, a los nuevos, de tal manera que el propósito manifiesto de Dios en el Antiguo Testamento de que el ser humano (Adán, Israel) aplicara los principios del Reino de Dios en la tierra, en todos los ámbitos, relaciones y actividades de su vida, sigue siendo el mismo hoy en cuanto a la Iglesia (sin reducir el ámbito de la Iglesia y de los creyentes a lo estrictamente espiritual). Es a la luz de ello que deben considerarse pasajes tales como Jn 3:16, Mat 28.18-20, Efe 1:9-10, Col 1:20, Rom 8.19-21, Efe 4.11-16, Mat 5:13-16, Mat 13.33, etc., y actividades tales como el evangelismo, el discipulado, las reuniones congregacionales, etc.

La Iglesia en general, y los y las creyentes en particular, necesitamos re-enfocarnos en la Cosmovisión Bíblica de Dios, el universo, el mundo y la vida, en el Evangelio y en el consejo completo de la Palabra de Dios tal como está expuesto en la Biblia, y en la unidad del pensamiento de Dios, que no cambia, que permanece para siempre.

También necesitamos eliminar de nuestra forma de pensar:
Todo rompimiento que se quiera hacer entre la continuidad y unidad del Antiguo y del Nuevo Testamento.
Todo “abaratamiento” del Evangelio y de sus demandas-
Todo cristianismo acomodaticio que se centre en las promesas sin hacer el mismo énfasis en las demandas.
Todo antinominanismo que quiera rebajar o eliminar las demandas del Evangelio.
Toda disminución que se quiera hacer de la vigencia de ciertos pasajes de la Palabra para hoy.}
Y toda doctrinas de las que se derivan esas cosas.

También necesitamos dedicar esfuerzos importantes para elaborar las doctrinas teológicas y prácticas, fundamentadas en el consejo completo de la Palabra de Dios, que se derivan de la transformación de la Cosmovisión, de una cosmovisión mundana, o en el mejor de los casos, teológico-racionalista-deísta, a una Cosmovisión totalmente bíblica, totalmente teísta, y que abarque todos los aspectos de la vida humana, sus relaciones y sus actividades, en todos los ámbitos de la vida.



BIBLIOGRAFÍA.

La Teología del Pacto Ilustrada: Romanos 5 y la Representación Federal de Adán y Cristo.
S. M. Baugh (Ph.D., University of California, Irvine) profesor asociado de Nuevo Testamento en Westminster Theological Seminary en California.
www.contra-mundum.org

Tesis Sobre la Teología del Pacto.
R.. Scott Clark - Web Publications
www.contra-mundum.org

¿Qué es la Teología del Pacto? (19 k)
J. Ligon Duncan - First Presbyterian Church, Jackson
www.contra-mundum.org





27 Jun 2009
Referencia: Tema No. 19.