Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Iglesia, reino y liturgia.



LA COSMOVISIÓN CRISTIANA BÍBLICA (27).

LA IGLESIA, EL REINO Y LA LITURGIA.
(El lenguaje político del Nuevo Testamento).



El Reino de Dios.
Es Su reinado sobre el cosmos entero y sobre todo lo que hay en él, tanto en los cielos como en la tierra (Mat 28.18-20). El Padre le ha dado este Reino a Su Hijo, Jesucristo, en virtud de su resurrección de entre los muertos (Fil 2:9-11). Jesús es Rey de reyes y Señor de señores, Regidor de los reyes de la tierra (1 Tim 6:15, Apo 17:14, Apo 19:16). Todas las cosas están subordinadas a Él, incluyendo las culturas, reinos y civilizaciones terrenales (Rom 11:36, Col 1:15-20, Heb 1.3). Él gobierna estos reinos de manera inexorable, aunque sea de forma invisible o insensible; para fines eternos, no por poder o gloria temporales (Sal 2:7-12).



La Iglesia.
La Iglesia, es el cuerpo de Cristo y Él es su cabeza (Efe 5:22-31). Una cabeza actúa por medio de su cuerpo; así que entendemos que Jesús actúa por medio de Su Iglesia. Ella es el instrumento por el cual Él administra Su Reino (Efe 1:22-23). Los santos reinan con Él en Su Reino (Apo 1:5-6, 5:10, 1 Ped 2:9-10), en cumplimiento de la profecía de Daniel que habla de la destrucción del reino del hombre representado por el poder del imperio terrenal, y su reemplazo por el Reino del Mesías, el que es dado a los santos como su posesión (Dan 7:18, 27).



El significado de Iglesia: “ekklesia”.
El mismo nombre para 'Iglesia' usado en el Nuevo Testamento, ekklesia, refleja la autoridad que ésta posee. Ekklesia es la palabra Griega para una asamblea popular. En la polis Griega, la ekklesia era el cuerpo de ciudadanos libres reunidos para conducir los negocios públicos. Miramos un ejemplo de una ekklesia en Hch 19:23-27, cuando la asamblea (ekklesia) de Efeso se reúne a instancias de la industria de ídolos de esa ciudad para tratar el trastorno que los primeros creyentes estaban causando en su ciudad y en su industria.
Orígenes, un escritor antiguo, era plenamente consciente del significado de esta palabra. Comparó la Iglesia (ekklesia) con las ekklesiai seculares en su escrito Contra Celsus: “Pues la ekklesia de Dios, es decir, la que está en Atenas, es un cuerpo humilde y estable, como una que desea agradar a Dios, quien está sobre todas las cosas; mientras que la ekklesia de los Atenienses es dada a la sedición, y no se ha de comparar nunca con la ekklesia de Dios en esa ciudad. Y podrías decir la misma cosa de la ekklesia de Dios en Corinto, y de la ekklesia de la gente de Corinto; y también de la ekklesia de Dios en Alejandría, y de la ekklesia de la gente de Alejandría. Y si quien oyera esto fuera un hombre sincero, y uno que investiga las cosas con un deseo de cerciorarse de la verdad, entonces se llenará de admiración con respecto a Él (el Señor) quien no solamente concibió el diseño, sino que también fue capaz de asegurar el establecimiento en todos los lugares de las ekklesiai de Dios a la par de las ekklesiai de los pobladores de cada una de esas ciudades.”
(Orígenes, Contra Celso, en Vol. IV de los Padres Ante-Nicenos, editado por el Rev. Alexander Roberts, D.D., y James Donaldson, LL.D., Grand Rapids, MI: Wm. B. Eerdmanns Publishing Co., 1989, reimpresión, p. 476).
Jesús atribuyó el status de ekklesia a Sus seguidores (Mat 16:19; 18.17). Obviamente hizo esto por una razón. Por una parte, la palabra indica la posición superior de la Iglesia del Nuevo Testamento en contraposición a la reunión de los judíos.
Los judíos se reunían en sinagogas.
En griego, sinagoga es más bien un término no descriptivo para indicar reunión. No dice nada acerca del significado de la reunión.
De hecho, una posible traducción de sinagoga es multitud, rebaño, agrupación: obviamente no le es atribuible ningún significado político (de gobierno) a este tipo de reunión.
Ekklesia, por otra parte, es un término rico en connotaciones políticas, denotando autoridad pública.
El significado real de la escogencia de ekklesia y su relación con el reino, basileia, sólo se torna aparente cuando examinamos cómo las palabras para reino e iglesia, basileia y ekklesia, figuran en la teoría política griega por cuanto que no podemos perder de vista el hecho de que ni los Evangelios ni el resto del Nuevo Testamento fue escrito en un vacío. Jesús visitó a Su pueblo y estableció Su Iglesia cuando "la plenitud del tiempo" (Gal 4:4) hubo llegado, cuando la cultura helenista, basada en la polis había sido establecida a lo largo del mundo Mediterráneo y el Cercano Oriente. El lenguaje de la polis (la política), se había vuelto la moneda común. Eso fue enteramente sumarizado por el enciclopedista de la civilización de la polis, Aristóteles, en su politikei, "Política".
Una mirada a cómo Aristóteles usaba las palabras basileia y ekklesia es sumamente instructivo.
De hecho, el uso de los dos términos es bastante exclusivos, y se utilizan generalmente referidos a la tradición de la polis, cuya característica distintiva era la auto-suficiencia y por lo tanto la independencia del régimen monárquico.
Basileia significaba un reino monárquico, que se caracterizaba por la exclusión del proceso político de toma de decisiones al pueblo, y aún cuando un basileus podía proveer justicia, esta forma de gobierno, para los griegos, era indeseable para un pueblo libre, quienes tomaban sus propias decisiones, y más deseable para los esclavos, incapaces de tomar decisiones responsables.
La forma de en la cual la mayoría del pueblo libre griego participaba en el gobierno, tomando de esta manera sus propias decisiones, Aristóteles lo llamó por el término politeia cuyo elemento central era una ekklesia (asamblea).
De esta forma, la ekklesia era el estatus simbólico de un pueblo libre, un pueblo liberado del yugo de la basileia. Es más, una politeia es la constitución de una polis: es pues descriptiva del gobierno de la ciudad.
Si bien es cierto en el uso corriente griego de estas palabras: “basileia” y “ekklesia” eran prácticamente términos antagónicos, en el uso que el Nuevo Testamento hace de los mismos no existe ese antagonismo. Dios viene en Cristo a traer de nuevo el “Basileia” (Reino) de Dios a la tierra, trabajando conjuntamente con la “ekklesia” (asamblea de ciudadanos y ciudadanas libres del Reino), como colaboradora de El (2 Cor 6:1, 1 Cor 3:9) para tal fin.



¿Qué forma de gobierno poseía el Israel del Antiguo Testamento?
De acuerdo a Pablo, una politeia (ciudadanía, Efe 2:12), es decir, un gobierno libre, un gobierno de la ciudad.
Israel comenzó como una confederación de tribus unificadas por un tabernáculo, el Arca del Pacto. En tiempos de necesidad se levantaron jueces para tratar con los enemigos externos y con los conflictos internos.
Eso dio camino a un reino, cumplido en el reinado Davídico. El reinado Davídico hacía pareja con un creciente enfoque sobre una ciudad particular, Jerusalén, que vino a personificar la esperanza profética.
Hay un tercer elemento: el imperio, regir sobre las naciones.
Estas tres hebras se combinan en Isaías, donde el rey Davídico gobierna desde la ciudad real, Jerusalén, dominando sobre las naciones.
Daniel completa la imagen: los ciudadanos de la ciudad real comparten el gobierno imperial del rey. Daniel es alguien que debe estar bien enterado de lo que es el gobierno imperial. Él mismo participó en tal gobierno en un plano terrenal, en Babilonia.
Esto es profético de lo que sucederá en el Nuevo Testamento, tal y como es evidente por la manera en la cual los escritores del Nuevo Testamento hablan de la participación mayor en el reinado celestial ejercido por los santos del Nuevo Testamento comparados con su contraparte del Antiguo Testamento, tanto así que por comparación los santos del Antiguo Testamento tenían, con unas pocas excepciones (Abraham, Moisés, David) el status de esclavos, alejados del consejo de Dios y temerosos de tratar cara a cara con Él. Este es el status que Pablo le atribuye al Israel del Antiguo Testamento en Gal 4:22-5:1. Y el escritor a los Hebreos es totalmente claro en este punto (Heb 12:18-24).
El Sinaí puso temor en los corazones del Israel del Antiguo Testamento; en contraste, el creyente del Nuevo Testamento es traído al Monte de Sión, la Jerusalén celestial, a la asamblea festiva y a la ekklesia de los primogénitos.
Con el Israel del Antiguo Testamento hay temor porque uno está sujeto a los consejos y a la disposición de un Rey que uno no conoce, con el cual uno no puede relacionarse, y quien está, de cualquier forma, molesto contigo.
Con la Iglesia del Nuevo Testamento, hay confianza basada en la verdadera reconciliación, una relación íntima, una en la que el súbdito no es simplemente un súbdito sino un ciudadano, un compañero que participa en la toma de decisiones.
Esto se torna especialmente claro cuando uno ve la manera cómo Jesús les habló a Sus discípulos en la Última Cena (Jn 15:13-16). Él llama a Sus discípulos amigos; ellos ya no son esclavos.
A los amigos de Jesús les es dado el favor de la participación en los consejos celestiales del Padre y del Hijo, por medio del Espíritu Santo, el Consolador a quien Él les enviaría.
No es por casualidad que la distinción política de amigo vs. esclavo tenga su precedente en Aristóteles (compárese su “Nicomachean Ethics”, Cap. 8: "Sobre la Amistad").
Como podemos deducir al observar atentamente, esto es lenguaje político (gobierno) referido al tipo de relación que hay entre un súbdito para con el Rey.
En el Capítulo 2 de Efesios Pablo va más allá al explicar el significado especial de membresía en la
politeia hebrea. Por medio de Cristo los santos gentiles son ahora "con-polites" [conciudadanos, Efe 2:19), participantes en la vida de la politeia de Dios, junto con los santos judíos. Ellos son ciudadanos de la Nueva Jerusalén, la ciudad celestial que reina sobre los reyes de la tierra, la sede del gobierno real mesiánico.



La “ekklesia” y su relación con el Rey
Como él explica en el tercer capítulo de Efesios, la misión dada a Pablo por Dios es predicar este evangelio de reconciliación entre judíos y gentiles, "para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la ekklesia a los principados y potestades en los lugares celestiales" (Efe 3:10).
Esta asamblea celestial tiene como propósito mostrar (exponer, exhibir(la sabiduría de Dios al mundo, igual que como el Israel del Antiguo Testamento exhibió esa sabiduría (Deut 4:5-8).
Estos son procedimientos judiciales públicos, calculados para dejar a los poderes foráneos desanimados y sin aliento, como el caso de la Reina de Sabá (2 Cro 9:3-4).
Este testimonio desarma a los poderes; son los medios escogidos del Reino celestial para conquistar los poderes que hay detrás de los tronos, especialmente los demonios que laboran para controlar las autoridades públicas (Dan 10:12-21).
Dios, dice Pablo, exhibe Su sabiduría por medio de la Iglesia a los poderes demoníacos detrás de los tronos con el propósito de que sean expuestos y sean echados de su ocupación ilegal en la arena pública.
Cristo nulificó su derecho legítimo de esclavizar las naciones cuando murió en la cruz y resucitó. Es un acto público con consecuencias públicas (Col 2:13-15).
Una exhibición pública, y no algo con significado simplemente privado; esto efectuó la transferencia de poder político de los demonios al Rey, y a los santos en virtud de Su sangre.
De esta manera Cristo Jesús ha obtenido el derecho legal de regir sobre las naciones. Él es ahora Rey de Reyes y Señor de Señores, "el primogénito de los muertos y el soberano de los reyes de la tierra", y la ekklesia reina con Él (Apo 1:5-6).
Por lo tanto, el Rey no gobierna separado de Su ekklesia. Esta es la reconciliación a la oposición de Aristóteles de ekklesia y basileia. Jesucristo reina como un basileus, pero comparte la autoridad con Su ekklesia, de hecho gobierna por medio de ella.
Como el Nuevo Testamento repetidamente afirma, la ekklesia es el cuerpo del Rey.
¿No es esto sino la sesión del Rey con su parlamento? Si es así, ¡qué posición tan exaltada ocupa la Iglesia! Cuando la Iglesia se reúne, lo hace como la asamblea pública, la reunión de la nobleza del reino (Mat 6:9-13).
Cuando la Iglesia adora, es simplemente esta asamblea pública preparando el camino para el Rey, para venir y reunirse con ella, para compartir en consejo, para deliberar, para funcionar como una corte.
Este Rey primero trata con sus ministros, la ekklesia, estableciendo una corte para oir disputas, para amonestar, para animar, para perdonar. Él declara Su voluntad: Sus vasallos doblan sus rodillas y humildemente se someten, declarando su devoción eterna.
Luego la atención se vuelve hacia los asuntos públicos, cómo tratar con el Reino sobre el cual la asamblea rige. Esto es, el mundo, las naciones, los asuntos públicos. Ya para despedirse, los ministros de este Reino, por la gracia, el favor inmerecido del Rey exaltado en Sus deliberaciones, socios en el arte de gobernar y legislar, salen hacia afuera para hacer valer Su voluntad sobre los súbditos.



La liturgia.
Es primero y mayormente en la liturgia, la adoración corporativa de la Iglesia, que esto ocurre.
Esta es otra palabra griega cargada con connotaciones políticas. ceremonias públicas y también tenían que pagar impuestos extra en tiempos de guerra. Estos impuestos eran llamados liturgias.
Luego, la palabra vino a tomar connotaciones más amplias, especialmente con respecto a los servicios públicos en general.
En la Septuaginta, liturgia es usada para describir la adoración en el templo, es decir, el homenaje público rendido al Rey Divino.
El Nuevo Testamento mantiene este uso de la Septuaginta (Luc 1:23; Heb 8:2, 6; 9:1; 10:11).
Pablo usa la palabra para describir el ministerio del estado y así define y legitima, al hacerlo de ese modo, este trabajo como servicio rendido a Dios. Es más, Pablo describe como litúrgicos los beneficios materiales provistos por las iglesias gentiles tanto para él mismo y para la Iglesia en Jerusalén. En este contexto él parece enfatizar la posición subordinada de estas iglesias y la naturaleza obligatoria de tal servicio: ellos se lo deben a Pablo y a la Iglesia en Jerusalén (Rom 15:27) por cuanto les hicieron participes de sus bienes espirituales.
Es en Hch 13:2 que liturgia se usa para la adoración corporativa, y así conlleva el significado específico que vino a tener en los primeros días de la Iglesia.
En la primera descripción de tal tipo de servicio, en la carta de Clemente de Roma a la Iglesia de Corinto, fechada alrededor del año 96, se describe así el servicio de adoración.
La ekklesia preserva un orden a lo interno de sus encuentros y deliberaciones con el Rey, y este orden es liturgia del tipo de la que Pablo habló en 1 Cor 14.



Conclusión.
La adopción por parte del Nuevo Testamento del lenguaje de la polis para describir la naturaleza y ministerio de la Iglesia significa varias cosas que necesitamos no solo tomar en cuenta sino que derivar lo que ellas implican.
Que la iglesia tiene un claro papel público que desempeñar en nuestras sociedades, en cuanto a orientar el rumbo de ellas en el propósito y el plan de Dios.
Que ello implica no solo su desempeño frente a las autoridades superiores gubernamentales, sino en todos los niveles de autoridad y actividad social.
Que la perspectiva escapista de la influencia y acción privatizada hacia lo interno, contemporánea de la Iglesia, no solo es errónea, sino que representa una especie de esquizofrenia espiritual.
Desde el principio el ministerio de la Iglesia fue público, como un servicio proyectado a la sociedad en la cual servía, aún cuando muchas veces esto no ha sido reconocido.
Nosotros los modernos hemos aceptado la mentira de que la Iglesia no es ni puede ser una institución de proyección e influencia pública en todas las esferas y actividades de la sociedad.
Pero nos guste o no, desde la perspectiva de la cosmovisión de Dios, la cosmovisión bíblica y cristiana, eso es lo que ella es y lo único que a nosotros nos queda es obedecer la perspectiva de nuestro Rey y actuar en consecuencia.


BIBLIOGRAFÍA.

Iglesia, Reino y Liturgia: El Lenguaje Político del NuevoTestamento.
Rubén Alvarado. Christian Cultural Studies Page.
www.contra-mundum.org.


27 Jun 2009
Referencia: Tema No. 27.