Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Responsabilidades cívicas.



LA COSMOVISIÓN CRISTIANA BÍBLICA (42).

LAS RESPONSABILIDADES CÍVICAS DE LOS CRISTIANOS



Introducción.
Desde el principio del tiempo, debido a la imagen de Dios en nosotros (Gen 1:26-27) y a Su naturaleza social (Padre, Hijo y Espíritu Santo), las personas se han reunido en grupos (Gen 2.18, Ecle 4:9-12) para alcanzar más eficiente y eficazmente sus objetivos de vida, comenzando con Adán y Eva en el Huerto (Gen 1:27-28), desarrollándose hasta llegar a conformar grupos familiares de mayor tamaño y finalmente, naciones. Con Su maravillosa sabiduría, Dios ha provisto estándares para este tipo de conducta interpersonal, tanto para las familias como para los ámbitos que podríamos catalogar como sociales para mantener la armonía y la paz entre las personas, principalmente después de la caída y la entrada del pecado en el mundo, que es la fuente última de todos los conflictos entre personas, familias y naciones.
Estos estándares se encuentran en su forma más concisa en el Decálogo dado a Moisés (Exo 20:1-17), en sus dos tablas (los primeros cuatro mandamientos, referidos a la relación con la persona de Dios, y los siguientes seis, referidos a la relación con el prójimo) cuyas aplicaciones prácticas en todas las posibles situaciones que enfrenta una persona en su vida cotidiana, se hallan diseminadas a través de toda la Biblia (2 Tim 3:16-17). La Biblia, por lo tanto, es nuestro libro de texto para la acción social en general, y para la acción cívica específicamente. Contiene principios que son válidos y funcionales para todos los pueblos, todas las culturas y todos los tiempos (Mat 5.18). Ella debe ser hoy el punto de partida para la cualificación de las relaciones sociales y la paz en las sociedades (Sal 127:1-2, Jn 15:5, Sal 33:12).
Los líderes de la Iglesia de los siglos pasados han reconocido que hay diferentes jurisdicciones en la sociedad, siendo cada una directamente responsable ante Dios, y cada una tiene ciertos límites y su propia estructura gubernamental. Esas jurisdicciones son: El Auto-Gobierno (Gen 2.16-17), el Gobierno de la Familia (Deut 6:1-9, Sal 127:3-4, Efe 6:1, Col 3:20) el Gobierno Eclesiástico (Efe 4:11, 1 Tim 3:1-7) y el Gobierno Civil (el Estado) (Deut 17.14-20, Rom 13.1-7, Mar 10:42-45).
La tiranía (parcial o total, dependiendo del ámbito de acción al que se refiera) surge cada vez que una de estas jurisdicciones va más allá de sus propios límites establecidos por Dios e interfiere de manera anti-bíblica con la acción legítima de cualquiera de las otras jurisdicciones.
Las acciones cívicas son relevantes para todos los miembros del grupo porque nadie en la sociedad puede funcionar por mucho tiempo sin afectar a otros ya sea para bien o para mal. El pecado, si bien es una decisión personal, sus consecuencias siempre son sociales, y cuando los pecados individuales se manifiestan en un gran número de individuos dentro de una misma sociedad, se institucionalizan a través de las estructuras sociales que dan lugar a los sistemas sociales injustos que provocan en una sociedad no solo la injusticia sino también la opresión, la enfermedad, la pobreza, la violencia, etc., (Deut 28:15-68). Lo contrario también es cierto. Cuando la vida de las personas manifiesta virtud en sus relaciones con otros individuos de la misma sociedad, y esas virtudes se hacen presentes en la vida de una gran cantidad de personas dentro de esa sociedad, esas virtudes se institucionalizan en relaciones sociales que forman estructuras sociales justas y que dan lugar a sistemas sociales justos (Deut 28:1-14), provocando que una sociedad prospere en todo.
En consecuencia, nuestras decisiones, ya sean pecaminosas o virtuosas, siempre tienen consecuencias, no solo para uno mismo, sino también para otros. En la sociedad vivimos con y en dependencia de otros. Para poder funcionar en esta relación eficiente y eficazmente necesitamos normas que sean mutuamente aceptables para asegurar que nuestras acciones sean relativamente predecibles y justas. (I Cor. 12:12-31; Rom 13:1-7; 1 Ped 2:13-17).



Las responsabilidades cívicas de los cristianos. Principios fundamentales.



El gobierno y la familia.
Dios creó a la familia como el fundamento de la sociedad (Gen 2:18-25, Gen 1:26-28). La familia, en sentido bíblico, se define como unidades de personas, uni- o multi-generacionales, relacionadas por la sangre, el matrimonio heterosexual, y/o la adopción. Ninguna cultura o una sociedad sanas puedan ser cultivadas o sostenidas en tanto que el gobierno civil sea indiferente o antagónico hacia la familia, o cuando haya una preferencia gubernamental hacia el individuo que no sostenga simultáneamente la integridad de la familia (Gen 1:27; 2:22-24; 5:2; Sal 127:1-5; 128:1-6; Eze 22:7; Mat 19:4-6; Efe 5:21, 6:3; Mal 2:16; 1 Cor 7:10-11; 1 Tim 3:5; 5:8).
En consecuencia, debe ser una obligación fundamental del gobierno civil fortalecer y defender la familia. El gobierno civil no tiene derecho de actuar, en alguna forma, en detrimento de la salud y la estabilidad de la familia (Deut 6:4-9; Rom 13:1-4; Efe 5:22-25; Sant 4:17).



El gobierno y los cristianos.
El gobierno civil es una esfera divinamente establecida (Gen 9:5-6, Rom 13.1-7), y todos los ciudadanos, especialmente los cristianos, tienen un papel de mayordomos en el gobierno civil (Prov 11:10-11, Prov 29:2). El gobierno civil no es malo en sí mismo y los cristianos no deberían evitar involucrarse en él cuando las condiciones y la dirección del Espíritu Santo así lo demanden (Mat 22:17-21; Rom 12:6-8, Rom 13:1-7; 1 Ped 2:13-17; Apo 1:5).
Los ciudadanos, bajo cualquier gobierno, son responsables ante Dios y ante sus conciudadanos por la preservación e incremento de la justicia, la rectitud, la misericordia y la estabilidad nacional (Mat 6:33).
En una república no es moralmente aceptable para la ciudadanía el dejar el gobierno en manos de la élite o en manos de los políticos (Deut 17:14-20; Prov 11.10-11, Prov 29:2, Exo 22:21-22; Isa 1:16-17, 23; 29:13-21; 59:1-19; Jer 5:28-29; 7:5-7; 22:1-3; 32:17-19; Sof 3:1-8; Zac 7:9-10; Mal 3:5; Mat 12:18 con 28:20; 23:23; 1 Tim 1:8-11).
En una sociedad que se basa en el gobierno por representatividad los ciudadanos comparten la responsabilidad por las acciones de sus líderes. En una sociedad que se base en el gobierno por representatividad la ciudadanía no puede ser considerada como inocente por las acciones de aquellos a quienes haya elegido (Jos 7:24-25; Dan 9:5-6, 8; Sof 3:1-8; Rom 5:12-19).
Dios responsabiliza a todas las personas, especialmente a los cristianos, de establecer y sostener un gobierno civil justo. Los cristianos no pueden evadir involucrarse en el gobierno civil y ser considerados libres de responsabilidad (Deut 17:14, Prov 11:10-11, Prov 29:2, Exo 22:21-22; Isa 1:16-17, 23; Jer 5:28-29; 7:5-7; 22:1-3; Sof 3:1-8; Zac 7:9-10; Mal 3:5; Mat 12:18 con 28:20; 23:23; Rom 12:18, 21). El trabajo en las esferas o campo del gobierno es un trabajo como cualquier otro, y como tal, constituye un llamado de Dios (Gen 2:15, Gen 1.28) para algunos de los creyentes sobre los cuales Dios derrama una unción especial para ello (con características parecidas al llamado a los ministerios eclesiásticos) y es una oportunidad de glorificar el Nombre de Dios (Col 3:22-24)



Gobierno, ideología y religión.
Todos los conceptos de legalidad y del gobierno civil tienen su fundamento en principios ideológicos que son morales y religiosos (favorables o contrarios a Dios). Es imposible, para la ley o para el gobierno civil, ser estrictamente seculares o hallarse divorciados de las ideologías que en esencia son religiosas y morales.
Todo concepto de legalidad y de gobierno civil es la implementación de la ideología religiosa y moral de un grupo o de un individuo. La ley o el gobierno civil no pueden existir aparte de ideologías religiosas y morales. La ley o el gobierno civil no son amorales o irreligiosos. (Gen 1:27 con Rom 1:18-22; Éxo 20:2 como prefacio a Éxo 20:3-17; Rom 13:3-4; Miq 6:16).
Todo gobierno civil abraza alguna ideología religiosa y moral por encima de otras ideologías que compiten por su atención, y de este modo se halla parcializado a esa ideología dominante. Es imposible que todos los principios religiosos y morales se vean representados de manera igualitaria por cualquier gobierno civil, y que el gobierno civil sea capaz de funcionar siendo neutral en cuanto a valores (Gen. 1:27 con Rom 1:18-22; Lev 18:2-4; Sal 115:2-8; Isa 44:9-20; Hab 2:18-20; 2 Tes 2:3-4).



Dios y el gobierno.
Dios, en la Biblia, enseña principios relacionados con las responsabilidades y derechos cívicos de las personas, y estos preceptos se aplican a todas las personas, cristianas y no-cristianas por igual. Ninguna persona es moralmente libre para gobernar o promulgar leyes que estén en desacuerdo con la verdad de la Biblia (Deut 30:19-20, Mat 12:30, Luc 11:23, Rom 13.1-7, Hch 5:29).
El gobierno civil funcionará de la forma más beneficiosa para todos los ciudadanos cuando está basado en los principios bíblicos (Sal 33:12, Deut 6:1-10, Deut 17.14-20). No hay principios superiores a aquellos que se encuentran en el Antiguo y en el Nuevo Testamento de la Biblia sobre los cuales puedan fundamentarse el gobierno civil y la civilización (Deut 4:5-8; 29:18-28; Sal 19:7-9; 82:1-8; 89:14; 119:144, 160, 172; Eze 33:10-19; Jon 3:6-10; Miq 6:8-16; Zac 5:3-4).
Jesucristo, a quien le es dada toda la autoridad en los Cielos y en la Tierra, tiene el derecho supremo de gobernar en todo estado e institución terrenal por medio de la sumisión de las personas y del gobierno civil a los principios de la Biblia tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento.
Ninguna persona o sistema tiene derecho legal o moral alguno de desechar el gobierno de Jesucristo, o de gobernar sobre los hombres, ya sea sobre sus conciencias o sus cuerpos, en oposición a los principios de la Biblia o a Jesucristo (Sal 2:1-12; 72:8; 110:1-7; Mat 28:18; Luc 19:11-27; Efe 1:20-23; Col 1:16-18; 3:17; Apo 1:5; Hch 4:19-20; 5:20; Rom 13:4).



La Iglesia y el gobierno.
Dios creó a la iglesia y al estado como entidades separadas. La Iglesia no debe gobernar sobre el estado, ni el estado debe gobernar sobre la Iglesia (Deut 31:9; Jos 8:33; 20:4; 2 Cro 26:17-20; Mat 22:21; Hch 4:19-20; 5:20; Rom 13:1-2; 1 Ped 2:13-17).
La Iglesia debiese influenciar al estado hacia el bien moral, la justicia y la misericordia, y debiese considerar al estado como una institución responsable ante los principios de la Biblia. La Iglesia tiene el derecho y la obligación de hablarle a la esfera civil, y es inmoral para la Iglesia el permanecer callada (Est 4:13-14, Est 8:6) mientras el gobierno civil viola los principios bíblicos (Deut 17:18-20; Prov 24:11-12; Jer 4:1-2; 12:14-17; 22:1-5; Mal 2:7-9; 3:13-18; Rom 13:4; 2:12-16; 1 Tim 1:8-11; Apo. 1:5).
La Gran Comisión incluye el mandato de discipular a todas las naciones en el cristianismo, de modo que tanto sus instituciones como su pueblo lleguen a estar de acuerdo con los conceptos bíblicos respecto a las relaciones sociales, y entre ellas, lo relacionado al gobierno civil. La Gran Comisión no excluye el mandato de influenciar el ámbito civil hacia los principios y actividades bíblicas (Isa 2:1-4; 42:5-8 con Hch 13:47; Isa 45:22-24; Hab 2:13-14; Mat 12:18 con 28:18-20).



Los cristianos y el gobierno (Rom 13:1-7).

Las autoridades en el gobierno civil han sido establecidos por Dios. En consecuencia, son autoridades delegadas de El para servirnos, castigando al que hace lo malo y estimulando al que hace lo bueno.

Por esa razón, nuestra actitud hacia ellos debe ser:
Respeto: reconocer su autoridad y de donde viene, en última instancia, esa autoridad.
Sujeción: obediencia a las leyes promulgadas por ellos, siempre que no vayan en contra de los principios de la Palabra de Dios (Tit 3:1, Hch 5:19).
Honra: comportarnos de tal manera que demostremos que respetamos su autoridad sobre nosotros.
Pago de impuestos y tributos (Mar 12.14-17). Los impuestos han formado parte de la vida desde que ha existido algún tipo de gobierno, porque cuesta dinero prestar protección y servicios. Jesús reconoció la autoridad política del gobierno y la autoridad superior de Dios sobre éste, reconoció el derecho del gobierno a cobrar impuestos. No uso el argumento de la impiedad del gobierno romano como excusa para no justificar el no pago de impuestos. Nosotros tampoco podemos invocar tal excusa, como tampoco hay excusas para hacer trampa para no pagar todo lo que deberíamos.
Participación: como sal y luz de la tierra (Mat 5:13-16), con nuestras palabras y hechos, para defender y promover de cualquier forma legal y legítima, las normas de Dios y ayudar a las personas a ver la verdad sobre Dios, la vida y el gobierno, restaurar la justicia en las relaciones sociales (Mat 7:12) y las del gobierno con la sociedad, prevenir el deterioro de la sociedad y fomentar la verdadera adoración en todas las esferas sociales, incluida la del gobierno.
Oración: rogativas (necesidades específicas), oraciones (peticiones generales y constantes), intercesión (por personas y situaciones específicas) y acción de gracias (por lo bueno que suceda en el país y en el gobierno), (1 Tim 2:1-2).



¿Cómo podemos desobedecer respetuosamente? (Hch 4:19, Hch 5:29).

Usando los canales legales disponibles para expresar nuestra oposición, con extrema precaución para no hacer nada que implique tomar la justicia en nuestras manos, porque el fin no justifica los medios (violencia, vandalismo, actos destructivos, anarquía, etc.).
La objeción de conciencia (desobediencia activa), con la disposición de afrontar las consecuencias.

Algunos ejemplos bíblicos de este tipo de desobediencia civil los encontramos en:
Las parteras en Egipto (Exo 1:15-21).
Moisés frente a Faraón (Exo 2 al 7).
Sadrac, Mesac y Abed-Nego (Dan 3) y Daniel (no adorar ídolos) (Dan 1:6).
Rahab (no entregar a los espías) (Jos 2).
Amós: expresó su opinión contra la inmoralidad (Amós 2:7), la corrupción judicial (Amós 5:7), la opresión a los pobres (Amós 2:6-8, 4:1, 5:10-12, 8:4-6).
Ester (Est 5).
Juan el Bautista (Mat 14:1-2).



Participación del cristiano dentro del gobierno.

La bendición de Dios, para las personas bajo una de las instancias de organización social establecidas por Dios (la familia, la iglesia y el estado) siempre llega a ellas a través de la cabeza que Dios ha establecido en esa instancia (Sal 133). Ello implica que la persona que ocupe la más alta posición gubernamental, va a ser el canal de bendición (o de maldición) para la nación (Prov 29:2). De tal manera que es importante, si no trascendental, en que cree la persona que ocupa esa posición (justo, creyente en Dios; impío, no creyente en el Dios de la Biblia).
La Iglesia es responsable de enseñarle a sus miembros los principios del gobierno civil bíblico, y alentar su involucramiento en el gobierno civil según el grado de sus llamamientos individuales. Las responsabilidades de enseñanza de la Iglesia no pueden ser llevadas a cabo plenamente sin la instrucción bíblica en los principios y responsabilidades de la participación del cristiano en las responsabilidades cívicas bajo el Señorío de Cristo (Lev 20:22-23; Deut 1:15-17; 5:31; 6:1, 7; 11:19; 1 Ped 4:11; Apo 1:5).
Los cristianos debiesen buscar el oficio o las posiciones políticas en todos los niveles con el fin de ayudar a guiar a su nación hacia los principios cristianos. No todos los cristianos deban buscar el oficio o las posiciones políticas, ni los cristianos que sean electos deban buscar engrandecer su poder por ganancia personal, más bien deben hacerlo por los principios cristianos (Est 10:3; Prov 14:34; 1 Cor 12:12-14; 1 Tim 2:1-4, Mar 10:42-45).
Todos los hombres están moralmente obligados a obedecer las leyes de Dios antes que las leyes humanas cuando estas entren en conflicto entre sí. Ninguno está liberado de la obligación moral para con las leyes de Dios sometiéndose a sí mismo a la ley humana (Exo 1:15-21; Dan 3:16-18; 6:6-10; Hch 4:19-20; 5:29).

Ejemplos de participación de creyentes dentro de las esferas de gobierno, aún en gobiernos impíos:
José (Gen 39-50), administrando y gobernando la nación y dándole consejo al Faraón en Egipto.
Débora, Gedeón, Sansón y otros jueces (Jue 1-21), restaurando el orden y protegiendo a Israel.
Samuel, Elías, Isaías, Jeremías, Amós, Sofonías, Hageo y otros profetas, proclamando ante las autoridades gubernamentales de Israel lo que Dios decía sobre la justicia y la manera correcta de gobernar y cuidad de los necesitados (1º. y 2º. Samuel, Isaías, Jeremías, Amós, Sofonías, Hageo, etc.).
Ester y Mardoqueo, influenciando al rey Asuero, emperador del imperio medo, para preservar y proteger al pueblo de Dios (Libro de Ester).
David, fue ungido por Dios para administrar y gobernar a Israel (1 y 2 Sam, 1 y 2 Rey, 1 y 2 Cro).
Nehemías, primero sirviendo al emperador Medo como copero (consejero más cercano) y posteriormente, en la reconstrucción física, restauración espiritual y gobierno de la ciudad de Jerusalén (Libro de Nehemías).
Daniel: administrando y gobernando para varios reyes en Babilonia (Libro de Daniel).
Juan el Bautista, proclamando contra la inmoralidad y la injusticia de Herodes (Mat 14:3-4).



Características de los Gobernantes según la Biblia (el carácter de los cristianos en la política).
Uno que sirva no que se sirva y se enseñoree. Mar 10:42-45.
Exo 18: 13-27. Los ancianos que escogió Moisés por dirección de Dios: personas de virtud, temerosas de Dios, personas de verdad, que aborrezcan la avaricia.
Los requisitos de los ancianos y de los diáconos (1 Tim 3:1-3)(ministros, y ser autoridad de Dios es ser un ministro de El –Rom 13): irreprensibles, honestos, sin doblez (integridad), sobrios, prudentes, decorosos, hospedadores, aptos para enseñar, no dados al vino, no pendencieros, no codiciosos de ganancias deshonestas, amables, apacibles, no avaros, cónyuges de una sola persona, que gobiernen bien su casa, que tengan a sus hijos en sujeción con toda honestidad, no inmaduros para que no se envanezcan, que tengan buen testimonio y que hayan sido sometidos a prueba..



Expectativas bíblicas y realistas acerca del gobierno.
Los gobiernos, no importa que tantos justos participen en ellos, incluído el hecho de que la autoridad superior sea un cristiano, no tienen todas las respuestas y soluciones a los problemas sociales y personales de los habitantes de una nación. Esas respuestas solo Dios las tiene. Ningún sistema, líder, organización, congreso, gobierno, etc., se puede abrogar esa responsabilidad ni esa tarea.
En consecuencia, no solo no podemos basar nuestra seguridad y/o bienestar en ellos, sino que, si violamos este principio, los estamos endiosando (sustituyendo a Dios por ellos como proveedor y pastor), y por lo mismo, nos estamos exponiendo a experimentar frustraciones, decepciones, etc. Solo Dios puede satisfacer todas nuestras necesidades (Sal 23:1) y solo en El pueden descansar nuestras expectativas y esperanzas (Jer 17.5-8).
La tendencia actual de los ciudadanos de la mayoría de los países es a esperar de los gobiernos la solución de los problemas sociales y personales, una cuestión que es muy antigua (1 Sam 8:5-20).
Israel quería un rey “como tenían todas las naciones”.
Querían que esa persona les diera un sentido visible de seguridad.
Dios les indicó que poner su confianza en un rey los llevaría a la desilusión: solo podría ofrecerles una protección limitada y a cambio les iba a exigir lo mejor de su gente y sus propiedades (impuestos y tributos).
A la larga, lo que anhelamos de un gobierno bueno solo lo puede dar Dios.
Por el otro lado, la tendencia hoy, no solo del mundo impío sino aún de muchos cristianos, también es a que el gobierno se promueva a sí mismo como el solucionador de todos los problemas sociales, familiares y personales, y como rector de la vida total de las sociedades que representan, lo que constituye no solo una violación de los principios bíblicos, sino la elevación del estado al rol de dios (paganismo y adulterio espiritual).
Lo que realistamente podemos esperar de los gobiernos son niveles mínimos de orden en la vida social; protección ante el mal e impartición de una justicia imparcial y oportuna; la garantía del respeto a la vida, la libertad y la propiedad privada; una protección a los débiles de la sociedad, proveyendo temporalmente sus necesidades en lo que desarrollan las destrezas necesarias para proveer para sí mismos y sus familias; y el equilibrio de poderes y fuerzas dentro de la sociedad, de tal manera que unas minorías (o mayorías) no obtengan ventajas ilícitas sobre los demás estamentos sociales.



BIBLIOGRAFÍA.

Respecto a las Responsabilidades Cívicas de los Cristianos.
www.contra-mundum.org.



27 Jun 2009
Referencia: Tema No. 42.