Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

La presencia de Dios es nuestro refugio.



LA PRESENCIA DE DIOS ES NUESTRO REFUGIO.


La Iglesia de Laodicea; una iglesia sin la presencia de Dios (Apo 3:13-22).
La iglesia de Laodicea era una iglesia cristiana: tenía asignado un ángel, un mensajero de parte de Dios.
Era una iglesia aparentemente exitosa en lo natural.
Era rica, se había enriquecido, no tenía necesidad de ninguna cosa.
Seguramente su riqueza y éxito no solo era material, sino también un éxito numérico.
Pero a pesar de todo ello era, desde la perspectiva de Dios una iglesia desventurada, miserable, pobre, ciega y desnuda.

¿Por qué?
En esa iglesia la presencia de Dios no estaba: Cristo estaba a la puerta, afuera, no adentro.
Era una iglesia tibia, despreciable en su estado presente, a los ojos de Dios.
No tenía fe (necesitaba comprar oro refinado que es tipo de nuestra fe, 1 Ped 1:7).
No tenía santidad, pureza (necesitaba comprar vestiduras blancas para vestirse, para cubrir la vergüenza de su desnudez –pecado--).
No veía en lo espiritual (no tenía revelación ni discernimiento espiritual, aunque predicara la palabra, posiblemente su predicación era o solo información superficial, sin provocar cambios de vida esenciales, solo cosméticos, o motivacional, animadora hacia el éxito material y social, y derivado de ello su riqueza, pero no era espiritual).



Presencia, refugio y santidad.

¿Por qué la necesidad de la presencia de Dios en nuestras vidas y en la Iglesia?
Porque LA PRESENCIA DE DIOS ES NUESTRO REFUGIO, contra toda tribulación, problema, circunstancias, personas, etc. que nos quieran causar daño o mal (Sal 91:1-2, 9).

Para vivir la presencia de Dios en nuestras vidas y en la Iglesia necesitamos la santidad.
Para estar en la presencia de Dios que es nuestro refugio (habitar al abrigo del Altísimo) necesitamos la santidad porque sin ella no le podremos ver, y por consecuencia, no podremos estar bajo su abrigo (Heb 12:14).

Para estar en santidad, necesitamos ser obedientes a Su Palabra (conocerla, entenderla, guardarla y ponerla por obra) (1 Ped 1:14-16, Deut 26:16-19, NBLH).



Señorío y santidad.
Uno de los significados y consecuencias del Señorío de Cristo (Rom 10:8-10): es la santidad.
Como personas que han aceptado el Señorío de Cristo somos hijos de Dios (Jn 1.12).
Como hijos de Dios tenemos un llamado a ser santos (1 Ped 1:13-16).



Santidad significa cuatro cosas.

Propiedad (Deut 26:18-19, 1 Ped 2:9). Somos Su propiedad, no nos pertenecemos a nosotros mismos. Por lo tanto, nuestra vida no se trata de nosotros, nuestra agenda, nuestros deseos, nuestros propósitos, nuestros objetivos, sino que la vida se trata de El, de Su agenda, de Sus deseos, de Su propósito, de Sus objetivos. Nuestra posición en El, si bien es la de ser Sus hijos e hijas ello no implica vivir como queramos, nos parezca, El cuidándonos y atendiendo nuestros deseos, sino vivir como Su propiedad (Sal 127.3a), total y completamente dedicados a El.

Obediencia (Deut 7:6-11). La manifestación externa del convencimiento, de la convicción de que somos Su propiedad es la obediencia. Los hijos e hijas son obedientes.

Servicio (Exo 28:35-36, 1 Ped 2:9). En lo natural, los hijos e hijas se parecen, tienen el ADN de sus padres. Por ello, porque Cristo tenía el ADN del Padre, vino a la tierra a servir, a dar su vida por el propósito de Dios y por nosotros (Mar 10:42-45). De la misma manera, necesitamos hacer nosotros. Es parte de nuestra nueva naturaleza (2 Ped 1:4). Dios es amor, y el amor se manifiesta en servicio.

Ausencia de pecado. (1 Ped 1:13-16, Efe 4:22-32). Cuando entendemos en nuestro corazón que somos propiedad de El, que El es nuestro Padre y nosotros sus hijos e hijas, la consecuencia inmediata de ello es la obediencia y el servicio, y como consecuencia, de todo ello, la ausencia de pecado. Así como un hijo o hija no quiere hacer nada que contradiga, entristezca, moleste o irrite a su papá terrenal, los hijos e hijas de Dios no queremos contradecir, entristecer, molestar o irritar a nuestro Padre, porque deseamos estar en Su presencia y por ello nos esforzamos en alejarnos del pecado, en que el pecado este ausente de nuestros corazones, pensamientos, palabras y acciones (Heb 12.1-4).



La consecuencia de la santidad: la bendición (Deut 7:6-15, Mat 6:33).



Conclusión: es el tiempo de elevar nuestros parámetros, nuestros estándares de carácter, manifestación de vida, testimonio (Isa 60:1-3, Mat 5:13-16).



08 Jul 2009
Referencia: Santidad.