Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Levantando nuestra descendencia para Dios (3).



EL ESPÍRITU DE ELÍAS (1).


Mal 4:1-6. Luc 1.17.


Elías y Juan el Bautista: tenían el mismo espíritu.

Ambos prepararon el camino para una manifestación gloriosa de Dios.
Elías: en el Monte Carmelo, la manifestación de Dios frente a los 450 profetas de Baal y todo el pueblo que le había dado la espalda a Dios.
Juan el Bautista, la manifestación del Hijo de Dios.

Ambos vivían en medio de un tiempo de decadencia moral.
Elías, una total idolatría del pueblo de Israel hacia Baal, instigados por Jezabel, la esposa impía del rey Acan, y un gobierno impío, cuya máxima expresión fue el mandar a matar a Nabot, un hombre justo, por el simple hecho de que no le quiso vender a Acán su granja.
Juan el Bautista, la impiedad del imperio romano, cuya expresión máxima fué que Herodes vivía con la mujer de su hermano Felipe, y finalmente mandó a decapitar a Juan el Bautista para conceder un deseo de ésta.

Apasionados por Dios.

Celosos por Dios y Su reino.


Hoy.

Dios está preparando la Segunda venida de Cristo.
El clima moral en el que está viviendo la Iglesia hoy en día es muy parecido al clima que precedió el surgimiento de Elías y de Juan el Bautista.
A lo bueno (ser cristiano radical, verdadero) le llaman malo (fundamentalismo, fanatismo).
Se protege a los malos (impunidad) y se deja desprotegidos a los buenos.
Indiferencia ante el pecado:
La inmoralidad sexual en todas sus manifestaciones (pedofilia, homosexualidad, transvestismo, etc.).
Aborto, adulterio, fornicación, prostitución.
Corrupción y delincuencia son vistos como algo "normal" a lo que hay que acostumbrarse.
Aún los encargados de combatirlas son parte del sistema de corrupción y delincuencia.
El cine, la televisión, las revistas, los periódicos, y aún nuestras conversaciones cotidianas, están llenos de violencia, sexo, malas palabras, etc.

El clima espiritual de la Iglesia hoy, en muchos lugares y/o de muchas personas, es parecido al clima espiritual que vivía el pueblo de Dios en los días de Elías y de Juan el Bautista (idolatría, conformismo con el mundo, religiosidad, etc.).: la iglesia de Laodicea (Apo 3:15-20).
No son ni fríos ni calientes: religiosos pero sin pasión por Dios (1 Rey 18:21).
Tienen recursos, tolerados por el mundo, que hasta ha hecho de la pertenencia a ella un símbolo de estatus.
Espiritualmente vacíos (sin manifestaciones permanentes gloriosas de Dios, sin influencia en la transformación del mundo en un mundo santo).
Sin fe para vivir en la obediencia perfecta a Su Palabra (ocupados en buscar las añadiduras del Reino, pero no la justicia del Reino, la obediencia a la Palabra, que reconoce, sabe y repite las promesas de Dios pero no los diez mandamientos).
Sin santidad, que a cada rato, en sus hechos cotidianos, manifiesta la vergüenza de su desnudez y por ello necesita vestiduras blancas para vestirse, porque Dios viene por una iglesia pura, limpia, sin mancha y sin arruga.
Sin revelación fresca de la presencia de Dios.
Sin Cristo: El está fuera, a la puerta, llamando para ver si le abren para que pueda entrar.


El llamado de Dios para nuestro tiempo (Mal 4:1-6).
Viene el día de la ira de Dios, el día de la Segunda Venida de Cristo, el día ardiente, el día grande y terrible.
Todos los soberbios (los que no reconocen su total y completa necesidad de Dios) y los que hacen maldad, serán juzgados y castigados.
Los que temen Su Nombre (los que obedecen, los que están apasionados y obsesionados por El)
Serán salvados, saldrán (serán quitados de los tiempos de juicio).
Obtendrán una victoria inigualable frente a la maldad.
Necesitamos acordarnos de la ley de Moisés (de la Palabra de Dios completa, del consejo completo de la Palabra) y obedecerla, ponerla por obra, siempre. Establecer nuestras vidas, en todos sus aspectos (no solo en la Iglesia que es religiosidad, pero no espiritualidad).

Este es el tiempo en que el Espiritu de Elías está actuando:
Levantando hombres y mujeres apasionados, obsesionados por Dios.
Hombres y mujeres que quieren y se esfuerzan y pagan el precio por vivir en santidad, porque saben que sin santidad nadie verá al Señor (Heb 12.14),
Hombres y mujeres (jóvenes --hijos-- y adultos --padres--), que anhelan, buscan de día y de noche, la presencia del Señor (1 Rey 17:1) para vivir al abrigo del Altísimo y bajo la sombra del Omnipotente (Sal 91:1-2).

Joe 2:12-13. Por eso pues, ahora, dice Jehová, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento. Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigo.




03 Ago 2009
Referencia: Familia (12).