Estudio Bíblico

Inicio > Estudio
Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

El profeta.



ESCUELA PROFÉTICA (13).

EL PROFETA (1).




El profeta (Amós 3:7, 2 Cro 20:20).
Es un ministerio (como todos los demás) importante para Dios, que requiere una persona de carácter para desarrollarlo (Gal 5:22-23).
El don sin el carácter termina arruinando a la persona (orgullo, legalismo, codicia, etc.) (Mat 7:21-23).
No es del que quiere ni del corre sino de Dios que tiene misericordia (Rom 9:16).
Primero siervos, después profetas: Mar 10:42-45, Mat 20:25-28.
Motivos correctos (Mat 7:21-23).
Humildad. Dios resiste a los soberbios (Sant 4:6).
El mismo sentir que hubo en Cristo (Fil 2:5-9).
Efectividad: no es hacer mucho o poco, es hacer lo que Dios me mandó a hacer (Mat 7:21-23).



La preparación del profeta (1 Rey 19).

Dios pone a los profetas en el desierto.
Moisés (Exo 3.1-4:17).
Elías (1 Rey 19:4, 1 Rey 19:15).
Juan el Bautista (Mat 3:1-6, Mar 1.4-8).
Jesús (Mat 4.1, Mar 1:12-13)
Ello es así porque:
Son los únicos con la capacidad de verlos transformados.
El profeta necesita perder su voluntad: él es la voluntad de Dios (carro de Israel: vehículo).
El desierto implica pruebas, paciencia y resistencia, quebrantamiento (Jn 3:30).
Cuanto mayor es el don, muchas veces mayor es el tiempo de desierto.

Dios desea que los profetas aprendan.
Dios tiene diferentes métodos de aprendizaje.
El que El va a usar depende del carácter que haya que moldear: por revelación, humillación, trituración o pulverización.
No depende de El, depende de ellos, de sus respuestas a lo que Dios quiere enseñarles, transformarles, etc.
Deben ser probado en la sobrenaturalidad (expuesto a situaciones extremas): Elías (el monte Carmelo y los 450 profetas de baal), Eliseo, Juan el Bautista, Jeremías, Ezequiel (el valle de los huesos secos), etc.

Los dones sin carácter pueden echar a perder el don.
La cueva (Elías, 1 Rey 19:9) representa la escuela de formación profética.
• Viento recio: todos los apoyos serán retirados. que quede solo la Roca (Cristo).
• Terremoto: sacudidos en toda su teología tradicional.
• Incendio: todo lo que crean va a ser pasado por el fuego.
• Dios se esconde para ser hallado: búsqueda constante.
Después de la preparación, Jezabel puede decir lo que quiera.
Si están formados en carácter no va a poder contra ellos porque mayor será el que esté en ellos (1 Jn 4:4).
Salir de la cueva (limitaciones, recursos propios): están listos para cumplir su trabajo de ungir reyes y sacerdotes.



El alma del profeta.

Por la naturaleza de su oficio, no solo ve con los ojos de Dios sino que también sienten el dolor del corazón de Dios y de las personas.
Ello los hace emocionalmente sensibles, pudiendo percibir también las emociones de las personas.

Con frecuencia, como consecuencia de la acción profética, algunas personas se sentirán incomodadas, ofendidas, etc., lo que puede ocasionar rechazo hacia el profeta, directa o indirectamente, consciente o inconscientemente.
También muchas veces los profetas son criticados por falta de tolerancia, fanatismo, poca diplomacia, etc.
Ellos al percibirlo deben tener cuidado de no descargar sus sentimientos sobre las personas sino delante de Dios y contra el diablo.

Como ellos odian todo lo que es demoníaco, mundano y/o carnal, porque Dios lo odia (Sal 139:21-22) y como con frecuencia esas cosas son manifestadas a través de personas y parte de la función profética es desarraigarlo de la iglesia, deben saber manejar ese desarraigo adecuadamente, porque si la cizaña se desarraiga sin la unción, en la carne, el pueblo sufrirá (Mar 13:29, la parábola del trigo y la cizaña). Su oficio no les da el derecho de ser ofensivos ni de ministrar en la carne.

El verdadero profeta tiene amor y compasión por las personas.
Siempre deben mantener enfrente de sus ojos que el objetivo final es plantar y edificar (Jer 1.10, 1 Cor 14:3)
No deben concentrarse solo en lo malo (ni solo en lo bueno), deben tener balance para destruir lo malo y para construir lo bueno (Jer 1:10).

Necesitan evitar ministrar con dureza, crítica y/o amargura (ya no viven en el Antiguo Testamento, bajo la ley, sino en el Nuevo Testamento bajo la gracia).
Deben hacerlo con firmeza pero con compasión, amor y misericordia.
Su responsabilidad última es edificar la casa del Señor.

No dejan nada de lo que tienen que hacer sin hacer.
Siempre tratan de cumplir con su deber a cabalidad.

Por lo malo que tienen que enfrentar sufren incomodidad, temor, intimidación, aflicción, etc., aunque la unción les da el poder de sobreponerse a ello y hacer lo que tienen que hacer, lo que no implica que no sufran de todos modos, porque aman a Dios y aman a las personas, y por su oficio, conocen las consecuencias de lo malo.
Jeremías es un buen ejemplo de ello: Maldijo el día que nació (Jer 20:14-18) y renegó de hacer lo que tenía que hacer, aunque la unción y los dones (que son irrevocables) lo llevaron al arrepentimiento, a superar la aflicción y a continuar la obra que el Señor le había encomendado (Jer 20:9).



05 Ago 2009