Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

¿Cómo decidir cuando la Biblia no nos da una indicación clara?



COMO DECIDIR CUANDO LA BIBLIA NO DA UNA INDICACIÓN CLARA.


Hay temas que la Biblia claramente nos indica que hacer o que no hacer, pero también hay una serie de temas en los cuales la Biblia no nos da una indicación clara al respecto, por ejemplo, si podemos o no ver televisión, ir al cine, usar internet, jugar algún deporte, etc. En estos casos, la pregunta que nos surge, para los que queremos hacer la voluntad de Dios es ¿podemos o no podemos?

Algunos toman el camino más fácil que es establecer reglas o normas humanas para aplicar en tales situaciones y prohibir o aprobar cosas de manera automática, lo que nos puede llevar al legalismo y/o a la esclavitud hacia otros en cuanto a nuestras decisiones.

Si la Biblia no contiene una norma clara para todos, nosotros no podemos ir más allá de la Palabra de Dios, poniendo normas generales y de cumplimiento obligatorio al respecto de esas situaciones, haciéndonos iguales o superiores a Dios. Y sería recomendable, si estamos en una situación en la que nos están pidiendo consejo, que en lugar de dar un consejo directo sobre si puede o no puede hacer algo, llevemos a las personas a través de un proceso de ejercicio de su discernimiento espiritual, para que puedan resolver esa situación y futuras situaciones que se les puedan presentar (que de hecho se les van a presentar, y posiblemente nosotros no estemos a la mano para que pueda echar mano de nuestra opinión, por lo que debe ejercitarse para poder decidir por sí mismo).

Ante esas situaciones, la Biblia, a pesar de no dar una indicación específica respecto a estos temas, no nos deja sin una dirección al respecto por cuanto nos da algunos principios importantes para tomar la decisión adecuada.

El primero y más importante de estos principios es el que menciona la Palabra en Rom 8.14: todos los hijos de Dios somos guiados por Su Espíritu. Si en la Palabra de Dios no hay una prohibición clara al respecto, pues tenemos al Espíritu Santo que es el que nos enseña todas las cosas y nos guía a toda verdad, a quién necesitamos recurrir en estos casos. Si El no nos reprende (1 Jn 3:21), pues ello podría ser una indicación de que si podríamos proceder con aquello que le hemos puesto delante de sí para que nos guíe y nos enseñe. Sin embargo, también tenemos que tomar en cuenta que nuestro corazón es engañoso, más que todas las cosas (Jer 17:9) y que escuchar la voz del Espíritu Santo, principalmente en las primeras etapas de nuestra vida como creyentes, no es tan fácil, pues requiere de intimidad, experiencia, conocimiento de la Palabra, etc., por lo que podríamos equivocarnos. Posiblemente, previendo estas cosas, la Palabra de Dios nos provee de por lo menos otros cuatro principios al respecto de tal manera que podamos tomar una decisión segura.

El segundo principio que podemos usar para obtener esta respuesta está en 1 Cor 6:12. Todo lo que la Biblia no prohíbe expresamente nos podría ser lícito, pero ello no implica que lo podamos hacer solo así. Lo podemos hacer siempre y cuando se cumplan dos condiciones:
UNO. Que nos convengan en cuanto a nuestra vida espiritual, emocional y/o física. Por ejemplo, la Biblia no prohíbe expresamente ir al cine, pero si se trata de ver una película con escenas de sexo y/o violencia, esa película nos va a causar daños espirituales y emocionales, por lo tanto, aunque nos pudiera ser lícito ir al cine, ir a ver esa película no nos convendría. Por lo tanto, nos abstendríamos de ello.
DOS. Que no nos dominen (puedan dar lugar a una adicción, dependencia, etc.). Por ejemplo, en el caso del cigarro, la Biblia no nos dice nada al respecto expresamente, pero fumar no solo no nos conviene físicamente (puede producir cáncer, además de que como somos templos del Espíritu Santo lo podemos ahumar), sino que emocional puede convertirse fácilmente en una adicción, y espiritualmente nos va a hacer depender de él, en lugar de depender solamente de Dios, entonces, tampoco nos convendría, por lo que nos abstendremos de ello.

El tercer principio a utilizar está en 1 Cor 10:23. Aquí la Escritura repite un principio que ya había enunciado en 1 Cor 6:12, respecto a que si bien todo lo que la Biblia no prohíbe expresamente podría sernos lícito, no todo nos conviene, pero agrega otro principio más: aunque pudiera ser lícito, si no nos edifica, entonces mejor nos abstenemos de ello. Por ejemplo, la Biblia no nos prohíbe expresamente ver telenovelas, por lo que nos podría convenir, pero generalmente, las telenovelas son basadas en irrealidades, tienen contenidos de odio, venganza, sexo, resentimiento, violencia, mentiras, intrigas, etc., por lo tanto no nos edifican de ninguna manera. Entonces, aún cuando podría ser lícito verlas, no nos conviene porque no nos edifican, en consecuencia mejor sería abstenernos de ellas.

El cuarto principio a utilizar está en 1 Cor 10:24: que al hacer algo que la Biblia no prohíbe expresamente, no veamos nuestro propio bien, sino el de los demás. Esto significa que aún cuando podríamos hacer algo que es lícito, no nos es inconveniente, no nos va a dominar, y no nos causa problemas en cuanto a des-edificarnos, si ello pudiera ser piedra de tropieza para otra persona en cuanto a los asuntos de la fe, entonces es mejor abstenerse de ello, no porque no pudiéramos hacerlo, sino por amor, para no ponerle tropiezo a la fe del otro. Por ejemplo, quiero ir al cine con un hermano y la película que quiero ver es perfectamente válida porque ya pasó los parámetros de 1 Cor 6:12 y 1 Cor 10:23, pero resulta que el hermano, antes de conocer a Cristo o aún después de conocerle, era adicto al cine y está saliendo de esa adicción, entonces por amor a él y para facilitarle la victoria sobre esa adicción, me voy a abstener de ir al cine, y en lugar de ello lo voy a invitar a tomar un café para compartir del Señor y de Su Palabra.

El quinto principio está en Col 3:23 y 1 Cor 10:31: que todo lo que hagamos traiga gloria para Dios, es decir, que exalte Su Nombre, que ponga en alto Su Nombre. Por ejemplo, en el caso de los ejemplos anteriores, traería más gloria a Dios leer mi Biblia u orar que ponerme a ver en televisión una telenovela, o como en el último ejemplo, ir a tomar café con el hermano y hablar de nuestra fe común, que ira al cine que le podría causar algún tropiezo en cuanto a su batalla contra la adicción al cine.



Conclusión.

Cuando la Biblia no nos provea de una dirección clara en algún asunto (prohibiéndolo o llamándonos a hacerlo), necesitamos recurrir al discernimiento de la voluntad de Dios al respecto utilizando, para el efecto, los siguientes principios que nos enseña la misma Palabra de Dios:
UNO. Buscar la dirección del Espíritu Santo. Si el Espíritu Santo no nos reprende, podemos seguir adelante en nuestra búsqueda de la dirección de Dios al respecto.
DOS. Estar seguro que lo que vamos a hacer nos es conveniente (o por lo menos no es inconveniente) en todos los sentidos (espiritual, emocional y físicamente).
TRES. Estar seguro que lo que vamos a hacer no es des-edificante o destructivo ni a corto ni a mediano ni a largo plazo, en algún sentido (espiritual, emocional y físicamente).
CUATRO. Estar seguros que lo que vamos a hacer no nos puede llevar a una dependencia de ello.
QUINTO. Estar seguros de que lo que vamos a hacer no le va a servir de piedra de tropiezo a ningún hermano débil en la fe que pueda esté con nosotros, que sepamos de su situación, y que pueda tomar ello de pretexto o justificación para hacer lo mismo y a él si le pueda afectar
SEXTO. Estar seguros que lo que vamos a hacer va a traer gloria a Dios, o por lo menos, no le va a traer vituperio de parte de aquellos que no comparten la misma fe que nosotros.

06 Dic 2009
Referencia: Fundamentos.