Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Venciendo los gigantes (1)



VENCIENDO LOS GIGANTES EN NUESTRA VIDA (1 Sam 17).
(Primera parte).



Introducción.

Todos vamos a enfrentar gigantes: situaciones, problemas, circunstancias, personas, cuestiones personales,
Que aparentan estar por encima de nosotros (más grandes, más fuertes).
Nos provocan situaciones negativas en la vida.
Constantemente nos acosan.
Nos impiden vencer, crecer, desarrollar y alcanzar mayores niveles de logro.
Nos tienen sometidos a una vida de menor calidad y plenitud que la que Dios quiere para nosotros.

Tienen, en última instancia, su origen en el diablo y los demonios.
Ninguno es mayor de lo que podemos resistir.
Parecen invencibles, pero son derrotables: Dios los permite en nuestras vidas para que los derrotemos.
La historia de Goliat y David: ejemplo para nosotros de como vencerlos.



David y Goliat.
David es un tipo, una figura, de nosotros, cada uno de los hijos e hijas de Dios.
Goliat es un tipo o figura de cualquier cosa que nos esté impidiendo alcanzar nuestras metas más anheladas, que son conforme a la Palabra de Dios (mejor carácter, mejor persona, mejor familia, mayor entrega al Señor, mejor calidad de vida, mayor santidad, mejor servicio a Dios, etc.).



Goliat (1 Sam 17:4-9, 11, 16, 24): conociendo al enemigo.
Se presenta como un gigante intimidante, totalmente “acorazado”, que por su tamaño y sus palabras, parecía invencible. Notemos tres cosas.
• No tenía un historial que respaldara sus palabras; eran solamente eso, palabras.
• Su estrategia fundamental es la intimidación, y el resultado que busca alcanzar es el temor.
• Lo que intimidaba era su apariencia y sus palabras, lo mismo que hace el diablo y/o los demonios.
Pero mienten. Son derrotables. No son invencibles.



Algunos de los gigantes que pueden estar afectando nuestras vidas.
Ira, cólera, gritería.
Falta de perdón, resentimiento, rencor.
Celos, amargura, envidia.
Condenación, culpabilidad.
Malas palabras, soecidad, grosería
Fornicación, adulterio, lujuria, lascivia.
Adicciones (alcohol, cigarros, drogas, sexo, trabajo, etc.).
Miedo, temor, inseguridad.
Rechazo, falta de aceptación, soledad, abandono.
Rebelión, desobediencia.
Fracaso, mediocridad, inconstancia, flojera.
Escapismo (del hogar, de las responsabilidades, del trabajo, etc.).
Avaricia, codicia.
Decepción, desánimo, frustración, tristeza, depresión.
Problemas económicos, deudas, falta de empleo.
Divorcio, separación.



La estrategia de los gigantes.

Tal vez hemos visto que han vencido a otros anteriormente.
También hemos visto que a otros los han hecho desistir de luchar.

Pero obtuvieron su "victoria" por sus méritos, sino porque no quisieron enfrentarlo (igual que los de Israel).
Retándolos (aparentando invencibilidad).
Haciéndolos sentir mal, acobardándolos, etc., robándoles la valentía con la apariencia y las palabras.
Neutralizarnos para evitar que batallemos contra él: "no somos", "no podemos", "no sabemos", "no tenemos", "no valemos".
Nos dan una lista de aquellos que han caído derrotados por ellos (lo que siempre se cuidan de nunca dar la lista de los que los han vencido, como David).
Son intensamente personales (nos atacan donde saben que podemos tener una debilidad).
Su misión es muy clara: robarnos, destruirnos, matarnos, espiritual, emocional y físicamente.

Muchas veces no es tanto el tamaño de los gigantes o su fuerza lo que nos acobarda.
Es el sentimiento de inferioridad que nos hace vernos más pequeños de lo que somos, y a ellos más grandes de lo que son.

No quieren que descubramos sus debilidades y los venzamos.
Son como los gigantes de la Antigua: puro disfraz.
Aunque fueran grandotes, mayor es nuestro Padre que ellos (1 Jn 4:4).
Están despojados y vencidos (Col 2:15).
Sus palabras son mentirosas (Jn 8:44).
El poder de Dios opera en nosotros, no en ellos (Efe 1:19-20).

Lo que no dicen es que delante de Dios, que está en nosotros, no es nada:
Es un enano con zancos.
Un endeble inflado con aire.
Un débil que cuando encuentra uno que se le enfrenta huye, se acobarda.
Un gigante parapetado detrás de mucho bronce, pero que no es invulnerable a una piedra dirigida por el Espíritu de Dios, cuya fuerza es más que la del bronce (¿o cómo fue que una piedra lanzada por una honda, pudo derribarlo, si estaba todo cubierto de un casco de bronce –y los cascos de los guerreros antiguos cubrían toda la cara, eran como una máscara—?



Nuestra victoria está en Cristo, no en los recursos humanos.
Nuestra batalla, nuestra fuerza y nuestra victoria, no está en lo natural, en nuestros propios recursos humanos.
Está en Dios y en Sus recursos (Jer 17.5-8), y El no salva con espada ni con lanza, sino con su Espíritu Santo.
De El es la batalla y El entregara los gigantes en nuestra mano (1 Sam 17.47, Zac 4:6).
Al final, son solamente nombres que deben arrodillarse ante el Nombre que es sobre todo nombre y ante el cual se debe doblar toda rodilla en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra (Fil 2:9-11).
El en nosotros, no solamente es mayor que cualquiera de los gigantes que nos acosan, es mucho mayor (1 Jn 4:4).
El Todopoderoso, es nuestra esperanza de gloria y de victoria (Col 1.27).
En El somos más que vencedores (Rom 8:37) y El vino para deshacer las obras del diablo (1 Jn 3:8).


01 Feb 2010