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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Jose, el perdón y las actitudes.



José: el perdón y las actitudes.


Gén 45:4-5. Entonces dijo José a sus hermanos: Acercaos ahora a mí. Y ellos se acercaron. Y él dijo: Yo soy José vuestro hermano, el que vendisteis para Egipto. Ahora, pues, no os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá; porque para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros.

Antes de llegar a este momento, José había sido rechazado, envidiado y aborrecido por sus hermanos (Gen 37:3-5,
37:8, 37:11) al punto que no solo lo habían querido matar, sino que lo habían mentido como venganza dentro de una cisterna seca (pozo), lo habían vendido como esclavo a unos ismaelitas que lo vendieron en Egipto como esclavo (Gen 37:18-36). En lo natural, todo ello era un motivo suficiente de rencor y resentimiento contra sus hermanos, y no de cualquier rencor, sino de mucho rencor.
Pero vemos en la Biblia que Dios, siendo José esclavo, estaba con él y lo prosperó, al punto que llegó a convertirse en la mano derecha de su amo, en el administrador de toda su casa (Gen 39:1-6).
En este punto es importante que notemos algo. La prosperidad de Dios es una bendición de El (Prov 10.22) y un resultado directo de la obediencia a la Palabra (Sal 1.1-3, 3 Jn 2). La Palabra nos enseña en Heb 12:14-15 que si en nuestro corazón hay amargura (resentimiento, falta de perdón) y no estamos en paz con los demás, no vamos a recibir la gracia de Dios, y por ende, no podemos recibir Su prosperidad. Por lo tanto, si José fue prosperado, es porque había un canal abierto para la gracia de Dios, y ello implica entonces que en su corazón no había amargura, derivado de que él había perdonado a sus hermanos. A pesar de lo duro y lo injusto que habían sido sus circunstancias, El había perdonado. Por la experiencia personal y de muchas otras personas sabemos que cuando estamos en circunstancias muy difíciles en nuestra vida y recurrimos a Dios en busca de Su ayuda, lo primero que Dios hace por nosotros es llevarnos a perdonar a las personas que nos han dañado, porque el perdón es algo fundamental para poder vivir bajo la bendición de Dios, en la vida abundante y plena que El compró en Cristo para nosotros en la Cruz (Jn 10:10), en los planes de bien para darnos un futuro y una esperanza que El tiene para nosotros (Jer 29:11). El perdón que José otorgó a sus hermanos, lo bendijo a él, aunque no quitó la culpa de sobre sus hermanos (Gen 45:5, 50:15-21).

Pero José tiene mucho más que enseñarnos respecto a las actitudes y el perdón. Luego de que había alcanzado la posición de administrador de toda la casa de Potifar, que era una posición relevante, la esposa de su amo quiso tener relaciones sexuales con él, a lo cual se negó. Como resultado de ello, la señora le puso una trampa en la cual José tampoco cayó, pero ella lo puso en mal delante de su amo, y como consecuencia, este lo metió en la cárcel injustamente (Gen 39:7-20). Otro motivo más para tener rencor, no solo hacia sus hermanos, por cuya intervención había sido hecho esclavo, sino contra Potifar y su esposa, porque ahora además de la esclavitud añadía otra condición, preso. Sin embargo, la Biblia nuevamente se encarga de enseñarnos la consistencia de la actitud e perdón de José, porque nuevamente nos dice que José era varón próspero en la cárcel y Dios estaba con él, lo que, como en el caso de sus hermanos, implicaba que José había perdonado no solo a ellos, sino también a Potifar y su esposa (Gen 39:21-23). José aún iba a experimentar otra situación por lo menos, donde iba a necesitar ejercer perdón. Estando en la cárcel, llega el copera del faraón, que junto con el panadero, habían hecho algo malo delante de faraón y como consecuencia los mete en la cárcel. Estando ellos presos, José los atiende y consuela al copera interpretando su sueño (también el del panadero, aunque desgraciadamente para el panadera, este no era un sueño de consuelo para él), que indicaba que iba a salir pronto de la cárcle (en tres días) y que iba a ser restaurado nuevamente en su posición, diciéndole José que cuando ello sucediera, no se fuera a olvidar de él. Sin embargo, el copero se olvida completamente de José, por los siguientes dos años (Gen 40:1-23, 41:1). Un nuevo motivo para tener resentimiento y amargura contra sus hermanos, Potifar y su esposa, y ahora, el copero. Sin embargo, por las actitudes posteriores de José, cuando fué elevado a la posición de mayor autoridad de Egipto (salvo la del Faraón) y tuvo la oportunidad de vengarse de todos ellos pero no lo hizo, podemos saber que nuevamente, José extendió perdón a pesar de lo difíciles que eran las consecuencias que tuvo que vivir como resultado de la traición de sus hermanos, la injusticia de Potifar y su esposa y el olvido del copero.

El ejemplo de José es una lección siempre viva para nosotros, entre otras cosas, de lo siguiente:
Primero. Respecto a que cuando Dios nos dice algo respecto a Su propósito para nuestras vidas, independientemente de las circunstancias que tengamos que enfrentar, El lo hará, si nosotros nos mantenemos alineados con El. José había sido llamado por Dios a gobernar sobre su familia y Dios lo cumplió quince años después y por los siguientes 80 años de la vida de José. Cuando Dios nos haga un llamado, no quitemos por ninguna razón nuestra mirada de ese llamado (Hab 2:2-4), y usemos todas las circunstancias que Dios nos permite vivir para prepararnos para el tiempo del cumplimiento del Señor (Ecle 3:11, Efe 2:10). Dios sabe lo que está haciendo permitiendonos experimentar algunas situaciones difíciles: en Egipto era donde José tenía que estar para que se cumpliera el propósito de Dios para su vida, y necesitaba estar en la cárcel para encontrarse allí con la persona que Dios utilizaría para que se cumpliera ese propósito, además de que necesitaba experimentar la duro de la esclavitud y la cárcel para desarrollar compasión hacia los que estaban en dificultades, y cuando llegara el tiempo de la escasez en Egipto, los tratará con compasión y dignidad, etc. Dios siempre va a utilizar todo lo que nos sucede para nuestro bien y para el cumplimiento de Su propósito en nosotros (Rom 8.28-29).
Segundo. Mantengamos siempre un corazón perdonador, independientemente de lo difícil que sean las circunstancias que se deriven de lo que los demás nos puedan hacer. Si nos mantenemos perdonando y bendiciendo a los que nos hacen mal, y devolviendo el mal que nos hacen con bien (1 Ped 3:9), y no nos cansamos de ello (2 Tes 3:13) a su tiempo recibiremos la recompensa del Señor (Col 3:22-24).
Tercero. Aún cuando tengamos la oportunidad, y Dios ponga a las personas que nos hicieron algún daño en nuestras manos, no tomemos venganza, La venganza no es asunto nuestro (Deut 32:25, Rom 12:19, Heb 10:30). Nuestro asunto es aprovechar todas las circunstancias que Dios permite en nuestras vidas para que obren para bien de tal manera que crezcamos en el carácter de Cristo en nosotros (Rom 8.28-29). Si así lo hacemos, todo lo
que otros quisieron e hicieron para mal nuestro, se convertirá en un bien que gozaremos, como José, cuando después de todos sus sufrimientos (durante 13 años) fué elevado a la posición de segundo en Egipto que ejerció y recibió bendición durante 80 años (Gen 50:26).
Cuarto. Dios no tiene ningún impedimento para bendecirnos, aún en medio de las circunstancias más adversas. El es un Dios de bendición, y su bendición nos va a alcanzar en donde estemos, aún en los lugares donde parezca que ello es imposible (la esclavitud y la cárcel para ser prosperados) siempre que nos mantengamos firmes en El.
Quinto. Dios cambia los tiempos (Dan 2:35) y de un momento para otro puede cambiar nuestra vida en El (José pasó de un momento en la cárcel a otro momento en la máxima posición de autoridad). Si permanecemos en El en medio de las circunstancias difíciles, nuestras vidas, más temprano que tarde, van a dar un vuelco completo y vamos a ver el cumplimiento de las promesas de Dios para nosotros (Num 23:19).



09 Feb 2010
Referencia: Perdón.