Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Las formas de manejar el rechazo.



Formas de manejo del rechazo.
El rechazo no lo podemos evitar, pero si podemos llegar a manejarlo.
Tenemos dos formas de poder manejar el rechazo (Prov 3.5-8).
A nuestra manera (la carne) (Prov 16:25).
A la manera de Dios (el Espíritu) (Mat 11:28-30).



El ciclo del rechazo (cuatro etapas).
Ocurre algún incidente.
Ese incidente nos hace pensar o sentir que hemos sino rechazados o que alguien no nos ha mostrado amor (pensamos o sentimos que somos rechazados o no amados)
Decidimos permitir que esos pensamientos y sentimientos nos controlen.
Reaccionamos rechazando a los que nos rechazaron o nos esforzamos más por complacerlos.
Como consecuencia de nuestras reacciones, atraemos más rechazo, repitiendo el ciclo, hasta un punto tal que se podría denominar "muerte en vida" y la relación queda totalmente destruida.



La forma natural de manejo del rechazo.

Así como no fuimos diseñados para ser "endiosados" y pecar, tampoco fuimos diseñados para ser rechazados (por cuanto el rechazo es el resultado del endiosamiento). Por ello mismo, cuando somos rechazados, buscamos formas de salir del dolor (Hch 7:29).
Si no estamos en Cristo o no usamos los medios que El nos ha provisto para resolver el asunto del dolor y del rechazo, vamos a buscar nuestros propios caminos para minimizar el dolor (lo que la psicología llama “mecanismos de defensa”).
Los mecanismos de defensa no son otra cosa que formas de pecado (Prov 16:25), que si bien pueden provocar algún alivio” temporal”, en el corto plazo, en el largo plazo en lugar de resolver el problema, lo van a agravar.
Cuando esas formas “personales” de salir del dolor se repiten una y otra vez, provocan que la persona se aficione a su utilización, por lo que deviene en las “adicciones”, que no es otra cosa que la “esclavitud” a ese pecado, que deriva en una “parálisis espiritual” de la persona.
Esas formas de manejo del dolor, en realidad, lo que hacen en el mundo espiritual es que abren las puertas o el camino para la operación de otros espíritus: muerte, hechicería, etc.

El rechazo, percibido como abuso y traición, provoca sentimientos de:
Abandono, repudio, confusión, afrenta, vergüenza, tristeza, humillación.
En la medida en la que se perciben más y más situaciones de rechazo, estos sentimientos llegan a ser tan fuertes en la persona, que provocan una “parálisis” emocional (inhabilidad para dar y recibir amor), que provocan que la persona se marchite, se seque, se convierta en una persona emocionalmente estéril (Jer 17.5-6).
Derivado de esa parálisis espiritual y emocional, la persona se ve “invadida” cada vez más, por sentimientos como: desánimo, decepción, frustración, depresión, soledad, aislamiento, aflicción, amargura, desesperanza, autocompasión, que son, en última instancia, los factores precipitantes de muchas enfermedades físicas (las enfermedades de origen psicosomáticas, según algunos estudios modernos, pueden llegar a ser el 75% de todas las enfermedades de las personas).
La parálisis o sequía espiritual y emocional y la enfermedad física, si se mantienen durante mucho tiempo, pueden provocar que la persona se de por vencida y comience a experimentar deseos “internos” de morir o de suicidio, que cuando se concretan, generalmente son la expresión de la venganza de la persona hacia los que le rechazaron.
Obviamente, no todas las personas que son víctimas del rechazo llegan hasta la última fase del suicidio o la muerte. Hay algunos estadios intermedios, donde las personas pueden mantenerse:
Primero. Insensibilidad emocional o ensimismamiento como una forma de venganza en contra de los demás (“no me importas”, “antes de que me rechaces, te rechazo”, “ojo por ojo”).
Segundo. Rebelión y lucha en contra de todo, incluso Dios, y por ello terminan involucradas en ocultismo y brujería, como manifestación de “venganza” en contra de Dios, al que suponen que los abandonó.



Las manifestaciones del rechazo (cuando lo manejamos en lo natural, a nuestra manera).
Las manifestaciones del rechazo son de varios tipos.
Lo que pensamos, sentimos y/o hacemos cuando alguien nos rechaza.
Lo que hacemos cuando estamos rechazando a otros.
Lo que hacemos como reacción al rechazo que otros nos dan.
Lo que pensamos, sentimos y/o hacemos cuando rechazamos a Dios.



Ejemplo de las cosas que podemos llegar a pensar, sentir y/o hacer cuando alguien nos rechaza.
Tomarnos muy a pecho lo que otros dicen o hacen respecto a nosotros (nos enfocamos en nuestros propios sentimientos).
Sentir que cada conversación se refiere a nosotros y lo tomamos como algo personal.
Manifestar más preocupaciones, dudas y temores que lo usual.
Experimentar autocompasión y/o depresión más allá de lo usual.
Examinarnos a nosotros mismos continuamente.
Experimentar continuamente auto-condenación y auto-culpabilidad; echarnos la culpa de todo lo malo o negativo o desagradable que sucede a nuestro alrededor.
Nos podemos llegar a convertir en personas irresponsables (todo nos “resbala”) o indisciplinadas (ya no le importa nada).
Sentir que la vida no vale la pena vivirse.
Tener dificultad o nos volvemos incapaces de expresas nuestros sentimientos y aislarnos emocionalmente de los demás.
Esforzarnos más de la cuenta en complacer a los demás.
Llegar a convertirnos en perfeccionistas (si somos perfectos entonces tal vez no seremos rechazados).
Tratar de aferrarnos a la gente que nos acepta (codependencia).
Aislarnos de los demás (ensimismarnos).
Amargarnos, negativismo, pesimismo, críticos, cínicos.
Rebelarnos contra la autoridad, cualquiera que sea.
Tener sentimientos encontrados de amor y odio (ambivalencia).
Volvernos desconfiados con respecto a los demás.



Ejemplo de las cosas que podemos hacer cuando estamos rechazando a otros.
Desconfiar de ellos.
Incapacidad de expresarles amor y aceptación.
Manifestar poca tolerancia hacia ellos.
Evitar pasar tiempo con ellos.
Reaccionar con hostilidad hacia ellos.
Hacer demasiadas decisiones por ellos.
Darles muy poca orientación y/o dirección.
Negarnos a comunicarnos con ellos.



Lo que hacemos cuando reaccionamos al rechazo de otros.

Rechazándolos (venganza).
Resentimiento.
Negarnos a comunicarnos con ellos.
Nos es difícil mostrarles tolerancia.
Los criticamos y/o juzgamos.
Evitamos pasar tiempo con ellos.
Edificamos "muros" (fortalezas) emocionales para "protegernos".
Perdemos la confianza en ellos.
Podemos estar muy propensos a abusar verbal, emocional, psicológica y hasta fisicamente de ellos (maltrato).
Hablarles con palabras hirientes (abuso psicológico).
Rechazar a cualquier otra persona que tenga algún parecido con ellos.

Esforzándonos por complacerlos.
Esforzarnos en hacer cosas que no nos son del todo agradables pero que sabemos que nos van a ganar su aceptación (servilismo).
Decir solo lo que pensamos que quieren oír.



Manifestaciones de rechazo hacia Dios.
Resistirnos a Su autoridad (“si, pero”).
Incapacidad de confiar en El (“tal vez no nos escuchará, tal vez no se cumplirá Su Palabra conmigo”, etc.).
Ver a Dios como un tirano (Dios de juicio en lugar de Padre amoroso, empobrecedor, probador, castigador).
Enojo contra Dios.
Mantener poco compañerismo y/o comunión con El.
Incapacidad de recibir el amor de El (siervo, no hijo).



La solución bíblica para el rechazo.
Por ser el endiosamiento una experiencia universal (la iniquidad pasó a todos nosotros y todos nosotros pecamos, Rom 5:12), el rechazo, que es una de sus consecuencias, también es universal.
En el mundo sufriremos aflicción (Jn 16:33).
Si a Cristo lo rechazaron, también a nosotros nos rechazarán (Jn 17:14).
No podemos evitarlo (porque no podemos evitar el endiosamiento de otros), solo manejarlo.
Mientras uno siga esforzándose por ganar la aceptación de las demás personas, seguirá experimentando dolor, pérdida y rechazo (Sant 3:16). Pero cualquier persona puede detener o incluso dar marcha atrás al ciclo de rechazo simplemente tomando decisiones diferentes para revertir el ciclo del rechazo.





Revirtiendo el círculo de rechazo (a la manera de Dios).

Ocurre algún incidente.

Ese incidente nos hace pensar o sentir que hemos sino rechazados o que alguién no nos ha mostrado amor (pensamos o sentimos que somos rechazados o no amados)

Decidimos enfrentar el rechazo, entregándolo ese dolor a Cristo (Mar 11:28-30).
Hablando con Dios al respecto (Gal 1:10, Sant 4:10) y perdonando a los que nos rechazan.
En lugar de decidir permitir que esos pensamientos y sentimientos nos controlen, decidimos pensar lo que Dios dice de nosotros (Mat 3:17, Efe 4:23-24, Efe 1:3-8): que somos bendecidos, escogidos, santos, sin culpa, amados, adoptados, aceptados, redimidos, perdonados.
Escogiendo aceptar que lo que El dice de nosotros es más importante que lo que otros digan, además de que es la Verdad que no cambia (Mat 5:18).
Al creer lo que Dios dice de nosotros nos permite tomar decisiones correctas, que estén de acuerdo con nuestra verdadera identidad "en Cristo" (Prov 23:7).

En lugar de reaccionar rechazando a los que nos rechazaron o esforzamos más por complacerlos, respondemos amándolos (1 Ped 2:23).
Cuando creemos que Dios nos ama profundamente, ya no buscaremos la aprobación y/o aceptación de otros (Sal 56:11, Rom 8:37, Fil 4:13)
Derivado de ello, utilizaremos la experiencia para crecer en Cristo, permitiendo que Dios obre en esa circunstancia para nuestro bien, formando el carácter de Cristo en nosotros (Rom 8:28-29, Gal 5:22-23).
Como consecuencia de nuestra respuesta, cosecharemos, tarde o temprano, amor, consideración y respeto de Dios y de otros (aunque no necesariamente de los que nos rechazan).




23 Feb 2010
Referencia: Rechazo.