Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Endiosamiento (3).



Otras manifestaciones del endiosamiento.

Aparte de lo que hemos mencionado en lecciones anteriores, hay algunos otros temas que son fundamentales en la vida de los seres humanos, donde el endiosamiento se hace manifiesto, muchas veces de manera sutil, que necesitamos conocer para no caer en las trampas del diablo que lo único que pretenden es robarnos la bendición de la vida abundante que Cristo compró para cada uno de nosotros en la Cruz. Esas áreas o temas son los siguientes.

En cuanto a la definición del bien y el mal.
Cuando Adán y Eva cayeron (Gen 3), comenzaron a decidir por sí mismos lo que era bueno y lo que era malo, y al pasar, por herencia, el pecado a todos los seres humanos (Rom 5:12), entonces comenzamos a decidir por nosotros mismos lo que es bueno y lo que es malo. Entonces cada uno decide lo que personalmente le parece ser lo más beneficioso para él o la decisión la toma en base a lo que la mayoría decide que es lo bueno para ellos, de tal manera que lo bueno cambia de generación en generación, de sociedad en sociedad, de localidad en localidad, de tal manera que pronto lo que habrá será una gran cantidad de “dioses” decidiendo lo que es bueno para la humanidad, y por oposición, lo que es malo. Esto obviamente es una clara oposición y usurpación al derecho exclusivo de Dios de decidir lo que es bueno y malo, de acuerdo a su diseño perfecto de todas las cosas. En resumen:
Lo que el endiosamiento dice en cuanto al bien y el mal: el bien es cualquier cosa que personalmente se considere como beneficiosa, y el mal es cualquier cosa que personalmente se considere negativa.
Lo que Dios dice en cuanto al bien y el mal: el bien es todo aquello que Dios, por Su infinita sabiduría, bondad, justicia y amor, sabe declara ser para la bendición y el bienestar integral y permanente del ser humano y para la gloria de El. En tanto que lo malo es todo lo que Dios sabe, declara y rechaza por ser inconsistente con Su justicia perfecta, que acarrea maldición y malestar integral y permanente para el ser humano y por lo tanto, contra Sus buenos propósitos para el ser humano y el mundo.

En las relaciones interpersonales: tres reinos
En esta área es en una de las que podemos observar con mayor claridad el impacto negativo del ejercicio del endiosamiento. Cuando Dios creó al ser humano, lo hizo a Su imagen y semejanza, es decir, un ser relacional. De hecho, en Gen 2:18, declaró que de ninguna manera era bueno (de bendición, para su bienestar) que el ser humano estuviera solo, y que por lo tanto, haría ayuda idónea para él y además de ello, también crearía a otros seres humanos para que se relacionaran entre sí y les fuera bien en la vida (Gen 1:28, Ecle 4:9-12). Por lo tanto, una parte vital de la vida de los seres humanos, y por ende, de su bienestar y calidad de vida, es la calidad de relaciones interpersonales que construye, en primer lugar, con Dios y, en segundo lugar, con otros seres humanos. Y es precisamente aquí donde el enemigo también planta semillas de endiosamiento para maldecir nuestras vidas.
Cada persona en endiosamiento es un reino controlado por sí mismo (por lo tanto, en una relación entre personas que funcionan bajo endiosamiento, hay por lo menos dos reinos interactuando). En cada uno de esos reinos, por supuesto, existen normas propias.
Cuando se desarrolla la relación, la relación se convierte en un tercer reino, en el que cada una de las dos personas trata de que funcione según sus propias normas. La relación, entonces, se convierte en un tercer reino en disputa, sobre el cual hay competencia, manipulación, etc., para lograr el control.
Los resultados de esa competencia por lograr el control de la relación son, entre otros, frustración, decepción, desánimo, depresión, resentimiento, celos, ira, contiendas, disensiones, guerras, rompimientos, separaciones, divorcios, etc.
Sin embargo, las relaciones fueron diseñadas por Dios para ser un campo en el que El también gobernara y señoreara, de tal manera que las dos personas, en lo individual y en lo relacional, funcionaran bajo una sola norma, bajo un solo principio, y la relación fuera de bendición para ambos. Por lo tanto, para que una relación entre dos personas pueda funcionar exitosamente y producir la mayor cantidad de fruto de bendición posible, requiere que ambas personas se bajen del trono de su vida y renuncien a sentarse en el trono de la relación, y que esos lugares los ocupe el Único que puede hacerlo con eficacia y bendición: Cristo Jesús.

Lo bueno llevado más allá del límite de Dios: pecado.
Dios creó todas las cosas para que las disfrutáramos (1 Tim 6:17), pero también nos enseña que si bien todo nos es lícito, no todas las cosas nos edifican ni nos convienen (1 Cor 10:23) y que necesitamos ejercer el dominio propio para evitar que ellas nos controlen (1 Cor 6:12). Es decir, que todas las cosas que Dios creó tienen un límite dentro del cual son de bendición, límite que no deberíamos transgredir porque de lo contrario, de bendición pasan a ser maldición. Cuando ejercemos el endiosamiento, en realidad lo que estamos haciendo es transgredir el límite que Dios les ha puesto a las cosas, pasarnos de ese límite, y por lo tanto, de bendición, se convierten en maldición para nosotros. Una de las cosas que hay que considerar en este tema es que, algunas veces, cuando hacemos las cosas a nuestra manera no necesariamente estamos haciendo algo que no está bien en sí mismo, es solamente que lo estamos haciendo fuera de los límites de Dios.
El pecado no es una creación del diablo; es más, el pecado no es algo creado. En realidad, el diablo no puede crear nada y Dios no creó el pecado porque Dios solo puede crear lo bueno, lo justo, lo santo. Entonces, lo que el diablo hizo fue, y sigue haciendo es tergiversar, corromper, ensuciar, lo que Dios ha creado para que lo “usemos” o “hagamos” más allá del límite que El estableció. Y esto lo vemos claramente en el pasaje de la caída (Gen 3): empujo a Eva y a Adán, a tomar la bueno que Dios había creado (Gen 1:31) pero que tenía el límite de no poder comerlo (Gen 2:16-17), el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, es decir, a transgredir el límite que Dios había establecido.
Y así vemos que todo pecado es, en esencia, llevar las cosas que Dios creó, más allá del límite establecido por Dios, incluido lo que se refiere al endiosamiento. Las cosas y capacidades que Dios nos ha dado llevadas más allá del límite establecido por El se convierten en pecado:
• La capacidad de elección se convierte en endiosamiento.
• La libertad se convierte en libertinaje.
• El descanso se convierte en pereza.
• El amor se convierte en sexualidad desordenada.
• La sexualidad se convierte en adulterio o fornicación.
• El instinto de protección y seguridad se convierte en la mentira.
• La generosidad se convierte en despilfarro.
• La comunicación se convierte en chisme, juicio, crítica, acusación, condenación, etc.
• El cuidado se convierte, al ser excesivo, en temor.
• El amor al prójimo del mismo sexo se convierte en homosexualidad.
• La pasión se convierte en obsesión.
• El enojo se convierte en ira, etc.

En lo espiritual: la religión y la religiosidad.
Dios, nos creó para tener comunión con El, y obviamente, como Dios, estableció las formas de bendición en que El quiere llevar la relación con nosotros.
Cuando ejercemos el endiosamiento en está área, la relación con Dios (lo bueno, la bendición), la llevamos más allá (por encima o por debajo) de los límites o las normas que Dios ha establecido, y creamos la religión y/o la religiosidad.
En ese sentido, la religión y/o la religiosidad no es más que el conjunto de métodos y formas establecidas y/o seguidas por los seres humanos para relacionarse con Dios, de acuerdo a sus propios criterios, no a los de El. Entonces, sin más ni menos, la religión es el engaño satánico de que podemos relacionarnos con Dios a nuestra propia manera y bajo nuestros propios criterios y reglas, haciendo algunas cosas buenas (sin una obediencia absoluta a Dios), y que con ello nos vamos a ganar la salvación, el amor, la aceptación y/o la bendición de Dios.
Eso se traduce, por lo menos, en dos posibilidades.
El “evangelio light”, que generalmente apunta a que la lectura y el conocimiento de la Palabra de Dios, la oración, la alabanza, se convierten en opcionales, la obediencia a Dios se convierte en parcial (solo en aquello que nos parece, entendemos, queremos o se nos facilita). Los mandamientos se convierten en opciones. Dios se convierte en una actividad o una opción más dentro de la amplia gama de nuestras actividades u opciones cotidianas. Salvación sin señorío (oración de entrega sin obediencia creciente). Cambio de lo externo sin el cambio interno, del corazón, etc.
El legalismo, es decir, poner nuestras normas humanas más allá de las de Dios, y exigir el cumplimiento de ellas de acuerdo a nuestros criterios, sustituyendo la gracia de Dios por nuestro cumplimiento a esas normas como la razón, en última instancia, del amor, la aceptación, la salvación y la bendición de Dios para nosotros.



Resumen.
Endiosamiento, vida egocéntrica, ego, etc., son términos sinónimos para indicar una persona:
Funcionando parcial o totalmente como su propio dios (haciendo lo que se le da la gana, no sometiéndose a Dios para nada, o en algunos asuntos).
Caminando según la carne (sus propios criterios en todo o en algunos temas, Prov 16:25).
Viviendo sin considerar absoluta o parcialmente lo que Dios tiene que decir (Ose 4:6)
Permitiendo que otras personas, las circunstancias, sus propios pensamientos o sentimientos, los gobiernen en lugar de que sea Dios quien lo haga.



La solución: siguiendo el ejemplo de Jesucristo

Jesús, a pesar de ser como Dios, se despojó a sí mismo y se hizo como cada uno de nosotros necesitaría ser, para servirnos de ejemplo (Jn 13:15, Fil 2:1-5):
Se despojó a sí mismo de todo aquello que podía ser objeto de reconocimiento (Fil 2:6-7).
No buscó la alabanza de los hombres (Fil 2:6-7, Jn 8:54).
No hizo nada por contienda o por vanagloria (ganar reconocimiento humano, Fil 2:3).
Estimó a los demás como superiores a sí mismo (Fil 2:3).
No se ocupó solamente de lo suyo, sino también de los de otros (Fil 2:4)
Se hizo siervo de los demás, no vino para ser servido sino para servir (Fil 2:7, Mar 10:42-45).
Fue obediente hasta la muerte, y no cualquier muerte, sino la peor de todas: la de cruz (Fil 2:8).
Confió totalmente en Dios (1 Ped 2:23).
No determinó normas (Jn 14:24).
No se sentó a juzgar (Jn 12:47).
No rechazó a nadie (Jn 6:37).
No fue autosuficiente, reconoció su dependencia total de Dios (Jn 5:30, Jn 14:10).

Cuando tratamos de ser el "dios" de nuestra propia vida, no estamos siguiendo a Jesús sino a Satanás. Vamos en dirección opuesta a lo que Dios quiere para nosotros para que se cumplan sus planes de bien para darnos un futuro y una esperanza (Jer 29.11), para que viviamos una vida abundante (Jn 10.10), para que nuestra vida vaya en aumento (Prov 4:18), para que seamos prosperados en todas las cosas y tengamo salud (3 Jn 2). Esa dirección opuesta es rebeldía al propósito de Dios, y como tal, es pecado, y constituye un obstáculo a una verdadera relación con Dios.

Por lo tanto, en primera instancia, necesitamos:
Arrepentirnos y confesar nuestros pecados delante de El (1 Jn 1:9).
Buscar la comunión con El y escudriñar nuestros caminos de acuerdo a la guianza de Su Espíritu Santo y de Su Palabra, para saber que actitudes y acciones desea Dios que cambiemos (Sal 119:59, Rom 12:2, Hch 3:22-24).
Responder a cada cosa, persona, circunstancia, pensamiento, sentimiento y a Dios, con el fruto del Espíritu (Gal 5:22-23, amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio) no con nuestras maneras (Gal 5:19-21).


23 Feb 2010