Estudio Bíblico

Inicio > Estudio
Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Aceptados en Cristo.



ENSEÑANZAS DE DISCIPULADO.
MADUREZ.

ENSEÑANZA No. 8.
ACEPTADOS EN CRISTO.



Objetivos de la enseñanza.
Fortalecer nuestra identidad en Cristo, para poder manejar más adecuadamente el rechazo.
Fortalecer nuestra identidad en Cristo, como punto de partida para desarrollar el estilo de vida cristiano.
Reconocer en lo que la gracia de Dios nos ha transformado y ha hecho por nosotros en Cristo, como parte de la salvación que tenemos en El, y para vivir la vida en abundancia que El pagó para nosotros en la Cruz.



Aceptados en Cristo (Efe 1.6).

Los seres humanos somos motivados y actuamos en base a lo que creemos (Prov 23:7).

Si creemos que Dios nos acepta de acuerdo a nuestro comportamiento, actuaremos en cierta forma, basados en esa creencia (legalismo, religiosidad, jornaleros, siervos, empleados).
Si Dios permitiera que nuestro comportamiento determinara Su aceptación, nunca seríamos aceptados (Rom 3.20, Rom 3:28, Gal 2:16).
Este concepto deviene de una percepción equivocada acerca de Dios y de Su proceder para con nosotros:
Como Dios es la autoridad máxima, El tiene derecho de decirnos lo que nosotros debemos hacer y pedirnos cuenta por ello (concepto correcto).
Eso establece nuestra responsabilidad para con El (concepto correcto).
Del cumplimiento de la responsabilidad deriva la afirmación o aceptación de El hacia nosotros (concepto equivocado; este es el método humano: controlar negando la aceptación).

Si creemos que Dios nos acepta sin que hagamos nada, actuáremos en una forma completamente diferente (amor, libertad, hijos).
Dios nos acepta antes de que hagamos algo (Efe 1:4, 2 Cor 5:21).
Lo correcto es:
Primero Dios nos acepta (Efe 1.6).
Debido a su aceptación, Dios nos afirma, diciéndonos cuanto nos ama (Efe 3:18-19, Rom 8:16).
Porque El nos acepta y nos ama como Sus hijos, El nos indica que es lo que nos conviene hacer para que nos vaya bien en la vida y lo que nos conviene evitar para evitar que nos vaya mal en la vida, dándonos la responsabilidad de decidir por nuestro comportamiento (Deut 30.19-20), pero dándonos también la responsabilidad de las consecuencias (Gal 6:7).
Al entender esto verdaderamente, nuestro comportamiento comenzará a cambiar, no porque estemos trabajando arduamente para ganarnos la aceptación de El, sino porque El nos amó y nos aceptó primero (responsabilidad).
Cuando vemos el propósito amoroso de Dios en pedirnos que seamos responsables de nuestras acciones, nos es fácil someternos a Su autoridad (El es un Dios y Padre amoroso que quiere lo mejor para Sus hijos).
Si persistiéramos en hacer lo malo en lugar de lo bueno, lo que no nos conviene en lugar de lo que nos conviene, lo que nos perjudica en lugar de lo que nos beneficia, a través de las consecuencias, Dios establece Su autoridad y Su disciplina para con nosotros (Heb 12:6-7).
Como llegamos a conocer realmente quién es Dios, y también quienes somos nosotros por causa de El, aceptaremos Su disciplina, corregiremos nuestros caminos (Sal 119.59), y nuestra relación con El y con otros será fortalecida.
Nada hará que Dios cambie de parecer en cuanto a nosotros: siempre seremos aceptados ante Sus ojos (Efe 1.6); nuestra identidad en El jamás cambiará (Jn 1:12, Rom 8:14-16, hijos); Dios nunca nos rechazará (Jn 6:37), nos amará sin importar lo que pase (Rom 8:39), y podremos obedecerle, confiar en El y amarlo, porque El ya nos amá (Jn 14:23).



El engaño de satanás.

Dios dice que somos hechos justos (2 Cor 5:21), que somos aceptados en Cristo (Efe 1.6), que somos Sus hijos amados en quién El tiene su complacencia (Mat 3:17, Mat 17.5).

Sin embargo, si su comportamiento manifiesta un fracaso en cuanto a su concepto de justo.
El alma, programada por el diablo y no renovada actuará de la siguiente manera:
Su mente se enfocará en el comportamiento y concluirá que no es justo.
La voluntad decidirá darse por vencida.
Las emociones serán de pena y vergüenza.
Concluirá que decir otra cosa sería hipocrecía.

Este engaño del enemigo tiene como resultado el afirmar que lo que Dios dice es condicional.
La condición es que lo que Dios dice sólo es verdad cuando la persona lo hace verdad.
Como consecuencia, la persona puede llegar a creer que la justificación solo es posible cuando su propio comportamiento es justo (legalismo, religiosidad).

Sin embargo, las Escrituras enseñan que todo creyente es justificado porque la muerte de Cristo en la cruz lo ha hecho justo (Efe 2:8-9).
La definición de hipocrecía es declarar o pretender ser algo que en realidad no se es.
Pero al decir que somos justos, aún cuando nuestro comportamiento presente fallas al respecto, no es hipocrecía, porque eso es algo que ya está hecho por Cristo en la Cruz.



Viviendo sobre la Verdad de Dios.

Cuando fundamentamos nuestras decisiones en lo que Dios dice, cuando nuestro comportamiento manifiesta un fracaso en cuanto a lo justo:
Vemos la falla o el fracaso.
El espíritu afirma: somos justos porque Dios nos ha hecho justos.
Nuestra alma, que cree que somos justos, actuará de la siguiente manera:
La mente se enfocará en la Verdad de la Palabra de Dios.
La voluntad decidirá caminar por fé (2 Cor 5:7), levantarse (Prov 24:16), arrepentirse, confesar y pedir perdón (1 Jn 1:9).
Las emociones serán de confianza y seguridad.

Las cosas realmente verdaderas en cuanto a nosotros son las que Dios dice, no las que dice el mundo o las emociones (El justo vive por fe -2 Cor 5:7- y la fe deriva de creer la Palabra de Dios -Rom 10.17-).
La fe es una decisión activa basada en la verdad de Dios, aún cuando esta puede no sentirse como verdadera (Heb 11:3, Gal 5:6, Sant 2.20).
Cuando tomamos acciones basados a lo que Dios dice (que es la Verdad), experimentaremos nueva vida en muchos aspectos: pensamientos, actitudes, palabras, planes, deseos, vida familiar, trabajo, vida social, etc.


Nuestra nueva identidad en Cristo (2 Cor 5:17).
Soy una nueva creación. 2 Cor 5:17.
Soy hechura de Dios, su obra especial, nacido de nuevo en Cristo para hacer su obra. Efe 2:10.
Soy un hacedor de buenas obras las cuales Dios, mi Padre, preparó de antemano para
que anduviera en ellas Efe 2:10
Soy elegido de Cristo para llevar su fruto. Juan 15:16.
Soy miembro del cuerpo de Cristo. 1 Cor 12:27.
Soy siervo de la justicia. Rom 6:18.
Soy hecho siervo de Dios. Rom 6:22.
Soy embajador de Cristo 2 Cor 5:20
Soy rey y sacerdote para Dios, mi Padre Apo 1:5-6
Soy ministro de reconciliación y estoy reconciliado con El. 2Cor 5:18-19
Soy una bendición para todas las familias de la tierra. Gen 12:3
Soy lo que soy por la gracia de Dios. 1 Cor 15:10
Soy fuerte por medio de Cristo en medio de mi debilidad 2 Cor 12:10
Soy la sal de la tierra. Mat 5:13.
Soy la luz del mundo. Mat 5:14.
Soy hijo de luz y no de oscuridad. 1 Tes 5:5.
Soy levadura en medio del mundo Mat 13:33
Soy hijo de Dios. Juan 1:12.
Soy hijo de Dios; Dios es mi padre. Rom 8:14-15
Soy hijo de Dios y seré como Cristo cuando El regrese. 1 Jn 3:1-2.
Soy plenamente amado de Dios y nada ni nadie me podrá separar de su amor Rom 8:31-37
Soy como la niña de los ojos de mi Padre Deut 32:10
Soy heredero de Dios, pues soy su hijo. Gal 4:6-7.
Soy coheredero con Cristo, compartiendo su herencia con El. Rom 8:17.
Soy miembro del linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido
por Dios. 1 Ped 2:9-10
Soy ciudadano del cielo, estoy sentado en el cielo ahora mismo. Fil 3:20.
Soy conciudadano del resto de la familia de Dios. Efe 2:19.
Soy extranjero en este mundo en el cual vivo temporalmente. 1 Ped 2:11.
Soy templo -morada- de Dios. Su Espíritu y su vida moran en mi. 1Cor 3:16;
Soy una piedra viva de Dios, que El está edificando en Cristo como una casa espiritual. 1 Ped 2:5.
Soy un espíritu con el Señor y estoy unido con El. 1 Cor 6:17.
Soy partícipe de Cristo; comparto su vida. Heb 3:14.
Soy la expresión de la vida de Cristo porque El es mi vida. Col 3:4.
Soy hijo de Dios y uno con Cristo. Gal 3:26-28.
Soy parte de la vid verdadera y un canal de la vida de Cristo. Juan 15:1-5.
Soy amigo de Cristo. Juan 15:15.
Soy la justicia de Dios 2 Cor 5:21
Soy santo. Efe 1:1.
Soy prisionero de Cristo. Efe 3:1.
Soy un bendecido de Dios Efe 1:3
Soy justo y santo. Efe 4:24.
Soy escogido de Dios, santo y amado. Col 3:12.
Soy santo, partícipe del llamamiento celestial. Heb 3:1.
Soy como la luz de la aurora, mi vida va en aumento a cada momento Prov 4:18
Soy enemigo del diablo. 1 Ped 5:8.
Soy nacido de Dios y el maligno (diablo) no puede tocarme. 1 Jn 5:18.
Soy más que vencedor en Cristo Rom 8:37



Resultados que la Gracia de Dios en nosotros.
Justificado y completamente perdonado. Rom 5:1.
Muerto al poder del pecado en mi vida. Rom 6:1-6.
Libre de condenación y culpa para siempre. Rom 8:1.
Estoy en lugares celestiales con Cristo 1 Cor 1:30.
Libre acceso al trono de la gracia para hallar gracia y misericordia para el oportuno
socorro Heb 4:16
He recibido el Espíritu de Dios en mi vida. 1 Cor 2:12
Puedo conocer las cosas que Dios me ha dado como herencia 1 Cor 2:12.
Tengo la mente de Cristo. 1 Cor 2:16.
He sido comprado por un precio. Soy pertenencia de Dios. 1 Cor 6:19.
He sido establecido, ungido y sellado por Dios en Cristo. 2 Cor 1:21
He recibido el Espíritu Santo como garantía de mi herencia venidera. 2 Cor 1:21.
Ya no vivo para mi mismo, sino para Cristo. 2 Cor 5:14
He sido justificado. 2 Cor 5:21.
He sido crucificado con Cristo y ya no vivo yo sino que Cristo vive en mi. La vida que
ahora vivo es la vida de Cristo. Gal 2:20.
Como Cristo vive en mi, mi esperanza es la gloria. Col 1:27
Tengo un nuevo destino: la vida eterna. Rom 6:22.
Tengo como fruto la santificación Rom 6:22
Estoy siendo perfeccionado día a día por el Señor Fil 1:6
Bendecido con toda bendición espiritual. Efe 1:3.
Escogido en Cristo desde antes de la fundación del mundo para ser santo y sin mancha
delante de El. Efe 1:4.
Predestinado, determinado por Dios, para ser adoptado como hijo de Dios. Efe 1:5.
Redimido y perdonado, vivificado juntamente con Cristo. Efe 2:5.
Resucitado y sentado con Cristo en el cielo. Efe 2:6.
Con acceso directo hacia Dios por medio del Espíritu Santo. Efe 2:18.
Puedo acercarme a Dios sin impedimento, con libertad y confianza. Efe 3:12.
Rescatado del dominio de satanás y cambiado al Reino de Cristo. Col 1:13.
Redimido y perdonado de todos mis pecados y mi deuda ha sido saldada. Col 1:14.
Cristo mora en mi. Col 1:27.
Firmemente arraigado en Cristo y sobreedificado en El. Col 2:7.
Mi vieja naturaleza no regenerada ha muerto Col 2:11.
Estoy completo en Cristo. Col 2:10.
He sido sepultado, resucitado y vivificado con Cristo. Col 2:12-13.
Morí con Cristo y he sido resucitado con El. Mi vida ahora está con Cristo en Dios.
Cristo es mi vida. Col 3:1-4.
He recibido el espíritu de poder, amor y dominio propio. 2 Tim 1:7.
Soy salvo y estoy apartado para Dios. 2 Tim 1:9.
El no se avergüenza de llamarme su hermano. Heb 2:11.
He recibido muy grandes y preciosas promesas de Dios por medio de las cuales soy
partícipe de la naturaleza divina de El. 2 Ped 1:4.



Preguntas para autoevaluación.
¿Por qué es importante nuestra identidad en Cristo?
¿De que depende nuestra identidad en Cristo?
¿Por qué nuestra identidad en Cristo es de una vez y para siempre?
¿Cuál es el engaño de satanás con respecto a nuestra identidad?
Mencione las diez características de nuestra identidad en Cristo que más le impresionaron y por qué.
Mencione los diez resultados de la gracia de Dios para con nosotros que más le impresionaron y por qué.


25 Feb 2010