Estudio Bíblico

Inicio > Estudio
Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

La falta de perdón.




La falta de perdón (el siervo malo).

Asumiendo que el valor actual de un denario antiguo fuera de Q 1.00, el siervo malo fue perdonado de una deuda equivalente a Q 54,000,000 mientras que no perdonó una deuda de Q 100.00
Los Q 54mm es el tamaño de la deuda que nos fue perdonada por Cristo en la Cruz por causa de nuestros pecados, pero no solo implicó nuestro perdón sino también el de nuestra familia (vrs. 25 al 27), en cumplimiento de lo que la Palabra de Dios dice respecto a que si nosotros creemos, nosotros y nuestra casa seremos salvos (Hc h 16:31).
Los Q 100 es el tamaño de la deuda que no perdonó este siervo malo, y eso que ella implicaba solo perdonar a uno (esto es tipo de las ofensas que los demás nos hacen a nosotros en comparación que las que nosotros le hicimos –y aún hacemos- a Cristo.
El había obtenido perdón para él y toda su familia por una deuda miles de veces mayor, pero no fue capaz de perdonar una mínima.
Así de ridículos nos hemos de ver espiritualmente hablando cuando no perdonamos a los demás.

Vrs. 33: dar de gracia (inmerecidamente) lo que de gracia hemos recibido (por un puro regalo, sin mediar nada de nuestra parte). Así como fuimos perdonados por Cristo, y por ello mismo, necesitamos perdonar a otros (Efe 4:26-32, principalmente el vrs. 32).

Vrs. 34: la falta de perdón ocasiona que los verdugos que quieren torturar nuestra alma puedan hacerlo. Y entre esos verdugos está la amargura, que nos impide alcanzar las bendiciones (gracia) de Dios (Heb 12.15).
La amargura es un veneno destructivo, como el veneno de una serpiente que se diluye por todo nuestro cuerpo, solo que este veneno abarca todo nuestro ser: espíritu, alma y cuerpo (enfermedades psicosomáticas).
Adicionalmente, la falta de perdón y la amargura nos ata a la persona que no perdonamos, por medio del resentimiento, pensamientos y sentimientos negativos, decisiones y acciones negativas (Prov 23:7).



La declaración del perdón.

La clave para liberarnos.
No es que estemos de acuerdo con lo que pasó ni que lo aprobemos.
Tampoco es que estemos de acuerdo con la persona que nos causó daño o que la aprobemos.
No significa dejar de darle importancia a lo que sucedió.
Tampoco significa darle la razón a la persona que nos lastimó.

Se trata de:
Liberarnos de los pensamientos, sentimientos y decisiones negativas que nos generan.
Se trata de hacer a un lado y dejar en las manos de Dios, las situaciones, las personas, los pensamientos y los sentimientos negativos que nos causaron dolor y enojo.
Dejar el pasado e ir hacia el futuro (hacia el Reino, Luc 9:62).
Los planes de Dios de bien para un futuro y una esperanza están adelante, no atrás (Jer 29.11).
La vida incremental que Dios nos quiere dar está adelante, no atrás (Prov 4:18).
Dejando lo que queda atrás y extendiéndome hacia adelante, prosigo a la meta (Fil 3:13-14).



El perdón se basa en:
El reconocimiento de que fuímos perdonados por muchos más de lo que debemos perdonar.
El reconocimiento de que es un mandamiento de la Palabra, no una opción.
El reconocimiento de que no perdonar es un pecado que nos va a separar no solo de la persona, sino de la fuente de nuestra vida y bendición (Jn 15.5).
El reconocimiento de que el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones y que el resentimiento y la falta de perdón son incompatibles con él.
Prov 4:23: de nuestro corazón mana la vida (bendición) si perdonamos, o la muerte (la maldición) si no perdonamos.
El reconocimiento de que no podemos cambiar lo que pasó pero si podemos evitar que nos siga afectando, y de alguna manera, controlando.



El perdón es un proceso.
Es una decisión de hoy, pero renovada cada día.
Hasta que el recuerdo sea depojado del dolor.
No es olvido, es recuerdo sin dolor.
No es lo mismo la disculpa (dis, sin; y culpa = sin culpa --justificarse--), que perdón (reconocimiento de la culpa).

03 Mar 2010
Referencia: Perdón.