Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Verdades que liberan.



Verdades que Liberan (Juan 8:32).
Pastor Guillermo Zonvi (Argentina).
guillermozonvi@yahoo.com



Introducción.

Hace tiempo aprendí a no predicar mis convicciones, sino la verdad de la palabra de Dios (1 Cor 2:4, 1 Cor 2:13).
Aprendí a dejar de lado mi punto de vista, o mi experiencia personal, para poder centrar el mensaje en el fundamento de La Palabra (1 Cor 3:11).
Muchos hacen de su experiencia una doctrina, pero no es Palabra de Dios, sino experiencia humana.
Algunos lo hacen simplemente porque otros lo hacen, siguiendo el ejemplo de algún referente en la fe, mientras que unos cuantos tienen el deseo de manipular y controlar, estos últimos son la punta de lanza de los: “Lobos rapaces, Obreros fraudulentos, Mutiladores del cuerpo, Amadores de ganancias deshonestas, Hombres que tienen apariencia de piedad pero con sus actos niegan su eficacia” (Mat 7:15, 2 Cor 11:13, 2 Tim 3:2-5), que proliferarán en la medida en que más cerca estemos de los últimos tiempos.

Por otro lado, hay muchas personas que se encuentran encarceladas dentro de nuestros templos, están aprisionadas por conceptos, filosofías e ideologías que ellos creen que es el Evangelio. Ellas necesitan ser liberadas.
Cuando hablamos de liberación lo asociamos automáticamente con lo demoniaco, pero la mayor opresión sobre los cristianos y la iglesia en este tiempo, no es demoniaca, es la que ejerce el hombre a través de enseñanzas que son doctrina de hombres y yugos de opresión.
La iglesia, en general, necesita ser liberada de manipulación y de enseñanzas erróneas y retorcidas que están siendo anunciadas.

Cuando predicamos La Palabra de Dios, y no nuestras convicciones, pensamientos, o parecer, las personas son liberadas (Jn 8:32).
He visto como se rompen las cadenas y las personas quedan libres de ideas preconcebidas, de costumbres y tradiciones de hombres que pretenden que sean reconocidas como Sana Doctrina sin serlo.

Hay cuatro verdades de las cuales quiero hablar, verdades que han sido bastardeadas, manipuladas y acomodadas para beneficio y perdición de muchos que son:
La verdad sobre la bendición
La verdad sobre la prosperidad
La verdad sobre lo profético
La verdad sobre lo apostólico



La bendición.

Bendecir es mucho más profundo que hablar bien, la palabra hebrea para bendición es: Beraja (Gen 1:28).
Es la gracia que nos da Dios para poder alcanzar objetividad y propósito en nuestras vidas.
Es el poder de Dios para que nuestras vidas den en el blanco, para poder cumplir con el propósito por el cual hemos nacido (Sal 139:13-16).
Es poder de Dios para poder hacer las obras que Dios preparo desde antes de la fundación de la tierra (Efe 2:10).
Produce en nuestro ser un profundo sentimiento de satisfacción por saber que estamos cumpliendo con el propósito de Dios para nuestras vidas.
Pecar es errar al blanco,

Hoy en día esta palabra está siendo utilizada por algunos para manipular a la gente para obtener un beneficio propio.
Algunos que predican después de predicar le preguntan a la gente si fueron bendecidos por la palabra, entonces le piden a la gente que le bendigan.
Otra forma de manipular a la gente es pedir que sellen la palabra con una ofrenda, parecería que si no das plata, la palabra no va ser efectiva.

En el Antiguo Testamento cuando Dios se revelaba a través de un sueño, o daba una palabra, se levantaba un altar y se sacrificaba un animal en señal de agradecimiento.
En el Nuevo Testamento esto ya no tiene vigencia, no puedo sellar la Palabra cuando ya fue sellada por la Sangre del Cordero de Dios, si no, hago nulo el sacrificio de Jesús y estoy sujeto a las ofrendas de la ley.

No estoy diciendo que no hay que levantar una ofrenda especial para honrar al predicador, pero es manipulación hacerle creer a la gente que para que la palabra se cumpla en su vida, o para que el mensaje predicado me bendiga tengo que sellar la palabra con una ofrenda. ¡Volvamos a leer el libro a los Hebreos!



La prosperidad.

El mundo hoy considera prospera a aquella persona que tiene abundancia de recursos económicos, que tienen sus necesidades suplidas, personas exitosas, libres de carencias, con una buena casa, un buen vehículo, ropa importante, lindas joyas y una buena cuenta bancaria.
Esta mentalidad secular se ha filtrado en nuestras iglesias, pareciera que si no tenés nada de lo antes mencionado sos un hijo de segunda (1 Jn 2:16).
Algunos hasta tuercen la palabra para que diga lo que no dice y poder justificar la ostentación de su manera de vivir.

Muchos dicen que Jesús era rico, mencionan la ofrenda que le entregaron los magos al nacer, hablan de su túnica como si fuera una prenda de Versace, o de Dolce Gabbana, o de sus sandalias como si fueran de Ricky Sarkany .
La verdad es que el dinero que entraba en la tesorería del Ministerio de Jesús, no fue utilizado para adquirir bienes de este mundo, ni para financiar un estilo de vida de comodidad, lujo y derroche, sino para financiar sus viajes y el sustento de la gente que se movía con El, que los tenía a tiempo completo (Luc 8:1-3).

Para un judío era sagrado comprar la tierra donde seria sepultado y reunido con sus padres, esto lo vemos en todo el Antiguo Testamento. Sin embargo, Jesús no tenia tumba familiar (Jn 19:38-42, Isa 53:9).
Dios puede darnos todo el oro del mundo, pero dependerá de nosotros si lo usamos para levantar un tabernáculo o adorar el becerro.

La palabra usada en el judaísmo para prosperidad es: Tsalach.
Esta palabra significa empujar hacia delante, alcanzar propósito.
El hombre prospero es el que empuja hacia delante, el que alcanza el propósito de Dios para su vida, ahí se encuentra la prosperidad integral, como se dice de Abraham que estaba bendecido en todo.

3 Jn 2 dice: Amado, mi oración es que seas prosperado en todas las cosas y que tengas buena salud, así como prospera tu alma.
Este versículo primeramente habla de que seamos prosperados en todas las cosas, y que tengamos buena salud.
Salud es parte integral de lo que significa prosperidad.
Dios está interesado en prosperar todo aspecto de nuestras vidas, sin embargo, pone como condición que esa prosperidad será dada de acuerdo a la prosperidad del alma.

¿Qué significa prosperidad del alma?
En el alma hay 3 elementos: la voluntad, la mente y las emociones.
Somos prosperados cuando rendimos nuestra voluntad a Dios, y dejamos de vivir una vida controlada por las emociones, una vida almática, y renovamos nuestras mentes; dejamos de vivir una vida controlada por la codicia de las riquezas, los afanes de este mundo, la vanagloria de la vida, del materialismo y el consumismo (1 Jn 2:16).

Somos transformados por medio de la renovación de nuestro entendimiento, cuando cambiamos nuestra manera de pensar, cambiamos nuestra manera de hablar y actuar.
Cuando, como el gusano que sale del capullo para descubrir que tiene alas para volar (esto se llama “metamorfus”, metamorfosis) comenzamos a vivir una vida nueva, bajo nuevos principios, los de la Palabra de Dios (Rom 12.2, Efe 4:22-24) y no los retorcemos para que justifiquen nuestra vana manera de vivir.



Lo profético (Apo 19:10).

En la antigüedad se los llamaba videntes, este nombre fue cambiado en los días del profeta Samuel.
Como nos lo enseñan todos los libros de los profetas (mayores y menores), el profeta tiene una palabra que se anticipa en el tiempo (1 Cro 12.32), y el paso del tiempo demuestra si el profeta hablo de parte de Dios o de su propio corazón .
En toda la Biblia vemos que el ministerio del profeta es un ministerio de corrección, el profeta venia con palabra de Dios para corregir al rey cuando este se desviaba o para corregir al sacerdote o al pueblo, por ello, el profeta es el oficio que más resistencia u oposición recibe en toda la historia bíblica.
El profeta anunciaba que acontecería si el pueblo no se arrepentía.
Jesús clamo: Jerusalén, tú que matas a todos los profetas que te son enviados, el pueblo era los que silenciaban a los profetas (Mat 23.37, Luc 13:34).

La palabra profética es objetiva, no da lugar a una generalidad.
Cuando el profeta ministra, la gente no tiene expresión de risa en sus rostros, o hay una profunda convicción de pecado, o los dientes se aprietan con bronca.

Algo ha cambiado, antes los mataban y hoy los invitamos a tomar un café, o queremos que vengan a almorzar a nuestras casas.



Lo apostólico.

Creo en lo apostólico (Efe 2:20, Efe 4:11, 1 Cor 12.28), pero no creo en todos los que se dicen apóstoles hoy.
Ya en la iglesia del primer siglo existían falsos apóstoles (2 Cor 11:13).
El mensaje a la iglesia de Éfeso, se le reconoce que probaban a los que decían ser apóstoles y no lo eran, eran hallados mentirosos (Apo 2.2).

¿Qué es un apóstol?
Primero podemos decir que el apóstol reúne en si mismo los cinco ministerios: Apóstol, Profeta, Evangelista, Maestro y Pastor.
Un apóstol es fundador de obras, es una persona que ha preparado y proyectado a otros en el ministerio, es padre espiritual de aquellos que él ha engendrado y formado, pero por sobre todas las cosas tiene el sello de Dios sobre su ministerio, esto es la manifestación sobrenatural de Dios (1 Tes 2:5-12).

Hoy se deshonra esta palabra llamando apóstol a personas que no han engendrado y proyectado a nadie en el ministerio, te ofrecen por internet paternidad apostólica y no te conocen.

Hoy se le llama apóstol a personas que no han fundado iglesias, que no tienen sobre si los cinco ministerios operando, personas que no tienen el sello de Dios sobre su apostolado, personas que no han viajado a las naciones, que no han traspasado barreras idiomáticas y culturales.

Hoy casi todos son apóstoles cuando ni siquiera ejercieron con honra el pastorado, nos estamos quedando sin pastores, en la década de los 80 todos eran pastores, en los 90, todos eran reverendos u obispos, hoy la ambición lleva a muchos al deseo de ser llamados apóstoles cuando muchos no han honrado el pastorado.



24 Mar 2010