Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Pensamientos acerca de la Palabra.



La Biblia es Pan de Vida siempre fresco, listo para comer, con excelente sabor, nunca se enmohece, y es el único alimento que podemos comer y comer y comer, y nunca aumentaremos calorías. Come diariamente y bastante (Luc 4:4, Heb 5:12, Heb 5:14).

Así como nuestro cuerpo necesita de alimento por lo menos tres veces al día (hay algunos que comen más que eso), nuestro espíritu también. Necesitamos comer diariamente de la Palabra viva para que nuestro hombre interior se afirme y fortalezca día con día (Sal 1:1-3, Jn 5:39).

Si descuidamos nuestra comida física, podemos llegar a padecer anemia y/o desnutrición y otros problemas de salud. Si descuidamos alimentarnos de la Palabra de Dios, vamos a padecer anemia y/o desnutrición espiritual (Heb 5:12).

Cuanto más leamos la Biblia tanto más conoceremos, nos enamoraremos y amaremos a Su Autor. Y ella nos dejará de parecer una lectura para convertirse en una carta de amor siempre actual (Jer 15:16).

El mundo es un campo minado lleno de situaciones negativas, problemas, contradicciones, celos, envidias, competencia desleal, inmoralidad de todo tipo, etc. Para caminar con seguridad en El, necesitamos un manual y un mapa que nos oriente para no perdernos. Muchas personas han tratado de crear uno, pero entre ellos hay contradicciones, y ninguno ha demostrado, hasta el día de hoy, ser eficiente para guiarnos en el mundo. Pero Dios no nos creó y nos puso en el mundo para que anduviéramos a ciegas. El nos dejó Su Palabra que es un ancla segura en medio de un mundo tormentoso (Sal 119:105, Mat 24:35, Num 23:19).

La Palabra de Dios, si la amamos, la buscamos, nos deleitamos en ella, la hacemos nuestra y la buscamos continuamente, producirá dos efectos en nosotros y en nuestra vida: por un lado nos ayudará poderosamente para alejarnos de todo lo malo, y por otro lado, nos acercará, también poderosamente, a todo lo bueno (Sal 1:1-3). Nos irá bien en la vida (3 Jn 2). La decisión es nuestra, Dios nos dio Su Palabra para bendecir nuestras vidas, ¿queremos nosotros esa bendición? ¿estamos dispuestos a esforzarnos para alcanzarla (2 Tim 2:2)?

Dios, todo el tiempo, nos quiere hablar por medio de Su Palabra, pero solo les habla a aquellos que se toman el tiempo para buscarla, meditar en ella, apropiársela y ponerla por obra (Mat 13:18-23). La falta de atención, los problemas, los afanes de la vida diaria, son los obstáculos que necesitamos vencer para escuchar al Señor en Su Palabra, pero esos obstáculos no son invencibles. La convicción y el compromiso de buscarla diariamente son, con el Espíritu Santo, nuestros mejores aliados para lograrlo (2 Tim 1:7). Asumamos la convicción y el compromiso de tomarnos el tiempo suficiente cada día para escuchar de El.

Dios nos ofrece un plan maravilloso para nuestras vidas, en Cristo (el Verbo encarnado). Pero El no es un “genio” que está a nuestro servicio para satisfacer cada uno de nuestros caprichos. El plan maravilloso que El tiene para nosotros está firmemente unido a Su Palabra (3 Jn 2). Solo lo encontramos en una creciente obediencia a Su Palabra. Necesitamos no solo acudir continuamente a ella, sino pedirle que nos enseñe por Su Espíritu Santo, lo que ella significa y nos imparta el poder para obedecerla.

Cuando Jesús les dijo a sus discípulos que les enviaría poder para serle testigos (Hch 1:8) no era solamente el poder para hacer señales y milagros; era, por sobre todo, poder para obedecer Su Palabra y testificar con los hechos de su vida (no solo con palabras) el estilo de vida que El quiere que vivamos para ser plenamente bendecidos (Jn 10:10). Jesús sabía por experiencia propia, el poder del testimonio como respaldo a las palabras (Mat 7:29, Mar 1:22).

25 Mar 2010
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