Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Absalón y/o el espíritu de la división.



UNA HISTORIA INTERESANTE.
Tomada del Libro “Perfil de Tres Monarcas, Saúl, David y Absalón”.
Autor: Gene Edwards.
Editorial Vida, 1986. Capítulo 21, págs. 75 a 80.
Fundamentada en 2 Sam, Caps. 15 al 18.
Los subrayados son nuestros.


-¡Sabio!.
-Si.
-Sabio, ¿pudiera concederme unos minutos?
-Por supuesto. Tengo muchísimo tiempo.
-¿Acaba de venir de una reunión en casa de Absalón?
-Sí, así es.
-¿Le molestaría compartir conmigo algunas de sus impresiones mientras estuvo allí?
-¿Usted quiere decir una impresión general de Absalón y sus partidarios?
-Sí, eso sería suficiente.
-Bueno, he conocido muchos hombres como Absalón. Muchísimos.
-Entonces ¿cómo es él?
-Es sincero y ambicioso. Tal vez sea una contradicción; no obstante es la verdad. Es probable que se proponga hacer lo que dice; pero su ambición perdurará mucho tiempo después que descubra su ineptitud para cumplir lo que promete. Cuando se llega al poder, corregir la injusticia se vuelve secundario.
-Lo siento, Sabio; pero no entiendo.
-Hay dos cosas que persisten en mi mente. En una reunión, mientras Absalón hacía preguntas, fue muy categórico en afirmar que debe hacer más libertad en el reino. A todo el mundo le gustó eso. El dijo que “un pueblo tiene que ser guiado únicamente por Dios, y no por los hombres”. Dijo también que “los hombres sólo deben hacer lo que ellos piensan que Dios quiere que hagan”. Creo que esas fueron sus palabras. En otra reunión habló de las excelentes perspectivas que tiene para el reino de Dios, de las grandiosas hazañas que puede realizar el pueblo. Por otra parte, habló de muchos de los cambios que él haría en cuanto a la manera de gobernar el reino. Aunque él parecía no advertirlo, había enunciado dos proposiciones incompatibles. Muchos cambios y más libertad. Sí, en efecto, él me recuerda a muchos otros hombres con quienes he tropezado a lo largo de los años.
-Sabio, creo que entiendo lo que ha dicho: pero no estoy seguro de cuál es el asunto que usted quiere destacar.
-Los sueños de Absalón. Sueños de lo que deber ser, de lo que será. El dice: “Esto es lo que haré”. Pero para realizar esos sueños, necesita la cooperación del pueblo. ¡Ah, este es el asunto que los hombres pasan por alto! Tales sueños se apoyan totalmente en la premisa de que el pueblo de Dios estará con el nuevo caudillo, y que todos verán las cosas como el líder las ve. Tales hombres no pueden imaginar los problemas en su reino futuro. Es posible que el pueblo lo siga, y es posible que no.
-El pueblo de Dios –continúo el Sabio—seguirá a un líder a lo sumo por algunos días. Nunca está mucho tiempo con ninguno. Por lo general, la gente hace lo que le place. Se le puede disuadir para que haga por algún tiempo la voluntad de otro, pero no por mucho tiempo. La gente no trabajará demasiado duro, aún cuando esté siguiendo a Dios. ¿Qué hará Absalón cuando el pueblo deje de seguirlo voluntariamente? ¡Ah, aquí está el problema! Es que no hay reino sin discordias. Hasta Dios tuvo sus críticos en el cielo. Todos los reinos siguen una trayectoria irregular. Y la gente, sobre todo el pueblo de Dios, nunca sigue ningún sueño al unísono. No, tomará tiempo el realizar lo que él dijo está noche. No todos estarán dispuestos a acompañarlo. ¿Estará aún así decidido a convertir en realidad sus sueños? Si es así, entonces Absalón tiene al menos un recurso: la dictadura. O recurre a ella o verá pocos –si es que alguno—de sus grandes sueños realizados. Si se convierte en dictador, puedo asegurar que en un futuro no lejano habrá exactamente el mismo descontento que hay ahora con el rey actual. Sí, si Absalón llega a ser rey, poco después usted verá nuevas reuniones como esta de la que acabo de venir esta noche… sólo con nuevos rostros, nuevos sueños y nuevos planes para una nueva rebelión… ¡esta vez contra Absalón! Entonces, cuando Absalón se entere de semejantes reuniones y de debates acerca de una rebelión, tendrá sólo un recurso.
-Sabio, ¿qué opina que hará él?
-Los rebeldes que llegan al poder mediante la rebelión son intolerantes con los demás rebeldes y sus rebeliones. Cuando Absalón se enfrente con la rebelión, se convertirá en un tirano. Su perversidad será diez veces la que ahora le atribuye a tu rey. El aplastará la rebelión y gobernará con mano de hierro… y mediante el terror. Eliminará toda oposición. Esta es siempre la última etapa de las rebeliones altisonantes. Tal será el rumbo de Absalón si destrona a David.
-Pero, Sabio, ¿no han sido beneficiosas algunas rebeliones, al derrocar a déspotas brutales?
¡Oh, sí, algunas. Pero le recuerdo que este reino en particular es diferente de todos los demás. Este reino está formado por el pueblo de Dios. Es un reino espiritual. Puedo decirle enfáticamente que ninguna rebelión en el reino de Dios es atinada, ni puede nunca ser plenamente bendecida.
-Sabio, ¿por qué dice tal cosa?
-Por muchas razones. Una es evidente. En el reino espiritual, un hombre que esté a la cabeza de una rebelión ya ha demostrado –no importa cuán grandiosos sean sus discursos ni cuán angelicales sean sus métodos— que tiene una naturaleza inclinada a la crítica, un carácter sin principios y motivos ocultos en su corazón. Francamente, es un ladrón. Crea la tensión y el descontento dentro del reino, y luego toma el poder o lo socava con sus seguidores. Une a los partidarios que consigue para establecer su propio dominio. Es un comienzo lamentable, basado en el fundamento de la insurrección. No, Dios nunca aprueba la división de su reino.
--Me resulta curioso –prosiguió el Sabio— que los hombres que se sienten competentes para dividir el reino de Dios no se sientan capaces de irse a alguna otra parte, a otra tierra, para erigir un reino completamente nuevo. No, ellos tienen que robar el reino de otro líder. No he visto la excepción. Siempre parecen necesitar al menos algunos partidarios previamente moldeados a su gusto. Comenzar solo y con las manos vacías asusta al mejor de los hombres. Eso también indica claramente lo seguro que están de que Dios está con ellos. Cada una de sus palabras, si verdaderamente se analizan, habla de su inseguridad. Hay muchas tierras intactas y sin dueño. Hay mucha gente en otros sitios que esperan para seguir a un verdadero rey, a un verdadero hombre de Dios. Repito (y hay quienes dicen que repito lo mismo con frecuencia) ¿Por qué los “aspirantes a reyes y profetas” no se marchan silenciosos y solos, encuentran a otra gente en otro sitio, y allí erigen el reino que imaginan? Los hombres que dirigen las rebeliones en el mundo espiritual son hombres indignos. No hay excepciones. Y ahora debo irme. Tengo que unirme al desfile que pasa.
-Dígame, Sabio, ¿cómo se llama usted?
-¿Mi nombre? Soy la Historia.





21 Abr 2010
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