Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Entendiendo la Iglesia (1).




La Iglesia: la plenitud de Cristo (Efe 1:23).
La Iglesia es el Cuerpo de Cristo.
Como Cuerpo, es de la misma naturaleza de Cristo, su Cabeza.
Por ello, aún con sus imperfecciones, es la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo.
Por lo tanto, cuando alguien juzga, murmura y/o critica a la Iglesia en general, o a una iglesia local en particular, o una autoridad (ministro o líder) de la iglesia o a un miembro de ella, lo que esta haciendo, en última instancia, es juzgar, murmurar y/o criticar del mismo Cristo, ya que si alguien habla de alguna parte de mi ser, está hablando de mi mismo.
Por otra parte, debemos recordar que esa totalidad o parte en particular del Cuerpo es la novia de Cristo hoy, y su futura esposa, que El está santificando, lavando y preparando para presentársela a sí mismo, limpia, sin mancha y sin arruga.
El es quien lo hace, no nosotros.
Si alguno habla contra la novia o la esposa de alguien, se las va a tener que ver con el novio o con el esposo. De la misma manera, si alguien se mete con la novia y futura esposa de Cristo, se está metiendo con Cristo mismo.
En el Cuerpo de Cristo hay muchos que constantemente están juzgando lo que otros hermanos predican y/o hacen porque no están de acuerdo con ello y literalmente "tiran" sus críticas y comentarios al internet con una facilidad que asusta.
La Biblia no nos ha llamado a eso. Sant 4:12 dice: "¿Quién eres tú para que juzgues a otro?".
Dios no nos ha llamado a ver como edifican los demás y juzgarlos sino que "Cada uno mire como sobreedifica" (1 Cor 3:10).
Si no me parece lo que hacen los demás o no estoy de acuerdo con lo que dicen, simplemente no lo hago y ya.
No hemos sido llamados a ser jueces de los demás ni a criticarlos. Uno solo es el Juez.
Guardemos nuestro corazón de esas críticas, murmuraciones y/o juicios, porque ellas solo pueden contaminarnos y privarnos de alcanzar la gracia de Dios.
La Palabra, en Fil 4:8 nos instruye de pensar solo lo bueno, lo agradable, lo de buen nombre, lo digno de alabanza, lo que edifica, y eso es lo que d



El objetivo o función primordial de la iglesia.
La Gran Comisión (Mat 28.18-20) instruye a la iglesia en lo que debe ser su función principal: hacer discípulos, enseñar a guardar (obedecer, practicar, formar) lo que El nos ha mandado.
En el contexto de la Gran Comisión, la Iglesia (Efe 4:11-16) está llamada a ser el instrumento de Dios para perfeccionar a los santos.
La Palabra griega que se traduce “perfeccionar” implica las ideas de madurar, formar, transformar, educar, entrenar, instruír, corregir, etc.
Por lo tanto, el trabajo de la iglesia es un proceso (no un evento):
Proceso que, por un lado, va a requerir tiempo (no sucede de la noche a la mañana), y, por otro lado, no es fácil: a veces puede tener sus momentos molestos y hasta dolorosos.
El amor y la formación implican disciplina, corrección (no solo apapache, ni dejar hacer), implica poner límites.
Y ello, en algunas oportunidades no nos va a agradar, como por ejemplo, Jesús con Pedro, Jn 6:59-68.
La Palabra nos enseña que estamos siendo edificados como piedras vivas (1 Ped 2:5) de un templo espiritual, y según las instrucciones que Dios le dio a Israel para la construcción del templo, las piedras vivas debían pulirse fuera del lugar de la construcción, por un lado, y por el otro, ese pulimiento se realizaba rozando una piedra contra la otra, de tal manera que los salientes de una fueran pulidos por la otra y viceversa.
Ello nos habla de que una de las cosas que van a suceder en nuestro pulimiento es que vamos a enfrentar problemas y diferencias unos con otros; ello no debería ser un problema. El problema es si esas cuestiones en lugar de servirnos para madurar y mejorar nuestra relación, se quedan sin solución y producen resentimientos, dolor, amargura, celos, envidias, contiendas, etc.



La autoridad en la Iglesia.
Cristo: manifestó al Padre (Jn 14:6-11).
Dios es Padre. Entonces, si Jesús es la plenitud del Padre, y la Iglesia la plenitud de Cristo, la iglesia debe mostrar la plenitud del Padre (carácter paterno).
De hecho la iglesia fué concebida como una familia: la de los hijos e hijas de Dios, con la delegación de autoridad de Dios a los ministros (que ocupan el lugar del padre espiritual) y que deben rendir cuentas de esa autoridad, y la obediencia y sujeción de los demás (como hijos), para que la tarea del ministro sea efectiva en el cuidado de sus almas y lo hagan con gozo (Heb 13:17).



El perfeccionamiento de los santos implica dos tipos de relaciones.
Todo lo que Dios hace implica, entre otros elementos: amor, orden y autoridad.
La autoridad de Dios es una autoridad paterna (Dios es Padre, Mat 6:9, Efe 1:17).
Cuando Dios delega autoridad (Rom 13:1-7), el correcto ejercicio y efectividad de ella depende del entendimiento de que esa autoridad es una autoridad paternal
El funcionamiento de la Iglesia, y el perfeccionamiento de los santos, no es la excepción.
Por lo tanto, la iglesia, para cumplir su función, requiere de dos tipos de personas y relaciones (Heb 13:17):
El o los que perfeccionan (autoridad, autoridad paternal, autoridad en amor).
Los que son perfeccionados (hermanos e hijos; obediencia y sujeción).
La iglesia, entonces, es, entre otras cosas, una familia (no democracia, no anarquía), formada por unos “padres” (ministros”), cuya responsabilidad es el cuidado, formación, y la impartición del amor de Dios al resto, y otros (“hijos”), cuya responsabilidad es la obediencia y la sujeción. Y ello tiene una razón muy simple: un padre no puede cuidar a un hijo que no quiere.
Y si ambas partes cumplen con sus responsabilidades, al final habrán recibido recompensas.
Los que cumplieron bien con su función de padres espirituales: la corona incorruptible de gloria (1 Ped 5:4)
Los que cumplieron bien con su función de hijos espirituales: tendrán larga vida y les irá bien (Efe 6:1-3), prosperidad (Sal 1.1-3, 3 Jn 2, Rom 12:2), y de acuerdo con Luc 15:22-24: el mejor vestido (unción), anillo (autoridad espiritual), calzado (apresto del evangelio en sus pies, es decir, revelación), becerro gordo (prosperidad, abundancia), comida (provisión para sus necesidades), fiesta (gozo, realización, satisfacción), y vida y vida en abundancia (revivir).





26 Abr 2010