Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Fundamentos del matrimonio.



Introducción
En Génesis encontramos dos relatos de la creación del ser humano. Uno general respecto al hombre y la mujer y otro específico por cada uno. En el primero, Dios quiere enseñarnos las características comunes a ambos, en tanto que en el otro quiere manifestarnos las diferencias.



Gen 1:26-28.
En este relato de la creación del ser humano Dios no hace distinción entre la creación del varón y de la mujer porque quiere resaltar algunos principios fundamentales:
Que ambos son imagen y semejanza de Dios.
Que ambos son igualmente valiosos (no hay diferencia de valor entre ellos).
Que ambos son igualmente responsables de lo que Dios les ha dado.
Que el diseño de ambos implicaba la necesidad de que trabajaran en equipo.



Gen 2:1 8.
En este segundo relato de la creación del ser humano, una vez establecidos los principios que Dios quería resaltar en el pasaje de Gen 1.26-28, establece otros principios igualmente importantes, pero supeditados a los anteriores.
La creación del hombre primero implica:
Que el hombre es responsable de todo lo que Dios creará después de él (la mujer y los hijos).
Que el hombre es la autoridad representativa de Dios, pero una autoridad que se ejerce y es dirigida por el principio del servicio (Mar 10:42-45).
Que el hombre, antes de proceder a formar una familia necesita prepararse en tres aspectos fundamentales:
El trabajo para generar la provisión necesaria para el sostenimiento de su familia (Gen 2.15).
La responsabilidad por otros (Gen 2:1 5, Gen 2.19-20).
La enseñanza de los principios básicos de la Palabra de Dios para transmitirlos a su familia (Gen 2:16-17).
Que la mujer sería para el hombre, apoyo, ayuda, estímulo, colaboradora, en el desarrollo de sus responsabilidades fundamentales.



Gen 2:21-25.
Que Adán manifestara que Eva era ahora “hueso de mis huesos, carne de mi carne” implicaba el conocimiento, la convicción, el compromiso y el carácter necesarios para convertirse en uno, es decir, que no existiría la posibilidad de separación o divorcio entre ellos.


EL ORIGEN DEL MATRIMONIO (GEN 1:26-28; 2:18-25).


“Hagamos”
El hombre y la mujer fueron creados (no evolucionaron).
Aparecieron como coronación y meta de toda la actividad creativa de Dios en relación con la tierra como habitación especial para ellos.
La expresión “hagamos” sugiere el consejo y la actividad del Dios Trino en esa creación (Jn 1:3, Col 1:16).
El punto culminante de toda la acción creadora de Dios fue hacer al hombre y a la mujer. El género humano se distingue de todas las demás criaturas en dos aspectos:
o Solo las personas son hechas a imagen de Dios.
o Está a cargo de todas las demás criaturas.


“A nuestra imagen”.
De entre todas las obras de Dios, solo la creación del ser humano es precedida por esta referencia a una solemne decisión divina.
Los seres humanos no somos solamente una creación especial de Dios, sino que hemos sido creados a su imagen, es decir, estamos dotados de características tales que nos permiten entrar en una relación personal con Dios y ejercer, como representantes suyos, el gobierno del mundo (Gen 1:28, 5:1, 9:6, 1 Cor 11:7, Sant 3:9).
La imagen de Dios, no importa como se entienda, coloca a la personas (hombre y mujer) aparte de los animales y la establece en una relación especial con Dios.
Nuestra pareja también es hecha a imagen de Dios, de modo que cuando la ofendemos, insultamos, golpeamos, etc., lo estamos haciendo en contra de Dios mismo.
“Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo.” (1 Ped 3:7).


“Varón y hembra”.
El hecho de que en este pasaje la creación del hombre y la mujer se mencionen como situaciones simultáneas, remarca tres principios inherentes a la naturaleza humana:
Igualdad: varón y hembra los creó.
Dignidad: creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.
Responsabilidad: y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en ....”(peces, aves, bestias).
Es importante hacer notar que delante de Dios lo que hay es una delegación de responsabilidad, por un principio de orden, de la misma manera que en la Trinidad hay un orden aún cuando el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son uno e iguales en relación con la deidad, pero cumplen diferentes actividades.
Al igual que en la Trinidad, la delegación de responsabilidades no implica superioridad de uno e inferioridad de otro. En todo caso implica que el hombre es responsable de servir, honrar y dar su vida por la mujer, porque “el que quiera ser el mayor –cabeza—hágase el menor y sirva a los demás” (Mar 10:42-45).


“No es bueno que el hombre esté solo.” (Gen 2:18).
Lo único en la creación que no era bueno era que el hombre estuviera solo.
Dios nos creó para que ansiáramos tener compañía, tanto la suya como la de otros seres humanos.
La idea de crear a un hombre y una mujer fue de Dios (Gen 1:27).
La creación de las dos clases de personas no se hizo para humillar a la mujer; en realidad es un testimonio, pues la creación estaba incompleta sin la mujer.
Si Dios hubiera querido que la mujer mandara, la hubiera hecho de un hueso del cráneo de Adán.
Si Dios hubiera querido que la mujer fuera la alfombra del hombre, la hubiera hecho de un hueso de los pies de Adán.
Pero como quería que fuera su compañera, la hizo de una costilla sacada del costado de Adán, cercana al corazón, para que la amara, y que estuviera a la par de él, para que al abrazarla le diera protección y seguridad.
El matrimonio fue diseñado por Dios para satisfacer el primer problema de la raza humana: la soledad (Gen 2:18-22).
El hombre solo: "no es bueno".


“Ayuda idónea”.
Se refiera a una relación benéfica en que una persona ayuda a sostener a otra como amiga, compañera y aliada.
Ayudadora en el sentido del Sal 46:1: “...amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones”, que es equivalente a Ecle 4:9-12.
Que se completen el uno al otro.


“De la costilla”.
Somos tan diferentes corporal, emocional y hasta espiritualmente hasta el punto que somos complementarios e iguales en valor delante de Dios: “Hueso de mis huesos y carne de mi carne”


“Esta si es hueso de mis huesos y carne de mi carne”
El amor de un hombre hacia una mujer tiene el poder de transformar el concepto que una mujer tiene de sí misma (el concepto que Cristo -nuestra cabeza- tiene de nosotros –la iglesia-, ha tenido el poder de transformar nuestro concepto de sí mismos) (Efe 5:22-31).
El matrimonio fue planeado y decretado por Dios para traer felicidad y no desdicha (Gen 2:23).
"Al fin tengo a alguien que me corresponda".
”Al fin he hallado a una que puede complementarme, que me quita la soledad, a quien apreciar tanto como a mi propia carne".
"Ella es bellísima, es perfectamente adecuada para mi; ella ser lo único que necesitaré".
Si el matrimonio no está produciendo en nosotros gozo, paz y bendición, el problema no es el diseño de Dios (que todo lo hace perfecto); el problema está en nosotros, en las viejas formas de pensar respecto al matrimonio, heredadas del diablo, el mundo y la vieja naturaleza (ya muerta) que están “prendidas” en nuestra carne.


“Por tanto...”:
El hombre deja el cuidado de sus padres (crece).
Se une con su esposa (se compromete con ella).
Se convierten en una sola carne (forma una unión inquebrantable).
El matrimonio tiene que comenzar con un abandono de todas las demás relaciones a fin de establecer una relación permanente entre un hombre y una mujer (Gen 2:24).
Si es necesario dejar la relación más estrecha (con los padres), cuánto mas las otras relaciones menores.
Enfocar sus vidas el uno en el otro, en vez de tratar de que otro individuo o un grupo de personas satisfaga sus necesidades emocionales.
Igualmente hay que dar a las cosas una prioridad secundaria: negocios, carrera, casa, pasatiempos, intereses, deportes, etc.
Cualquier cosa que sea importante en la vida (excepto Dios), debe ser menos importante que la relación matrimonial).
El matrimonio exige una unión inseparable del esposa y su esposa a través del tiempo de su vida (Gen 2:24).
Ello significa estar soldados los dos de tal modo que no puedan separarse sin daño mutuo.
El matrimonio significa unidad en el sentido más pleno posible e incluye la unión física, intima, sin vergüenza (Gen 2:24-25).

El sexo implica un "conocer": conocimiento físico, íntimo, tierno, personal.
El matrimonio tiene que ser monógamo y heterosexual.
En la Biblia, las relaciones sexuales de una persona casada con otra persona se llaman “adulterio”, y el adulterio es pecado.
En la Biblia, las relaciones sexuales de un hombre con otro hombre, o de una mujer con otra mujer, son el resultado de que las personas no toman en cuenta a Dios y por ello Dios las entrega a su mente reprobada para hacer cosas que no convienen, entre ellas, el uso anti-natural de sus cuerpos, teniendo relaciones sexuales unos con otros y unas con otras, lo cual es resultado del pecado, y por ende, pecaminoso también.

La unión matrimonial nos da una nueva identidad: una mente, un corazón, un cuerpo. Esta es la razón por la cual el divorcio tiene un efecto tan devastador: no quedan dos personas sino dos fracciones de una.


Dios, el Centro (Ecle 4:12).
Dios nos creó varón y hembra, a imagen de El nos creo.
Solo juntos, unidos, podemos llegar a alcanzar la plenitud.
Para alcanzar esa plenitud, esa unidad, necesitamos del amor y el perdón.
Un corazón que ame y perdone solo puede ser cuando tenemos a Cristo en nuestro corazón: la máxima expresión del amor y el perdón; cuando El guía nuestros caminos (y los endereza cuando es necesario).
Dios no diseño el matrimonio para que lo lleváramos adelante solos.
Separados de El nada podemos hacer (Jn 15:4).
La relación para ser más cercana, solo puede serlo cuando nos acercamos más a Dios.
Lo que nos une espiritual, emocional y físicamente, de manera definitiva es el AMOR, y Dios es amor.
Cuando hay amor, hay perdón, respeto y honra, confianza y compromiso, que son los otros pilares del matrimonio.


Los cuatro pilares del matrimonio.
No todo ni siempre en el matrimonio va a ser agradable, fácil, placentero, emocionante, etc., pero siempre va a ser bueno.
Todas las cosas obran para nuestro bien (Rom 8:28-30).
Los planes de Dios para con nosotros son planes de bien, para que tengamos un futuro y una esperanza (Jer 29.11).
La vida del justo (y la de nuestro matrimonio incluída) en el plan de Dios siempre va en aumento (Prov 4:18).
Para ir adelante, hacia el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo con respecto a nuestro matrimonio (la plenitud matrimonial):
Cuatro ingredientes:
 Amor y perdón.
 Visión (lo que Dios quiere de nuestro matrimonio) y entendimiento (de los principios de la Palabra de Dios).
 Respeto y honra (a pesar de nuestras diferencias).
 Confianza (creer en la otra persona) y compromiso (para toda la vida).

14 Jul 2010