Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Levantándonos como águilas (1a. parte).



LEVANTÁNDONOS COMO AGUILAS.


Cuenta una historia que un día un águila puso un huevo en el nido que tenía en un árbol, pero por alguna razón, una vez que el águila levantó el vuelo, el huevo cayó del nido a la tierra y fue a parar a un gallinero. Allí una gallina lo vio, pensó que era suyo, y lo empolló hasta el tiempo en el que del huevo surgió un aguilucho. Como el aguilucho nació en el gallinero, se creo como pollo, aunque evidentemente no era uno de ellos por tamaño, apariencia, etc. Sin embargo vivía como pollo. Finalmente, en algún momento de su vida se dio cuenta que era parecido a un águila que sobrevolaba el gallinero, y comenzó a intentar levantar el vuelo hasta que lo logró. La moraleja de esta historia es que mientras no supo que era un águila, vivió como gallina sin serlo.

De la misma manera que el aguilucho, muchos de nosotros, a pesar de haber sido creados a imagen y semejanza de Dios (como águilas), por el efecto de la caída y los pensamientos, actitudes, comportamientos, etc., que aprendemos en el mundo caído, vivimos, aún con Cristo en nuestro corazón, muy por debajo (como gallinas) de nuestras posibilidades reales.

Por ello es necesario que, renovemos nuestro entendimiento por la Palabra de Dios (Rom 12:2, que nos habla y enseña de nuestra naturaleza de águilas, 2 Ped 1:4) y nos despojemos del hombre viejo (Efe 4:22-24, la naturaleza de gallina) que está viciada conforme a los deseos engañosos de la carne, para alcanzar todo lo que corresponde a la vida abundante que Cristo compró para nosotros en la Cruz del Calvario (Efe 2.10, 3 Jn 2, Jn 10.10, Prov 4:18, Jer 29.11, etc.).

Viviendo como gallinas nunca alcanzaremos todo ese potencial de vida abundante que Dios tiene para nosotros. Isa 40:31 dice: “pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.” Ello implica varias cosas:
UNO. Que la vida como hijos e hijas de Dios requiere esfuerzo (2 Tim 2:1, Mat 11:12, 1 Cor 16:13), y por ello, constantemente requiere que obtengamos nuevas fuerzas
DOS. Necesitamos usar las fuerzas y las “alas” que nos son dadas en Dios mediante la comunión con El, buscando la llenura de su Espíritu Santo (Mat 11:28-30, Efe 5.18).

2 Ped 1:3-5 nos enseña que fuimos diseñados por Dios para reflejar Su naturaleza divina. Ello implica que somos llamados a crecer, desarrollarnos y madurar en todas las áreas de la vida, comenzando por lo espiritual porque de allí devienen todas las cosas (Heb 11:3), porque ello es el cimiento de todo lo demás en nuestras vidas. Y ello implica como dice 2 Tim 2:1, Mat 11:12, 1 Cor 16:13, esfuerzo; actividad enfocada y dirigida, pero actividad; valor, agallas,
Esto es contrario a lo que muchos cristianos solemos hacer cuando estamos enfrentados a circunstancias contrarias: o estamos esperando que otras personas solucionen nuestros problemas, lo que a la largo solo los va a complicar (Jer 17:5-6); o estamos esperando que sea Dios quien nos los solucione (“esperando” en Dios) sin hacer absolutamente nada, o nos acobardamos –la mayor parte de las veces—con la aparente inmensidad de la batalla que habremos de librar para vencer, y nos damos por vencidos sin siquiera comenzar. Cualquiera que sea su origen, esa inmovilidad solo nos evita que entremos en la vida que Dios quiere que entremos.

Hay un caso típico en la Biblia que nos ilustra esa situación, principalmente la derivada de la inmovilidad por cobardía.
En 1 Sam 17 encontramos al pueblo de Israel en campaña militar para conquistar los reinos que sus vecinos y enemigos, que Dios había dicho que se los entregaría para hacer de ellos un reino grande y poderoso, y hasta ese día, así había sido. Dios había estado cumpliendo Su promesa y respaldando a los israelitas en sus batallas contra sus enemigos.
Sin embargo, ese día, cuando se iban a enfrentar con los filisteos, de entre ellos salió un “gigante” como de 3 mts. de estatura, cubierta la cara con un casco de bronce y todo el cuerpo con una armadura también de bronce. Y comenzó a vociferar retando a uno solo de los soldados israelitas que se le enfrentara y determinará el resultado de la batalla.
El ejército israelita, olvidándose de las promesas y el respaldo de Dios, y de Dios mismo que los había librado innumerables veces, se acobardó, y durante 40 días estuvo inmovilizado en todo sentido.

Y lo mismo nos pasa a nosotros muchas veces. Ante los problemas, circunstancias contrarias, retos, etc., a los que nos debemos enfrentar en el curso de la vida, cual modernos Goliats (tipos del mundo, la carne, los problemas, el diablo), nos gritan que son insalvables, que nos van a destruír, que nos van a derrotar y que no nos van a dejar avanzar, y cosas por el estilo, descalificándonos, incitándonos al conformismo y a la inmovilidad.
Y en esos momentos nos transformamos en modernos Moises, que a pesar de que Dios le había dicho que fuera a libertar a los Israelitas de manos del Faraón, y que El lo respaldaría, comenzó a darle a Dios y a sí mismo excusas (Exo 3 y 4), que en resumen, son las mismas que nosotros damos cuando nos enfrentamos a cuestiones que parecen mayores que nosotros mismos: “no soy”, “no puedo”, “no tengo”, “no se”, “no valgo”.
Y nos olvidamos que en Cristo somos nuevas criaturas (2 Cor 5:17), que tenemos una nueva identidad (Jn 1:12), planeados y diseñados para que nos vaya bien en todo (Efe 2.10, 3 Jn 2, Jn 10.10).

No importa cual sea el problema, la circunstancia, la situación, el reto que nos toca resolver. Ya no es el tiempo de las excusas, es el tiempo de la acción, de arrebatar el Reino de los Cielos y establecerlo en su plena dimensión en nosotros mismos y a nuestro alrededor (2 Cor 5.18).
Recordemos que toda circunstancias en un nombre que expresa determinadas características, pero Dios, en Cristo, nos ha dado un Nombre que es sobre todo nombre, ante el cual se dobla toda rodilla en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra (Fil 2:9-11).
Ante el “no soy” que nos acosa, recordemos que somos los hijos y las hijas del Dios viviente (Jn 1:12) y la niña de sus ojos, de tal manera que el que nos reta a nosotros lo está retando a El, el Todopoderoso, el Invencible (Zac 2:8) que nos hace más que vencedores en Cristo (Rom 8:37).
Cuando el que nos acose sea el “no valgo”, necesitamos recordar que valemos la Sangre de Cristo (la más valiosa de todo el universo, por única, especial, divina, no contaminada por el pecado humano), con la cual fuimos comprados y trasladados de la propiedad del diablo a la propiedad de Dios (1 Cor 6:20, 1 Cor 7:23, 1 Ped 1.18-19).
Si lo que nos quiere impedir continuar la batalla y alcanzar la victoria es el “no puedo”, recordemos que en Cristo Jesús todo lo podemos (Fil 4:13), y que fuimos diseñados por Dios para buenas obras que El preparó de antemano para que anduviéramos en ellas (Efe 2:10), y si nos preparó para esas obras, también nos preparó con las habilidades, dones, recursos, etc., que se requiere para hacerlas, lo que implica que si las podemos hacer.
Cuando lo que nos quiere impedir que sigamos adelantes es el argumento de “no tengo”, recordemos que la Palabra de Dios nos enseña que hemos sido bendecidos con toda bendición (habilitación, habilidad, capacidad) espiritual en los lugares celestiales en Cristo (Efe 1:3) y que todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por Su divino poder (2 Ped 1:3) y que tenemos la promesa de Dios, el respaldo de Dios, el poder de Dios (Hch 1:8) y lo mejor, a Dios mismo, que vive en nosotros, lo que es más que suficiente para enfrentar cualquier cosa que esté en contra del propósito de Dios para con nosotros.
Finalmente, cuando el obstáculo es el “no se”, necesitamos recordar que tenemos la mente de Cristo y en nosotros vive el espíritu de sabiduría, de inteligencia, de consejo, de conocimiento (Isa 11:2), que nos enseñará todas las cosas y toda la Verdad (Jn 14:26 , Jn 16:13).
De tal manera que no tenemos excusas.


Mat 11:12 (NVI). Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos ha venido avanzando contra viento y marea, y los que se esfuerzan logran aferrarse a él.
1 Cor 16:13. Velad, estad firmes en la fe; portaos varonilmente, y esforzaos.
2 Tim 2:1. Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús.

25 Ago 2010